El regalo de la felicidad
pertenece a quien lo desenvuelve
Anónimo
¿Pediste,
deseaste, quisiste
algún regalo?
¿Llegó en la forma,
en el tono, en el tamaño soñado?
¿Es algo material
o algo espiritual?
¿Es una sorpresa,
un deseo, un compromiso,
una obligación?
Los regalos llegan,
o no.
Cuando llegan,
pueden cumplir,
o no,
lo que de ellos esperábamos.
Pueden hacernos felices,
o hacernos desear otros,
más regalos.
Los regalos,
cuando no llegan,
se transforman
en frustraste sensación,
de vacío y decepción.
Hay algunos regalos,
unos, por decirlo de alguna manera,
ocultos, discretos,
y a la vez
tan profundos y completos,
que pueden llenar la vida,
de tal forma y sentido,
que descubrirás
lo sencillamente complejo
que es su contenido.
Son regalos,
que suelen llegar,
en un formato de rompecabezas,
pues sus piezas y componentes,
deben ser descubiertos
para que puedan encajar
en cada persona,
en cada corazón.
Son regalos
que te hacen,
o te haces,
que no tienen precio,
pues son
de valor incalculable.
Son regalos
con nombres raros
(para ser llamados regalos):
escucha, amor, paciencia,
comprensión, dignidad, paz,
tolerancia, hábito, buena fe,
disciplina, esfuerzo, prudencia,
respeto, amor propio, tiempo,
pudor, inocencia, perseverancia,
perdón, olvido, reconciliación.
Hay muchos más,
Lo que pasa,
es que suelen pasar
un tanto desapercibidos,
porque están envueltos,
en una suerte de envoltura compleja,
llamada vida.
El reto:
aprender a identificarlos,
desenvolverlos y disfrutarlos.
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