Con miedo,
con mucho miedo,
pero si lo sientes,
hazlo.
Dalo todo,
que no te quede nada.
Que tu corazón te agradezca,
el ser como eres,
con todos tus matices y colores.
Hay presencias,
que son conversaciones eternas.
Hay ausencias,
que son eternos recuerdos.
Hay recuerdos,
que son parte de toda
o de una parte de la vida.
Los miembros de esta generación tendremos que lamentarnos no solo por las palabras y los actos odiosos de las malas personas, sino por los clamorosos silencios de las buenas
Ken Follett
La violencia tiene muchas caras,
muchas formas y prácticas.
En muchos de los casos,
es parte de lo que somos,
de lo que pensamos,
de cómo nos comportamos.
Es muy preocupante
observar que la falta de respeto
a normas básicas de convivencia,
es parte ya del día a día,
ni se diga de la falta de respeto
a la persona y a su dignidad.
Lo damos por hecho,
decimos que es una realidad,
lo asumimos y nos convencemos
de que ante ello
no hay nada que hacer.
Aquellas pautas de urbanidad,
de buenas costumbres,
han dejado de estar,
en la forma y en el actuar
de una buena parte de la humanidad.
En algunos casos,
hasta se desconocen,
porque se dejaron de practicar
y sin conocimiento
se pierde la conciencia
de su necesidad, de su importancia,
y de lo fundamental que resultan,
para una convivencia,
no sin conflictos,
pero sin violencia ¡seguro!
La cultura de la legalidad,
es la gran víctima de la anomia,
de este fenómeno que nos convierte
en sociedades cómodas,
mientras no nos afecten los problemas,
o mientras nos beneficiamos
-de algo-
así no se beneficien otros.
La anomia,
nos convierte, en silencio,
y de forma constante,
en sociedades conformistas,
indiferentes, ignorantes
(con tanta información
y con tan poca o ninguna reflexión),
endebles, miedosas
y al final mediocres.
Al final,
el único final es
el que nos escriben otros,
es lo que deciden otros,
es lo que pronostican,
predicen y apuestan
los que estan en el poder del poder.
Al final,
nos llegamos a convencer,
de que no hay nada que hacer
y que lo mejor será
ser parte del todo,
que en principio criticábamos
y rechazábamos,
pero que hoy nos parece
que es lo que cabe hacer.
Al final,
la ecuanimidad inteligente,
el sentido común, la esperanza,
la inspiración, la buena fe
y las buenas costumbres,
dejan de ser necesarias,
dejan de importar,
cuando en realidad
son las más importantes
y son el camino para dejar atrás
a esta anomia que nos agobia.
Cualquier camino sirve,
a quien no sabe a dónde va.
Cualquier palabra vale,
para quien no sabe pensar.
Siempre me sorprende,
y por qué no, me duele,
cuando la ignorancia se suma
a la ausencia de sentido común.
Incapaz de luchar contra tanto pasado,
abrió los ojos y se enderezó
Julio Cortázar
Esta semana,
asistí a una ceremonia,
en la que personas
que habían cumplido
la sentencia que recibieron
en su momento,
por haber cometido un delito.
En dicha ceremonia
en lugar de una sentencia
recibieron un certificado
que acreditaba su formación
en habilidades para un nuevo comienzo.
Varias instituciones
y personas unieron
voluntades y acciones,
y sumaron esfuerzos
para este nuevo comienzo.
En un país,
en una sociedad,
cada vez más desconfiada
y despechada,
en la que poco o nada
se cree en las personas,
peor en aquellas
que han sido sentenciadas
y han pasado un tiempo,
corto o largo,
en una cárcel,
asistir a ese evento,
me dejó un sentimiento,
o varios al respecto.
No llegamos a dimensionar,
el efecto multiplicador,
de las voluntades
cuando deciden trabajar
por un objetivo común,
por el prójimo,
por el más débil,
por el que más lo necesita.
Que jamás,
la gente común,
en lugares comunes,
deje de hacer
obras maravillosas
que transforman
a las personas y a la sociedad.
Lo segundo,
es el tema del nuevo comienzo.
Aunque nadie puede volver atrás,
y regresar en el tiempo
quien se propone,
con el apoyo necesario,
puede comenzar,
a partir de su voluntad
la construcción de un nuevo final,
que es a su vez,
un nuevo comienzo.
Ello requiere
de mucho valor,
templanza, voluntad y tolerancia,
pues los dedos que apuntan,
y los prejuicios que juzgan
nos acompañarán
hasta el final de los tiempos.
A pesar ello,
bienvenido siempre,
un nuevo comienzo,
y gracias eternas
a las manos y a los corazones voluntarios,
que creen a pesar de los pesares
y que nos permiten
empezar de nuevo.
Dar paso en tu vida
a la constancia y a la disciplina
hará que ellas,
en el momento preciso,
de la mano te lleven
a que vivas la experiencia
de poder construir
tus sueños y anhelos,
y que no te detengas.
No nos preguntemos,
si volveremos algún día.
Vivamos este día,
como el primero,
como el último,
como el más salvaje
de nuestras vidas.
Por eso,
guardo siempre
una lágrima o varias de ellas.
Se que las necesito
y las necesitaré.
Con algo debo, limpiar el alma.
No hay función en la vida más esencial y eterna
que la de la maternidad.
M. Russell Ballard
Cierra los ojos,
y siente la melodía de su voz,
la perfección de su tacto
y la eternidad de su amor.
Así siempre fue,
así siempre será,
ella siempre estará,
ella... mamá.
El sentido de lo maternal,
es de tal fuerza,
que supera el tiempo,
y la vida misma,
pues una madre vive,
en cualquier espacio imaginable.
Para siempre,
es un hoy,
o una suma de mañanas.
O, la suma de recuerdos,
o una suerte de olvidos,
sentidos o perdidos,
en el confín de los tiempos.
La vida continúa y nosotros con ella.
La vida continuará y nosotros seremos:
memoria, historia, recuerdo u olvido.
Más que a nada, le temo a la orfandad ética
Marcela Serrano
La forma o formas,
en las que las sociedades,
del tipo o tamaño que sean,
necesitan para vivir,
convivir, compartir,
trabajar, crecer y progresar,
requiere de la presencia
de elementos fundamentales,
como la ética.
Si lo que llamamos ética,
se deja de lado,
se relega,
se minimiza,
la garantía de que los actos humanos,
de que las responsabilidades,
de que los roles sociales,
de que los derechos y los deberes,
que son parte
de nuestra propia naturaleza,
se vea seriamente afectada.
Y por ello me preocupa,
cuando observo
que en lo grande
y en lo pequeño,
cada vez es más común
que el fin,
justifique los medios,
porque es una vía rápida,
para mostrar supuestos logros,
que luego serán reemplazados,
por otros fines,
que necesitarán de otros medios,
cada vez más alejados
de la ética y las buenas costumbres.
En nombre de la seguridad,
hemos asumido,
el vivir inseguros.
El mundo destina
incalculables cantidades
de dinero y recursos
a la fabricación y venta
de armas, armamentos
y nuevos elementos
para hacer frente a la inseguridad.
Lo cual relega,
y deja en segundo plano,
elementos claves
del convivir humano:
¿matamos a los malos,
independientemente
de que en esa afirmación,
incluyamos a los débiles,
a los inocentes
y a los que no tienen voz
ni capacidad de opinar?
En nombre de la seguridad,
la justicia, el respeto,
y la dignidad,
quedan en segundo plano.
Ni se diga,
la educación, la salud
y aquella posibilidad de construir
un pequeño y sencillo
mundo mejor, para cada uno.
En nombre de la seguridad,
el poder en el poder,
deja de rendir cuentas
y cuestiona y silencia,
cualquier voz que opine en contra.
Cuando el fin justifica los medios,
la voluntad, la conciencia y la libertad,
dejan de ser patrimonio de la humanidad
y de la ética,
y pasan a manos
del poder en el poder.
Más que al crimen
o al criminal,
hay que temer
a una sociedad
huérfana de ética.
No es solamente el logro,
es, sobre todo, el camino,
el tiempo y el esfuerzo para llegar a él.
El hombre no muere cuando deja de vivir,
pero si cuando deja de amar
Sir Charles Chaplin
Cuando la muerte sucede,
y lo hace con cercanía:
familia, amigos, personas queridas,
es inevitable pensar
en la vida que somos
y quizá,
en la muerte que seremos.
Más allá del dolor,
de la pena, de la ira,
de la inconformidad,
del cuestionamiento natural,
del por qué, del cómo
y tantas preguntas más,
es inevitable pensar
que en algún momento llegará,
y no habrá tiempo para actuar,
corregir, cambiar,
y hacer, tantas cosas,
decir, tantas palabras,
callar, palabras innecesarias,
abrazar, comprender y amar.
Por ello,
el mensaje que me deja,
la cercana muerte,
la muerte que seremos,
es el pensamiento
y la reflexión sobre la vida que somos.
La muerte,
maestra silenciosa,
nos invita a pensar,
a pensarnos,
aprovechando un presente,
sabiendo que el mañana,
es algo que llegará, o no.
Nos invita a vivir,
pero vivir con intensidad,
con propósito, con ganas,
y llevar adelante,
aquello que soñamos,
así no suceda,
tal como lo pensamos.
Nos invita a cultivar,
recuperar, valorar
y vivir la hermosura
del tiempo compartido
con los que amas y te aman.
De ser gratos,
con aquella voz,
con aquellas manos,
con aquel hombro,
que acompañan
el camino de la vida.
De devolver bien,
a pesar de los pesares.
No quisiera estar,
en el pasillo de la muerte
y tener que pensar,
que por qué no hice
lo que siempre quise hacer.
Quisiera pensar,
que si bien,
no conseguí todo lo que quería,
y no es solo lo material,
al menos traté con dignidad
a quienes tuve a mi lado,
y si algo queda,
de la vida que soy,
que la muerte que seré,
sirva para poder seguir haciendo
aquello que hace bien
a los seres humanos.