jueves, 13 de junio de 2013

Orfandad paterna

Procuremos más ser padres de nuestro porvenir,
que hijos de nuestro pasado

Cuenta la tradición,
y también la historia
de una figura importante,
de un elemento determinante
para la libertad de la conciencia,
del pensamiento y la acción:
los Padres de la Patria,
¡qué dignidad tan grande!,
que se concedió a quienes,
rompieron las cadenas de la opresión
de la ignorancia y la ignominia
y liberaron las mentes y corazones
de ciudadanos de los que se esperaba
responsabilidad y trabajo
para construir la nueva vida.

Nos recuerda también la historia
que con el tiempo,
aquel apelativo,
aquel calificativo
se trasladó a la figura
por hoy conocida
como diputado,
parlamentario o asambleísta.
Son estos representantes,
a los que se llama padres,
padres de la patria,
todos, responsables,
de construir una legislación
de beneficio común,
de interés de todos,
de cuidado del ambiente
y también del ser humano.

Son, o al menos deberían ser,
custodios de la fiscalización,
entendida ésta como el derecho soberano
de exigir rendición de cuentas
a los que ejercen el poder.
Son, o al menos deberían ser,
los jueces naturales
que investigan y denuncian
la corrupción del poder.

Según la historia,
según la costumbre
y según la tradición,
los padres de la Patria,
velan por todos sus hijos,
no importa su edad, su sexo,
su condición social,
es más,
no importa su creencia política,
religiosa o su pensamiento de la vida,
no importa si tienen dinero,
si tienen trabajo,
o si no tienen nada de nada,
el padre está ahí para velar,
para cuidar,
para proteger,
para acompañar,
para impulsar.

Cuando esos padres fallan,
cuando esos padres abusan,
cuando los padres de la patria,
olvidan lo que son,
y actúan por un interés mezquino,
por una disposición sin sentido,
por un falso espíritu de cuerpo,
que oculta la voluntad siniestra
del poder por el poder.
Cuando esos padres,
abusando de su condición,
allanan el camino para construir
la prisión de las libertades ciudadanas,
sus hijos,
aquellos que por ellos votaron,
y aquellos que no lo hicieron,
pero que viven en el mismo cielo,
se convierten en huérfanos,
porque se respira en el aire
algo parecido
al olor podrido
de la mala intensión disfrazada
de palabra, de discursos,
de referencias a la democracia.

Orfandad paterna,
cuando los padres de la patria,
hipotecan el futuro de sus hijos,
fingiendo vivir

la fiesta de la democracia.

jueves, 6 de junio de 2013

Esta ciudad

Hacer el retrato de una ciudad es el trabajo de una vida y ninguna foto es suficiente, porque la ciudad está cambiando siempre. Todo lo que hay en la ciudad es parte de su historia: su cuerpo físico de ladrillo, piedra, acero, vidrio, madera, como su sangre vital de hombres y mujeres que viven y respiran. Las calles, los paisajes, la tragedia, la comedia, la pobreza, la riqueza.
Berenice Abbott

Esta ciudad,
donde crecí y viví,
aquella infancia
que pintó mi corazón
de colores y pasión
por las cosas buenas
por las cosas bellas,
por las cosas sencillas
que miraba en la ciudad,
que sentía en la ciudad.

Esta ciudad,
que miró nacer
que acogió en su seno
a mujeres y hombres
que han hecho historia
y que lo seguirán haciendo,
porque inspirados en su gloria
en aquella tierra mas linda de la tierra
la quieren, porque inspira
los sentimientos más profundos
por una vida,
por un mejor mundo.

Esta ciudad,
con su gente,
con sus paisajes,
con sus costumbres,
con su historia,
con sus calles,
con su vida diaria,
que evoca siempre
la sencillez de la vida,
la profundidad de la amistad,
la ternura de la familia.

Esta ciudad, si,
esta ciudad,
así de bella,
también está olvidada,
descuidada y desprotegida,
porque quienes recibieron
el mandato de un pueblo
que confió en ellos
la responsabilidad de cuidad,
de trabajar por la ciudad,
parece que lo olvidaron,
parece que dejaron de lado,
su promesa de trabajar
por el bien de la ciudad.
Esta ciudad se enfrenta,
al caos y al desorden,
al vendedor de la calle,
que sin organización alguna
que sin control y sin educación,
contribuye a todo
menos al orden y al trabajo digno.

Esta ciudad se enfrenta,
al la incapacidad de la autoridad
que nada o poco hace
por cuidar las calles,
las aceras, las avenidas,
los espacios verdes,
las obras públicas,
la salubridad,
la imagen de la ciudad.

Y lo que más duele,
es que….
esta ciudad, mira con tristeza
que sus hijos callan,
que sus hijos reclaman,
pero no de manera unida,
no de forma frontal,
ante aquella autoridad
que nada hizo y nada hará.

Si los hijos de esta ciudad,
no la hacen respetar,
poca esperanza podremos albergar,
poco futuro nos espera,
poco horizonte en el camino,
porque no basta
el recordar la historia,
de la ciudad del pasado,
de los hombres y mujeres
que la hicieron grande,
sino recordamos
que hay un presente
y un futuro
que debemos construir juntos
y no unos pocos
autollamados elegidos
que nada han hecho,
y nada harán.

Esta ciudad necesita de nosotros,
de todos,
pero no sentados,
no quejándose,
sino trabajando
y ejerciendo una ciudadanía responsable,

solidaria y trabajadora.

jueves, 23 de mayo de 2013

¿Qué democracia quieres?


No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo.
Henri-Frédéric Amiel

Hoy hace muchos años,
según cuenta la historia,
en un famoso lugar nacional,
se enfrentaban libertadores
contra opresores.
Aquellos que buscaban libertar,
y los otros,
que querían libertad,
pero para hacer lo que les daba la gana.

Cuenta también la historia,
que los libertadores triunfaron,
que liberaron del yugo conquistador,
a quienes necesitaban del libertad
para construir la nueva patria.

Después de tantos años,
esa lucha sigue igual,
quizá con diferencias,
porque las hay, y las debe de haber,
pero quizá,
con las mismas aspiraciones:
democracia y libertad,
igualdad y fraternidad,
justicia y equidad.

Son años,
de intentar construir
un concepto de democracia
que es a la vez,
un concepto de dignidad,
de compartir entre todos
los bueno y lo malo,
de entendernos y tolerarnos
en la diversidad de la cultura,
del pensamiento,
de las creencia,
de la práctica,
de la convivencia.

Son años,
y años y años,
en los que a pesar de la aspiración,
todo parece frustración,
porque los delegados para gobernar,
de a poco pierden dirección
y piensan que son divinidad.

Son años de mirar,
este modelo de democracia en particular,
donde pocos son los llamados,
y escasos los escogidos,
el resto,
lo que queda,
es lo que llaman pueblo,
o a los que tienes que gobernar.
Aquellos que olvidan
que el poder
no está en el cargo,
o en la dignidad temporal.
Olvidan que el poder
es una suma de la corresponsabilidad de todos,
del esfuerzo colectivo,
del pensamiento inclusivo.

Hoy,
que la historia recuerda
una gesta por la libertad.
Hoy,
que escucharemos palabras,
discursos, promesas… amenazas
por una patria mejor,
hoy es cuando menos seguro me encuentro,
de si este es el camino,
de si esta es la forma,
de si estos son los medios,
de si esto es democracia.

Hoy,
tras largos caminos
de la vida de la república,
tras recordar siempre
las batallas,
las guerras,
las discusiones por la libertad…
es cuando pienso que debemos
analizar si hay libertad sincera,
sin hay democracia plena,
sin hay distribución de la riqueza,
si hay corresponsabilidad ciudadana,
si esto es la voluntad de pueblo
o es cualquier cosa,
menos: democracia.

viernes, 17 de mayo de 2013

Nueva asamblea


No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo.
Henri-Frédéric Amiel

En épocas de revolución,
se inaugura una nueva asamblea,
lista para legislar,
lista para cumplir su misión:
¿cuál es ella?... ¿la misión que cumplirá?.
La teoría dice que las asambleas,
los parlamentos,
son los espacios de representación del pueblo,
donde los legisladores,
o los asambleístas,
asisten por mandato de su pueblo,
para diseñar e implementar nuevas leyes,
para vigilar la labor del gobierno,
y de las instituciones de servicio público,
para debatir nuevas ideas,
o formas de organización del estado,
para institucionalizar un proyecto de país,
que va más allá del simple discurso,
del interés personal o de partido,
para preguntar al gobierno
cuando se debe preguntar;
para interpelar al gobierno,
cuando se debe interpelar.
Esta nueva asamblea,
es especial,
no necesita de votos extra,
no necesita de pactos,
no necesita de promesas
para poder gobernar.
Se basta sola,
porque está en mayoría absoluta,
porque así lo decidieron los electores.
Decidieron que una mayoría
legisle sin control alguno.
Decidieron entregar
total confianza,
poder total,
a los asambleístas.

Entonces,
no queda más que esperar,
escuchar, analizar,
valorar, pesar,
todo lo que la nueva asamblea haga,
con poder y mayoría totales.
Vendrán las leyes,
vendrán los disposiciones,
vendrán las actuaciones,
vendrán las verdades,
llegarán los momentos
en los que que el asambleísta
deberá actuar como tal,
y en ese momento,
en ese preciso momento
valoraremos si nuestro voto tiene peso,
tiene valides y respeto…
o fue solamente el momento,
aquel de campaña
para pedir el voto
y llegar al poder,
para servirse de él.

Una nueva asamblea
de mayoría absoluta,
yo diría de responsabilidad absoluta,
porque no habrá nadie
que frene sus actuaciones,
o quizá si:
la ética, las buenas costumbres,
la moral, el respeto, la tolerancia,
la libertad… ellos,
si los asambleístas los permiten,
serán el fundamento de sus actuaciones,
caso contario
tendremos entonces
solamente imposiciones,
y despropósitos por montones.

jueves, 9 de mayo de 2013

Sobre la prudencia


El hombre cauto jamás deplora el mal presente;
emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras.
William Shakespeare

Cuánta prudencia hace falta,
hoy en nuestros días,
en nuestras autoridades,
en nuestros mandatarios,
en los propios electores,
en los ciudadanos.
Es como si de pronto,
ser prudentes sería malo,
una señal, una muestra de debilidad.

El político,
el hombre público,
ha dejado de ser prudente,
tanto en el actuar,
como en el hablar.
Cuida poco las formas,
cuida poco los modales,
importa una actitud impositiva,
una actitud temeraria.
Habla de libertad,
pero olvida qué es,
y por tanto la limita
o la extermina.
Decide que la libertad no es necesaria,
que es un sinsentido de la vida,
el político en el poder
decide poco a poco con el tiempo,
sin prudencia de ninguna clase,
lo que las personas deben hacer,
decir, actuar, callar… pensar.

Decide qué relaciones,
con quien debe llevarse el país
y con quién no,
no importa lo que piensen los electores.
Decide cómo tratar a los ciudadanos,
a los opositores y también a quien le sirve.

Sin la prudencia,
la clase en el poder,
puede llegar a tener
ideales adecuados,
pero es incapaz de vivir
de acuerdo a ellos
y por tanto,
los privilegios que ellos combatían
cuanto pedían el voto
son mayores,
son ilimitados,
son silenciosos,
son con el dinero de todos.

Sin prudencia,
olvidamos los argumentos,
para reflexionar y opinar,
para estudiar y hablar,
para razonar y actuar,
porque hemos olvidado,
que somos seres humanos,
con derechos y deberes.
Porque olvidamos también,
que no podemos seguir
el mal ejemplo del imprudente
y remedarlo a él
en sus faltas de prudencia,
es su equivocada manera de ser.

La falta de prudencia,
se produce por sobredosis de soberbia,
porque se creen
que nadie los puede juzgar,
criticar o cuestionar.
La falta de prudencia
en la vida política,
es resultado además,
del detrimento y descrédito
de aquello que algunos llaman valores
y no son otra cosa
que lo que necesitamos
para que nuestro espíritu viva,
para tener esperanza,
para trabajar por el prójimo,
para soñar en un mañana,
para olvidar las diferencias de clases,
y convivir en la diversidad.

La ausencia de prudencia,
provocará con el tiempo
que las bases
sobre las que se asienta el poder
se carcoman y hundan
porque no habrá nada
que pueda detener
lo que la prudencia
pudo proteger.