¿Tus actos,
hacen honor a tus palabras?
La dificultad te entrega y te aporta la única libertad que cuenta
Antoine de Saint-Exupéry
La vida puso ante mis ojos,
en estos últimos días,
tres testimonios de entrega,
que me llevan a pensar,
cuán necesario es
cultivar aquella virtud
que nos vuelca
a la causa de nuestra vida.
Para cada uno en particular,
cada causa es única y especial.
Son testimonios que se comparten
con hechos más que con palabras.
Acciones, decisiones,
momentos complejos,
otros felices, otros… para olvidar,
pero todos, momentos que enseñan,
que motivan, que mantienen viva,
esas ganas, esa entrega,
ese sumar acciones,
para construir hábitos,
y hacer frente
a las voces de crítica y desaliento,
y a la voz interior,
que por momentos,
es la peor voz.
Testimonios que nos dicen,
que la entrega a la causa,
es la cosecha a la siembra
de la esperanza de una vida,
que decide,
asumir que estamos aquí,
para construir
para sumar,
para amar, para vivir,
para hacer frente,
a lo que los días traigan
junto a sus horas,
sus amaneceres
y sus desvelos.
Testimonios que son
una huella en el mundo,
y una demostración
que es posible,
si hay fe, si hay entrega,
si hay confianza, si hay constancia.
Testimonio
como el de aquella enfermera,
que da su vida por curar
cuerpos y almas
y que en lugar de guardar
el dinero para su bienestar (solamente),
lo comparte para ayudar a sanar
a los que más lo necesitan
y a los que menos tienen.
Testimonio
como el de aquella madre,
que junto a sus hijas
rescatan día a día,
la vida y la dignidad
de animales abandonados,
maltratados, abusados
y olvidados por una parte de una sociedad
que demuestra
que no tiene corazón,
ni responsabilidad, ni amor propio.
Testimonio
como el de aquella
joven artista
que expresa su arte,
su delicado arte,
a pesar de los pesares,
de las limitaciones
y de las complicaciones,
como un grito de entrega
y de esperanza
en una sociedad
necesitada de humanidad.
Son solamente tres,
de cientos y miles
de testimonios que nos dicem
que la entrega es la manera,
y que somos corresponsables,
de sumar e inspirar,
a pesar de que el mensaje general
sea de tristeza, soledad y miseria.
La conciencia es el último juez,
y por eso es la primera víctima,
de los asesinos de la humanidad
(y de la dignidad humana)
El valor de las cosas,
depende del valor que tú les des a ellas:
tu vida, tu amor, tu preocupación,
tu entrega, tu desamor, tu desinterés,
tu olvido, tu odio.
Mantener encendida la llama,
más allá de las circunstancias,
es un ejercicio de vida,
de tu propia vida,,,
Todos pasamos por oscuros:
momentos, tiempos, espacios, años.
Todos.
Lo que te sostiene en su tránsito,
es a lo que debes dedicarle tu vida.
No hay hombre que,
revestido de un poder absoluto para disponer
de todos los asuntos humanos,
no sea víctima de la soberbia y la injusticia
Platón
Es, una idea atractiva,
una respuesta
a interrogantes complejas,
una muestra
de que el fin,
justifica los medios,
una forma en la que
ciertos liderazgos
inauguran un nuevo orden,
un estilo de hacer,
una forma de ser,
una invitación a aceptar
una nueva forma de pensar.
Ya no solo es,
llegar al poder,
la idea principal,
es tener el poder total,
el absoluto poder
que permita cambiar,
e imponer
la forma de ser
y la forma de hacer,
no solamente del poder
si no, de aquellos
que han decidido, o no,
someter su destino a él.
A mayor miedo,
injusticia e ignorancia,
el poder absoluto
se valida como
el camino ideal,
para poder cambiar la realidad.
Y ese cambio exige,
silencio y aceptación.
La crítica es innecesaria,
un delito quizá,
o una maldición,
de aquellos malditos,
que levantan su voz,
reclamando la necesidad
de no olvidarse de pensar,
de meditar, de analizar,
de criticar, de construir,
de buscar formas no violentas,
de cambiar la realidad.
El poder absoluto,
reescribe el tiempo y la memoria,
inaugura una nueva historia,
y etiqueta con fuerza,
a quienes son considerados,
peligrosos para el absoluto.
La ignorancia,
la injusticia
y el miedo,
son cada vez más crecientes,
y los nuevos creyentes
en el absoluto,
ignoran el peligro
de perder la capacidad
de poder pensar
con su propio cerebro,
de poder hablar por boca propia,
de poder crear
con sus propias manos
y sus propios recursos,
pues el absoluto dicta
la forma de ser, pensar y hacer.
Y esto,
que parece un cuento,
es una triste realidad,
presente en el gran mundo,
en la gran ciudad,
en el pueblo,
en el barrio
y en el espacio familiar.
Esfuerzo y actitud,
dos herramientas
que harán que tu camino,
te permita dirigirte
a aquel destino
que sueñas y construyes,
con empeño y no sin miedo.
Cuenta tu vida,
no solo en función del tiempo,
también en función de momentos,
que hacen que valga la pena, el tiempo.
Si nos acostumbramos al caos,
el caos será parte de un nosotros,
cada vez, más difícil de enfrentar.
En música,
el sonido y el silencio,
son parte de un todo.
Ninguno más importante que el otro,
pues son parte de un todo.
Se instalan puertas y ventanas para la habitación,
pero del vacío interior depende su utilidad.
Ponemos atención en la apariencia,
pero lo que realmente sirve es la esencia
Lao Tsé
La velocidad
de la vida actual,
nos lleva a incorporar
lenguajes y actitudes
que tiene que ver
con la inmediatez.
Todo resultado,
requiere verse de inmediato.
Todo logro,
superficial sobre todo,
se muestra a un público digital,
al que se quiere agradar
y mostrar ser
alguien que hace,
sin saber por qué y para qué.
El análisis,
carece de rigor
y solamente es una rápida
lectura de un titular
o de un resumen
de una información o un dato,
de un hecho o un comentario.
El análisis,
carece de rigor
y es mirar un video,
que cuenta una verdad,
en muchos casos,
sin sustento,
sin argumento,
sin ética, sin respeto.
Mucha gente,
yendo rápido por la vida,
muy ocupada, muy estresada,
casi sin tiempo para hacer,
casi sin tiempo para pensar,
casi sin tiempo para analizar,
por qué es como es,
por qué piensa lo que piensa,
por qué hace lo que hace,
por qué camina…
a ningún lugar.
El hacer,
no siempre significa
una intencionalidad,
una planificación, un orden,
un rigor, un esfuerzo,
un hábito, un proyecto,
un deseo, un cambio para mejor.
El hacer,
en muchos casos,
es parecer hacer,
y agobiarnos en el trayecto,
sumándonos en silencio
a un gran montón,
de otros agobiados,
estresados y alejados
de una realidad que nos extraña,
cada vez más.
Debemos hacer del hacer,
una forma de vida.
Un hacer,
que valga la pena,
que nos valga la pena,
que nos honre,
que nos lleve a servir,
a crecer, a entender,
a actuar, a interactuar,
a pensar, a sentir,
a comprender y a guiar,
un hacer con utilidad,
para bien propio
y el de los demás.
El hacer,
no siempre significa
una intensión, planificación,
orden, impacto o cambio.
Si lo vas a hacer,
cree en lo que haces
y cree en ti.
La juventud, podrá ser inteligente,
estudiada y versada,
pero para ser sabia,
tendrá que dejar de ser, juventud.
Lo que las leyes no prohíben,
puede prohibirlo la honestidad
Lucio Anneo Séneca
El lenguaje es
un puente o un abismo,
una invitación al diálogo,
o una invitación a la confrontación.
El lenguaje,
puede ayudarnos a comprender,
o manipular nuestros miedos,
y convertir una mentira
en una verdad y un dogma.
Y por eso, el lenguaje,
tiene usos en todos los sentidos:
buenos o malos.
Tal parece que,
el uso mal intencionado del lenguaje,
gana espacio y tiempo,
cosecha adeptos
y cultiva fanáticos,
que han visto en el lenguaje,
la oportunidad siniestra
para sembrar miedo,
generar violencia
y manipular el actuar,
el pensar y el sentir,
de seres humanos
que confiaron
en el mensaje que les llega,
a través del lenguaje.
Construir cultura de paz,
es rescatar,
la dignidad de la verdad,
el poder decir,
las cosas por su nombre.
Es generar contrapesos,
a un lenguaje que está cambiando,
el verdadero sentido de las situaciones.
Construir cultura de paz,
es usar el lenguaje
para identificar los antivalores
de la violencia,
para dejar de hacerlos parecer
una guía de vida
entregada a la corrupción,
al quemeimportismo y a la resignación.
Construir cultura de paz,
es usar el lenguaje para
dignificar la verdad,
como un derecho,
como un compromiso,
como una sanación,
como una transformación,
como una reparación.
Una forma de volver a decir,
las cosas por su nombre,
y dignificar el acto de hablar
con transparencia, respeto,
fuerza y dignidad.
No siempre los días,
devuelven en sus horas,
lo que uno espera de ellas.
No siempre, por ello,
un día, no es en sí,
el resultado de un proceso,
una valoración final.
Es en sí,
una oportunidad para caminar.
No olvides nunca
el cielo que veías en la niñez.
¿Fue gris?, ¿fue claro?
¿Fue lindo?, ¿no fue lo que queridas que fuera?
Hoy, no dejes
de buscar y alcanzar el cielo...
tu propio cielo,
aquel que te hace bien sentir.
Cada lugar,
lleva en sus hombros,
el peso de su historia
y los aprendizajes que ella,
le pueda brindar a sus ciudadanos.
Allí está la historia,
a la espera de que
la descubran,
la estudien,
la entiendan, y decidan,
qué hacer con ella.