jueves, 21 de agosto de 2014

Lejana libertad

No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna.
Mahatma Gandhi

Es difícil distinguir la libertad,
cuando se la disfraza de promesas baratas,
cuando nos acostumbramos,
-de a poco-
que el poder es quien regala la libertad,
que el poder es quien permite la libertad,
que el poder es quien legisla sobre la libertad,
que el poder es el único libre,
y que nosotros lo seremos
en la medida de que el poder lo quiera.

Es verdad,
hemos hecho, por muchos años,
un uso inadecuado de la libertad,
pero ¿es ese el justificativo
para que el poder decida
cada día,
cada minuto el día,
regular y limitar la libertad de nuestros días?.

¿Por qué permitimos al poder
que limite las libertades
que como seres humanos tenemos?
¿Qué patente de Corso,
tiene el poder en el poder
para decidir lo que debemos hacer?.

Si reflexionas con tranquilidad,
si miras el pasado,
el trayecto caminado,
podrás observar al poder
llegar a su destino
gracias a nuestro apoyo y nuestro voto.

Una vez sentado en el trono
el poder cambia de tono,
ya no es aquel tono conciliador,
es más bien un tono autoritario
déspota, violento y malcriado
que decide cambiar la historia,
y escribir de nuevo
lo que debemos repetir
para ser considerados
hijos del poder y su gobierno.

Una vez sentado en el trono
el poder asesina a la democracia,
y en una suerte de acto de magia
convierte la democracia en un fascismo disfrazado.
Ya no hay poderes del Estado,
porque los poderes se han fusionado.
Ya nadie piensa,
porque solamente el poder,
es el pensamiento al que hay que obedecer.
Ya no hay cuentas que dar,
porque el poder es omnímodo,
porque no se responsabiliza de sus actos,
porque el poder absoluto
ya no piensa en el futuro
vive un presente falso,
impone una cultura del odio,
ejercer una política de violencia,
coarta de a poco las libertades,
los derechos civiles,
los derechos colectivos.

Lejana es la libertad,
cuando entregamos al poder en el poder,
el dominio de nuestra vida,
de nuestros ahorros,
de nuestros dineros,
de nuestros estudios,
de nuestro esfuerzo de toda la vida.

Lejana es la libertad,
cuando llegamos a pensar,
que la ilógica del poder en el poder,
tiene lógica,
y que las migajas que nos regala
convertidas en puestos inestables de trabajo,
en pomposas obras civiles sin sustento,
en instituciones e instituciones inservibles,
en leyes y normativas ilegales e inconsultas,
están bien,
y no hay nada que hacer,
que quizá llegue otro y lo arregle,
y mientras a nosotros no nos afecte,
que el poder se lleve
todo lo que pueda,
todo lo que quiera.
Lo peor de todo,
es que nos llegamos a convencer
de que en medio de tanta corrupción,
un acto de corrupción más
no importa.

Lejana es la libertad,
cuando sus ciudadanos,
han entregado todo el poder al poder,
y han decidido callar,
porque el silencio,
según ellos,

es el mejor estado.