Sigo vivo, sigo atento
y observando con el tiempo
esta extraña enfermedad inclasificada
que te afecta muy deprisa,
que te quita la sonrisa,
Cuyo síntoma es que ya
no importa nada
Fito Páez
No siempre,
las celebraciones,
las fechas especiales,
esta vorágine
por compartir la mesa,
intercambiar regalos
y desear felicidad
por todos lados,
es algo que toque las puertas
de todos juntos, a la vez.
En medio de tantas caras,
incluso en medio
de tantas sonrisas,
y de conversaciones triviales,
se encuentran aquellos
cuyo grado de melancolía
supera los límites
de lo que podríamos llamar
salud mental.
Aquellos,
en cuyo corazón
habita un desesperanzado vacío.
Aquellos,
que decidieron eliminar
de su vocabulario
la palabra futuro.
Aquellos,
que conviven
con un cansancio creciente
y un insomnio presente.
Aquellos,
que perdieron la fuerza,
para ser lo que fueron
y lo que soñaron ser.
Aquellos que sienten,
que ya pasó el tren,
y que se quedaron varados
en una estación
a la espera de la nada,
acompañados de la tristeza
y de una eterna indecisión.
Aquellos que viven
la dolorosa realidad de la depresión.
Aquellos que traspasaron
los límites de la melancolía.
Y, no todos aquellos,
saben lo que en realidad les pasa,
ni ellos, ni los que los acompañan.
Por ello,
quizá debamos estar atentos,
a estos hechos,
pues podrían estar
más cerca de lo que creemos.
Si vives,
más allá de la melancolía,
o sabes de alguien
que habite allí,
busca ayuda,
ofrece ayuda,
pues todos la necesitamos.
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