jueves, 31 de enero de 2008

Carnaval: máscaras, bailes y juegos


La historia nos cuenta
y de paso recuerda,
que en sociedades antiguas
y ahora en las nuestras,
el carnaval es momento
de diversión plena.

Fiesta de la locura,
alguna vez la llamaron,
cuando la gente bailaba
en un ritual sin pudor,
que contagiaba a todos,
con colores, agua y sudor.

Una fiesta de máscaras,
en la que se ocultaban,
los rostros, los labios,
y te transformabas en otros,
en los que no eran,
o en los que querían ser,
y jugaban un juego de poder,
de adivinanzas, de apuestas,
que buscaban reír,
burlarse de unos,
engañar a otros,
hasta más no poder.

Fiesta pagana
que fue censurada,
buscando evitar
los abusos y excesos,
que el hombre solía buscar,
pero que en público o privado,
como fiesta supo sobrevivir
y hoy en el mundo se extienden
las celebraciones y ritos
que su práctica exige
y su colorido promueve.

Entonces me he puesto a pensar,
hecho de por si peligroso,
por lo que pueda resultar,
que a veces nuestra vida política,
nuestro ejercicio ciudadano,
tiene momentos de un carnaval.

Hay quienes aprovechan,
los momentos perfectos,
para una máscara usar,
para fingir una ilusión,
para engañar y disfrazar,
la realidad que queremos evitar.
Y con su máscara bailan,
por aquí y por allá,
imaginando un carnaval eterno,
que nunca terminará.

Hay otros
que en permanente baile se encuentran,
no importa la pareja,
lo importante es bailar,
y por ello renuncian,
a una ideología de vida,
a una práctica ciudadana,
a una vida pública honesta.
Y con la máscara puesta,
pretenden hacernos creer,
que son grandes bailarines,
que jamás su pareja han cambiado,
y lo que hacen es por convicción,
por amor a la Patria,
y otras mentiras más.

Los hay también de aquellos,
que la música ponen,
para que todos bailemos,
al ritmo que nos imponen,
y nos distraen con luces,
y con mucho licor,
que bebemos a borbotones,
olvidando aquella mano negra,
que mantiene la música
para que nuestros oídos olviden oír,
para que nuestros ojos olviden ver,
para que nuestro estómago olvide comer.

Al final… parece ser
que por momentos la vida,
en carnaval se convierte,
donde lágrimas y risas,
conviven juntas y se divierten.
Aquello no es malo,
si de un juego se tratase,
un juego temporal,
con principio y fin.
Lo perverso es lo otro,
cuando se juega con la inocencia,
con la esperanza,
con la alegría e ilusión,
de quienes creen
que en un juego no están,
de quienes esperan
que la música y la alegría,
duren toda la vida.

Lo perverso es cuando,
la música ha callado,
las máscaras han caído,
y nos encontramos,
los verdaderos rostros,
que antes habíamos conocido:
la mentira, el engaño,
la burla y el sarcasmo,
de quienes desde perdidos tiempos,
solo las máscaras usan,
para engañar a su prójimo,
haciéndolo partícipe
de su personal carnaval.

Lo perverso es no saber,
cuándo ese carnaval es mentira,
y cuando es realidad…

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