jueves, 18 de diciembre de 2014

Que los buenos deseos sobrevivan. Cartas a Santiago, mi hijo


En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.
Khalil Gibran

Hijo mío:
Es tiempo de Navidad,
los mejores deseos,
los regalos,
las cenas,
las reuniones,
las promociones,
los ofrecimientos,
las promesas,
las ilusiones.

Te abrazan,
te felicitan,
te desean lo mejor del mundo.
Las frases bonitas,
se ponen de moda,
las tarjetas y las reuniones,
en fin,
el espíritu festivo
se toma los lugares y momentos,
adultos, jóvenes y niños,
expresan sus buenos deseos.
Yo quisiera hijo mío,
que ese buen deseo,
no se diluya en el tiempo,
que esas promesas,
se conviertan en realidades,
que esos abrazos sean sinceros,
que esos deseos de bienestar,
se transformen en buenas maneras de actuar.

Yo quisiera hijo mío,
que los buenos deseos sobrevivan,
durante todo el año,
durante toda la vida,
porque esa es la manera
de cambiar el mundo,
de cambiar a la gente,
de cambiar el corazón humano,
de hacernos más sencillos,
más solidarios,
más humanos.

No quisiera hijo mío,
que los buenos deseos,
sean solamente eso,
deseos que se los lleva el viento,
y al siguiente día,
olvidamos al prójimo,
olvidamos ser solidarios,
respetuosos y humanos.

Yo quisiera hijo mío,
que los buenos deseos,
sean parte de la vida,
que nos signifiquen respeto,
que nos signifiquen amor.
Que jamás hagamos daño a nadie,
que respetemos su verdadera condición.

Quizá te digan que mis deseos,
no tienen mayor fundamento,
que eso no hay que pedir,
que eso se sobreentiende.
Pero, créeme hijo mío,
conforme me pasa el tiempo,
conforme pasan mis días,
aún veo en la vida,
personas que no respetan,
personas que violentan,
personas que hacen daño,
personas que provocan llanto,
personas que hacen sufrir sin que sea necesario.

Que los buenos deseos,
se queden a vivir,
en tu corazón hijo mío,
que te convenzas de ellos,
y luego,
que los hagas vida,
que sean parte de tu vida,
solamente así,
podrás abrazar y dar felicidad.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Un beso

Un beso es todo,
y es nada a la vez.
Un beso de la mujer amada,
es la vida entregada.

Un beso de traición,
es una maldición.

Pero,
pero tus besos,
son los de una princesa,
qué transforma la realidad,
con sus labios rojos,
con su corazón de oro,
con su pasión por lo absoluto,
por su vida que amo,
por su futuro que extraño.

Un beso si,
ese que espero para vivir.

Es un ángel

Es un ángel,
caído del cielo,
que llegó a mis brazos,
como si fuera un deseo.

Deseo pedido a una estrella,
de aquellos cuerpos celestes,
que te conceden todo...
si verdad crees.

Es un ángel,
que habita en mi ser,
me alegra la vida!
que está conmigo,
en las penas y en las alegrías.

Es seguro,
el ser más maravilloso de la tierra,
aquel con el que quisiera vivir,
aquel en cuyos brazos quisiera morir,
aquel que sobre todo,
diera la vida para que sea feliz.

jueves, 4 de diciembre de 2014

El miedo como forma de gobierno

No temas ni a la prisión, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo.
Giacomo Leopardi

La democracia debe ser, sin duda,
la expresión -sin contraposición-
de la vivencia de los derechos humanos,
y de la cultura de paz.

Vivir en un régimen democrático,
debería ser, sin duda alguna,
garantía natural de respeto a los derechos humanos,
al librepensamiento,
a la libertad absoluta de conciencia,
a la tolerancia como forma de convivencia.

Vivir en democracia,
debería significar, sin duda,
que las minorías existen cómo reconocimiento
de la diversidad social y cultural,
y que no son resultado
de un ejercicio del poder
inequitativo y excluyente.

Vivir en democracia,
debería ser vivir,
con la libertad para hablar,
para preguntar al poder,
por el destino, uso y fin,
del dinero y los bienes públicos.

Vivir en democracia,
debería ser, tener la capacidad,
de juzgar las cuentas del poder en el poder.
Dónde está el dinero público,
cómo se lo gasta,
en qué se lo gasta.

Vivir en democracia,
es sin duda,
una clara, evidente y comprobada
división de poderes del Estado.
Donde el Legislativo, el Ejecutivo
y el Judicial, trabajan por el bien común,
desde la independencia de su naturaleza.

La democracia es por tanto,
un ejercicio colectivo,
complejo y equilibrado,
de gobierno de una sociedad,
entendido gobierno como servicio,
como desprendimiento de lo personal,
como el "colectivo diverso", como prioridad.
Debería ser prohibido,
en una verdadera democracia,
publicitar la obra pública,
como si el dinero provendría
del partido de gobierno.
Lo que se hace con dinero público,
viene de la sociedad,
y así debe decirse.
Y decirse bien,
a través de medio públicos y privados,
jamás a través de medios de gobierno,
que deben ser canales de información
y no de comunicación.

Vivir en democracia,
es sentir libertad y tranquilidad para actuar,
y no miedo.
Miedo del funcionario público,
de perder el puesto, sino cumple,
la disposición del gobierno,
así atente contra la libertad del pueblo.

Miedo del ciudadano para hablar,
para decir, para opinar,
porque hablar podría significar
perder la libertad.

Miedo del ciudadano,
para participar en la vida política,
porque el poder en el poder,
se encarga de limitar
el libre acceso a la elección popular.
Porque el poder en el poder,
tiene tomado por asalto,
mediante la corrupción
el ejercicio sano del servicio público.

Cuando el miedo,
es la forma de gobierno,
no crean nunca
que viven en democracia.
Para vivir en ella -en democracia-,
primero debemos preguntar en nuestro interior,
sin no hay miedo, nos debemos felicitar.
Por el contrario,
si la respuesta es el miedo,
o no tenemos respuesta,
hay probabilidades altas,
de vivir el miedo,

como forma de gobierno.

Reflexiones… en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

El hombre nació en la barbarie, cuando matar a su semejante era una condición normal de la existencia. Se le otorgo una conciencia. Y ahora ha llegado el día en que la violencia hacia otro ser humano debe volverse tan aborrecible como comer la carne de otro.
Martin Luther King
Oculta en el silencio de su víctima,
creciendo en el corazón del agresor,
se encuentra y vive la violencia,
cubierta con el manto de la impunidad,

Las cifras son decidoras,
y nos hacen saber,
que las cosas no van bien,
si seis de cada diez mujeres,
sufren algún tipo de violencia,
en esta ciudad y en esta provincia.

En el mundo entero es peor:
siete de cada diez.
Y, hay países en los que
una de cada tres mujeres,
sufre algún tipo de violencia en su vida.

Y es que la violencia crece,
en la medida en la que se mantienen,
o se incrementan las condiciones sociales
que permiten su crecimiento,
mientras exista en la cultura de la gente
creencias o pensamientos
que se allanan a la violencia.

Hay muchas variantes de ella,
de la violencia,
una de ellas: la violencia de pareja,
cuando el maltrato,
cuando el daño proviene
de la persona que tenemos al lado,
de la persona con la que compartimos la vida,
de la persona que dice amarnos o querernos.
La violencia de pareja,
es una violencia silenciosa,
el agresor ataca,
en la soledad de la casa,
en la impunidad de la soledad.
Empieza de a poco,
con una violencia poco intensa,
pero con el tiempo,
aquella misma violencia
puede terminar en muerte,
en daños permanentes,
no solamente al cuerpo,
sino y sobre todo a la mente.
Es una violencia que no respeta
el cuerpo ni la mente,
de la persona agredida.

Esa violencia de pareja,
se extiende a los hijos,
primero víctimas colaterales,
y luego víctimas directas,
que sufren el maltrato
del agresor desagraciado,
que vive de y para la violencia.

Otras violencias se encuentran
en el imaginario colectivo,
en una cultura alimentada
por la falta de educación,
por la falta de reflexión,
por el sentimiento
a dogmas y paradigmas inhumanos:
la mujer como imagen del servicio doméstico,
como objeto sexual,
como responsable única de la educación de los hijos,
como ejemplo único de fidelidad,
como imagen de debilidad.

En otros países,
en otras latitudes,
la violencia hacia la mujer no tiene límites:
cubiertas su cuerpo con telas y mantas,
para no ser vistas de ninguna forma,
o mutiladas sus partes íntimas,
para controlar su deseo sexual,
o sometidas a una labor de esclavas,
o venidas como mercancía barata.
Hablamos del hoy,
del mundo moderno y desarrollado,
que avanza en tecnología
e involuciona en derechos humanos.

Hablamos de la violencia,
que entra por la puerta,
sin ser invitada,
y se queda a vivir,
y alimentarse de miserias humanas.


jueves, 20 de noviembre de 2014

La democracia que debemos construir

La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo.
(Montesquieu)

Va quedando claro, -eso espero-
entre diálogos y reflexiones,
entre análisis y discusiones,
que no podemos reducir
el concepto de democracia,
al simple hecho de votar por alguien
o por varios,
en unas determinadas elecciones.
No es un asunto de elección,
-solamente-.

No me queda claro,
si todos llegamos a entender
que democracia
no es aquella forma de gobierno
en la cual el poder
hace y deshace de la vida de los ciudadanos,
con dinero público
y con el argumento
de que ha sido elegido
para gobernar,
y que bajo ese pretexto,
tiene la libertad
de hacer y deshacer,
sin pensar en los demás.

La democracia que debemos construir,
debe ser un ejercicio irrestricto
de respeto a los derechos humanos,
a las libertades
a la tolerancia.

La democracia que debemos construir,
debe ser un ejercicio de servicio,
a todos por igual,
a las mayorías y a las minorías,
a los del partido de gobierno,
a los del partido de oposición,
y a los que no tienen partido
o no lo quieren tener.

La democracia que debemos construir,
debe ser un ejercicio de reparto equitativo
de los fondos públicos;
un ejercicio de uso responsable
de los fondos públicos;
y una evaluación seria
del uso de esos fondos.

La democracia que debemos construir,
debe ser un ejercicio de responsabilidad ciudadana.
Debe ser un acompañamiento ciudadano
al ejercicio del poder en el poder.

No hay democracia,
sin unos ciudadanos comprometidos,
activamente con la construcción
de una sociedad para todos,
de una sociedad donde la cultura de paz
sea el horizonte compartido.

La democracia que debemos construir,
debe ser capaz de instaurar
la práctica diaria de la justicia social.
Donde la igualdad ante la ley,
no sea solamente un enunciado,
sino una verdad comprobada.
Donde mayorías y minorías
accedan a servicios públicos de calidad,
disfruten de un estado de bienestar,
y sean parte integral de una sociedad,
que tiene su fuerza en la tolerancia en la diversidad
y en el respeto a la identidad.

La democracia que debemos construir,
aún está lejos.
Lo importante no es perder el horizonte,
lo importante es saber que caminamos hacia ella,
a pesar de las dificultades,
a pesar de las diferencias,
a pesar de los conflictos,
caminamos hacia una verdadera democracia.
O, al menos,
ese debería ser nuestro camino
y nuestro anhelo.

De lo contrario,
seremos parte,
de la democracia que construye el poder en el poder:
intolerante,
deshumanizada,
corrompida,
amenazante,
y despiadada.

No lo olvidemos,
es nuestro deber decidir,
la democracia que queremos.