jueves, 4 de diciembre de 2008

Sobre la democracia, Cartas a Santiago, mi hijo



No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo.
Henry Frédéric Amiel


Hijo mío,
vivimos –se dice-
en tiempos de democracia,
y se argumenta,
por doquier,
que son épocas de libertades,
de posibilidades liberales,
de escoger nuestros caminos,
de decidir el futuro,
de controlar nuestros destinos.

Escucharás entonces,
que todo es voluntad de pueblo,
que todo lo hemos elegido,
que todo lo hemos decidido,
que nada tienen que ver
quienes están en el poder,
pues son los ejecutores
de lo que deciden sus electores.

Escucharás y espero
no te llegues a convencer,
que esto, a lo que democracia
hemos llegado a llamar,
es el verdadero ideal,
el sueño por el que
debemos todos luchar.

Un sueño,
que no me deja dormir,
que en pesadilla se convierte
cada vez que miro
nuestra pasada y presente suerte,
que protegida por el manto
de la democracia sin llanto
nos ha sumido y nos sume
en un letargo amargo,
permanente consorte
de un destino cruel
que destruye el anhelo
de ser y de una buena vez,
personas cobijadas
por un mismo cielo.

No sé si hay democracia,
cuando la violencia
en sus formas y disfraces
clava sus garras y sus fauces
es las venas de los pueblos
sumidos en la ignorancia,
hipnotizados por un populismo
aberrante y osado
que construye dioses de barro
y caudillos mediáticos
que reclaman para ellos
la propiedad de la verdad,
la exclusividad de la palabra,
y el camino a la eternidad.

Un populismo barato,
disfrazado de democracia,
cien por cien avalado
por un imperio mundial
que ha sembrado el terror
la miseria y el hambre popular,
que ha incentivado la muerte,
la matanza y la venganza,
y que se pregunta ahora,
¿por qué estos cuervos,
intentan sacarle los ojos?.

No sé si hay democracia,
hijo mío,
si a quienes delegamos el poder,
interpretan “a su aire”,
lo que la justicia debe ser.
Que interesa más la foto,
la polémica del día,
el deseo mal sano de
que solo unos pueden hacerlo
y que el trabajo de los otros,
de los que piensa diferente
no sirve para nada y para nadie.

Es verdad hijo mío,
la democracia,
es un concepto positivo,
significa igualdad,
de derechos y deberes,
proclama la libertad,
de pensamiento y obra,
fomenta la fraternidad,
entre mujeres y hombres,
sin distinción alguna,
nos lo recuerda Juárez,
cuando nos dice:
la democracia es
el destino de la humanidad;
la libertad su brazo indestructible.
Esa es la democracia que quiero,
para ti y para todos,
que no nos engañen
y nos digan que lo “otro”
es también democracia,
abre tu mente y corazón,
¡que permanezcan despiertos!,
para ver la democracia
y sentir sus sentimientos.

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