La esperanza es un acto de rebeldía
en un mundo gobernado por la derrota
Javier Castillo
Construir cultura de paz,
construir paz, pensar en clave de paz,
soñar un mundo, no sin conflictos,
pero si con la capacidad
de resolver sus diferencias,
de forma respetuosa,
digna y humana,
es un acto de esperanza.
Un mundo mejor,
un trabajo digno.
Que la educación eduque y libere,
que la salud sane,
que la justicia ponga las cosas en orden,
que las personas,
independientemente
de su condición social y económica,
puedan apoyarse y sumar esfuerzos,
para que el tránsito de la vida
sea pleno y digno,
es un acto de esperanza.
Todo esto quizá,
pueda sonar irreal,
imposible, inimaginable,
y tantos adjetivos más,
porque probablemente,
la esperanza dejó de estar,
en esas mentes y en esos corazones.
Y es que hablar de esperanza,
no es hablar desde un optimismo ciego.
Hablar de esperanza,
es comprometernos
al rescate de unos de los baluartes de la paz.
La esperanza es y debe ser,
un inagotable deseo del bien común
y las estrategias para lograrlo.
La esperanza,
es la generación constante
de posibilidades para el desarrollo
de las sociedades.
Es aprender a construir,
a travez de la confianza,
educando el miedo
y la desesperanza.
La esperanza,
no es algo que se añora,
es una fuerza que nos mueve,
un fuego que ilumina,
un motor que transforma,
una convicción que resiste,
a la peor de las batallas.
La esperanza,
nos permite
y nos permitirá
construir cultura de paz,
mirando los conflictos
con otros ojos
y usando otras herramientas
y teniendo otros propósitos.
La esperanza,
permitirá resistir,
épocas oscuras
donde se llega a creer
que la violencia, el dinero,
la fuerza bruta y las armas,
serán el lenguaje de una humanidad,
sin humanos en realidad.
La esperanza nos necesita,
y nosotros a ella.
Démosle vida,
démosle la vida.
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