jueves, 7 de abril de 2011

La ley intransitable

Es mejor no saber como se hacen las leyes…
ni las salchichas


La legislatura revolucionaria,
inaugura un principio nuevo:
todos son culpables,
hasta que logren demostrar,
si pueden,
que son inocentes,
no importa si pasan años,
porque la revolución
y sus revolucionarios,
revolucionan los derechos.

Circula entonces,
una nueva ley,
que regula y controla
el transporte nacional,
seguramente
con principios y normas importantes,
que son necesarias,
pero también,
con excesos y contradicciones,
propias de un legislador novato,
carente e inspiración y entregado
a la disposición del primer mandatario.

Para todo hay sanción y multa,
hay nuevos tipos de licencias,
una para cada tipo de vehículo,
parece que el cobro de dinero,
es uno de los fines primordiales,
de la nueva legislación intransitable.

De todo se han preocupado,
de los días de cárcel,
de las multas incalculables,
de los puntos, de las suspensiones,
de los trámites, de los nombres,
de los nuevos organigramas,
del incremento de la burocracia…
pero poca preocupación veo,
en la educación del pueblo,
para que poco a poco entienda,
la importancia de ser buenos
conductores y peatones,
y que actúe motivado,
y no asustado por la ley,
por que si es por lo último,
se contribuirá seguramente,
al aumento del precio de la coima,
porque la ley no se cumple porque se debe
y se entiende en su totalidad,
sino que “no queda más”.


No hay educación vial,
peor, una planificación de la ciudad,
o de las ciudades en general.
Los trazados de calles,
los semáforos, los espacios peatonales,
las horas pico,
los conductores suicidas,
algunos desubicados policías,
eso no ha cambiado con la nueva Ley,
siguen siendo iguales, o peores.
Son aquellos que se creen,
competidores profesionales,
en alguna carrera, de esas internacionales.
O, peor aún,
actores de cine de violencia y terror,
que agreden a peatones y conductores,
irrespetando las señales,
atentando contra la vida de civiles,
insultando, amedrentando,
haciendo en realidad,
lo que les da la real gana.

Una cosa es la Ley,
y otra muy diferente,
vivir y aceptar su espíritu,
en su amplia concepción.
Si las leyes nacen,
para desconfiar,
para castigar,
para imputar,
para maltratar,
entonces,
su cumplimiento
será por obligación,
y no por convicción.

Si la Ley no se acompaña,
por decisiones y obras,
que faciliten,
que ayuden a su cumplimiento,
a su aplicación,
iremos dando pasos, seguramente,
al incremento de la corrupción.

Dadas las actuales condiciones,
de ausencia de planificación,
de control y promoción
de la educación vial,
del transporte como servicio
y no como beneficio,
habrán muchos justos
que serán considerados pecadores,
que serán sancionados,
que serán encarcelados,
por normas revolucionarias,
que fueron pensadas
sin mayores consideraciones,
porque importa más
las estadística que diga,
que has hecho leyes,
sin importar si éstas
de verdad sirven
y si de verdad contribuyen,
a que construyamos
una democracia de paz.

La ley intransitable,
hija de una legislatura
realmente cuestionable.

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