Y nuevamente,
llega la sensación,
y la realidad
de las habitaciones vacías,
del amor que duele,
de ilusión incierta,
y de un futuro que acaba.
Y nuevamente,
llega la sensación,
y la realidad
de las habitaciones vacías,
del amor que duele,
de ilusión incierta,
y de un futuro que acaba.
Este es el día,
este es y será tu día.
El día en el que aquella (hermosa) rosa,
se tatuó, para siempre,
en mi corazón
Y a mi jardín regreso,
cuando hay sol,
cuando hay viento.
Cuando lloro,
cuando río,
cuando sufro,
cuando estoy tranquilo.
Y a mi jardín regreso,
para ver, para recordar,
a la flor más hermosa,
aquella que me enseñó
que la belleza está,
en la dualidad
del pétalo y la espina,
del brote cuando nace
y que el tiempo marchita,
pero sobre todo
de la belleza
de su vida
y de su existencia infinita.
Es curioso lo lejana que resulta una desgracia
cuando no nos atañe personalmente
John Steinbeck
Cuando la enfermedad,
toca nuestra puerta,
algo cambia,
algo se transforma.
Un sentimiento
de vulnerabilidad
pasar a formar parte
de la vida,
del día a día.
En el mejor de los casos,
si la economía lo permite,
la atención privada,
acompaña al enfermo,
en su enfermedad.
Ello incluye especialistas,
medicina e instalaciones médicas,
propias y apropiadas
para ese tratamiento,
sencillo o complejo,
a corto, mediano
o largo plazo.
En la mayoría de casos,
las personas acuden,
a la salud pública,
porque pagan por ella
o porque no tienen
para pagar por ella,
y entonces
un baño de verdad
acerca al enfermo
y a su enfermedad
a una desgracia
que era lejana
y ahora es cercana:
la falta de medicinas,
la escasez de médicos,
de personal de salud,
de equipos de diagnóstico,
de espacios,
y sobre todo de dignidad
en la atención,
y en el acompañamiento.
Un sentimiento de desamparo,
de desesperación,
de impotencia,
ante el abandono
de un Estado,
que promete y no cumple,
que está obligado
y no se toma en serio
esa obligación.
Saberse enfermo,
sin medicinas,
sin atención médica,
sin una voz que permita,
que logre revertir
una realidad que atenta
contra todo derecho humano,
contra toda dignidad.
Vivir la enfermedad
de los que amamos,
y sabernos impotentes
de hacer algo,
al ser parte de una desgracia,
que poco suena,
que poco importa,
que poco entiende,
que la dignidad humana,
que la salud pública,
necesitan atención,
no como regalo o dádiva,
sino como un derecho humano.
Los días más hermosos,
son una mezcla de coincidencia,
cotidianeidad, espontaneidad,
locura y amor.
Las circunstancias son caminos,
que no siempre llegan a algún sitio,
pero que siempre te llevan a algún sitio.
Cómo evitar que lo hagan,
sin control,
ese es el reto.
Pudo descubrir,
aquella puerta
que llevaba al lugar
donde podía vivir,
su propia vida,
su propia libertad.
Un lugar,
donde era la diosa,
de su propio arte.
Cada tiempo puede ser,
el más violento,
el mejor,
el más triste,
el de mayor impacto.
Algo para el olvido,
algo para el recuerdo.
Cada tiempo es,
los ojos que lo ven.
La educación es
el ejercicio de ajustar el método,
de acuerdo al tiempo
y también a las personas.
Por ella,
caminaban noches enteras.
Por ella,
cambiaron el rumbo,
cambiaron la vida.
Por ella,
lo dieron todo,
incluso si no tenían nada.
Por ella viven,
a pesar de la muerte.
La integridad es la habilidad de ser fiel a una idea.
Eso presupone la capacidad de pensar
Ayn Rand
Hay prácticas
modas, formas
o hábitos,
que buscan hacernos creer
que cierto tipo
de comportamientos,
de actuaciones,
y de clichés,
son los que caben,
porque los practican,
algunas personas
que ejercen
cierto tipo de liderazgos,
representaciones
o responsabilidades.
Recuerdo,
un proverbio,
que dice que:
lo que Juan dice Pedro,
habla más de Juan,
que de Pedro.
Y lo recuerdo,
en tiempos
donde algunos liderazgos,
o “ejemplos”,
son como los del Juan,
del proverbio,
llenando sus bocas,
sus espacios
y sus redes sociales
y virtuales,
con dichos, insultos
y vejaciones,
que al final
hablan más de ellos,
que de los otros.
Pero,
más allá de ello,
lo que no cabe,
es que ese supuesto “liderazgo”,
olvide,
en este caso,
dos cosas claves:
la integridad
no se presume,
se gana,
a pulso y de buena fe,
con coherencia,
honestidad, responsabilidad
y respeto,
valores difíciles de entender
y de practicar
por parte de los farsantes.
Y, lo segundo,
en la boca de esos
pseudo líderes,
la opinión, no es respetable,
está en duda,
pues le antecede
una mente poco transparente
y nada lúcida.
Es verdad,
hay derecho a opinar,
pero sin integridad,
esa opinión pierde
argumento y fundamento.
Regresamos entonces
a la necesaria integridad:
que proviene del latín integritas,
que significa totalidad o estar intacto.
Una forma de vida,
donde los valores no están fragmentados.
El filtro de la integridad,
desnuda la falsedad
de liderazgos ajenos a la verdad.
Hay presencias,
que cambian por completo,
una vida, una vidas,
haciendo del presente
un eterno futuro.
Los que cuidan,
los que dan su apoyo,
los que dan su tiempo,
por el tiempo de los demás,
mantienen viva
la llama de la dignidad humana.
Cuando un hombre ha hecho
lo que considera que es su deber para con su gente y su país,
puede descansar en paz
Nelson Mandela
Hay personas,
que estudian la historia.
Otras, que son parte de ella;
otra parte más,
vive en ella,
sin darse cuenta.
Y, quizá,
una pequeña parte,
es la historia en sí misma.
De este último grupo,
fue -y es-
Rubén Ortega Jaramillo.
Su presencia,
queda plasmada,
en su familia amada,
en su ejercicio
del servicio público,
en su amor por el arte
en su entrega al arte,
a la cultura
y a su Loja amada.
El tiempo permitirá,
entender y entenderlo,
en todo su sentido,
y leer y releer
y escuchar,
una y otra vez,
la historia de su vida,
que es parte
de la historia
de su tierra querida,
de su rincón,
de su esposa amada,
de su familia,
a quien con pasión,
quiso y querrá
hasta el infinito mismo.
Y por eso,
viaja en paz,
a la eternidad
al encuentro con su Dios,
con las estrellas,
de las cuales
hoy forma parte.
Queda su legado,
y hay que cuidarlo,
regarlo y acrecentarlo.
Se preguntaba…
¿qué hacer con sus errores?,
hasta que logró cambiar la pregunta:
¿cómo, aprender de ellos?
No podemos controlar la dirección del viento,
pero sí ajustar nuestras velas
Proverbio
Dolorosas noticias,
recibimos todos,
ante desastres naturales
que sufrieron
pueblos hermanos
como Venezuela y Colombia.
El dolor
y la impotencia,
cubren con su manto
las tristes realidades
de ciudades,
familias y sociedades.
No se puede saber,
cuando podrá suceder
un desastre tan complejo
como un temblor
o un terremoto,
y por ello,
toda especulación cae,
en el terreno de la falsedad
y de la ignorancia.
Pero, el no saber,
nos lleva a pensar,
a repensar y a actuar,
necesaria y obligatoriamente
en un cultura de prevención,
de cuidado y
por qué no,
como un acto de amor.
Cuidarnos
y auto cuidarnos,
en relación a los desastres naturales,
no es vivir en zozobra,
es vivir en cultura de prevención.
Una cultura de prevención,
nos lleva a pensar
y actuar en torno
a la importancia
de la construcción responsable,
con el medio ambiente
y con los desastres naturales.
Una cultura de prevención,
debe llevar a las autoridades
a poder cuidar y controlar
que las normas de construcción,
que las acciones de evacuación,
que los simulacros,
no sean letra muerta,
que sean parte de la cultura ciudadana.
Una cultura de prevención,
nos debe llevar a todos,
a asumir, cada quien,
parte de su responsabilidad,
parte de su actuación
y parte de su preocupación.
La historia nos lo recuerda,
en el sentido de que
no sabemos lo que pasará
y cuándo pasará
un desastre natural.
Por ello,
el estar preparados,
capacitados, concienciados,
conectados e informados,
nos hará más fuertes
ante futuros desastres.
Prevenir es proteger,
no esperemos,
actuemos.
En ciertas épocas,
las máscaras ocultaban
algunas realidades.
Hoy, para ocultarlas,
se usan las redes sociales.
Es curioso como el mundo,
deja de lado muchas realidades complejas
y sigue el mandato de las noticias nuevas.
Hay momentos donde se juntan
varias etapas de la vida,
en formas de personas,
en una suerte de memoria viva.
Volvería al pasado,
¿para cambiar algo?
Volvería al pasado,
¿para abrazar a alguien?
Volvería al pasado,
¿para no volver al presente?
Volvería al pasado,
y... ¿sería capaz de reconocerme?
Sustituye la preocupación por la acción
Refrán popular
Sin duda,
hay cosas
en cada etapa de la vida,
que nos preocupan.
Situaciones,
momentos,
personas, pensamientos,
que llegan,
y cambian de plano,
realidades y circunstancias.
Son cosas que nos pasan,
que les pasan a los que amamos,
a quienes
con quienes trabajamos,
a quienes con quienes
compartimos un espacio,
llamado casa, barrio,
ciudad, país, continente,
planeta… mundo.
Todo eso nos preocupa
y quizá lo negativo sea,
que alimentamos
voces internas y externas
que hacen catastrófico
lo que probablemente no lo sea.
Nos preocupamos,
y bajamos el ánimo,
la guardia
y la forma de cuidarnos.
Nos preocupamos
y entramos
en una espiral trágica,
que nos invita,
solamente a esperar la muerte,
lo peor, lo malo…
Podríamos intentar,
o deberíamos intentar
como ejercicio espiritual,
personal y colectivo,
no solamente preocuparnos,
si no trabajar a partir
de esas preocupaciones.
Y el ocuparnos pasa,
por alimentar el amor propio,
los buenos hábitos,
las lecturas y los recursos,
que nos fortalecen el cuerpo y el alma.
Preocuparnos en tomar acción,
actuar, generar hábitos,
no renunciar a las buenas costumbres.
Construir zonas seguras,
en nuestro corazón, en nuestra casa,
en nuestro hábitat.
Ocuparnos,
es decidir,
no perder el tiempo
en situaciones innecesarias.
Es limitar, escoger
y construir los lazos
con personas
que de verdad,
sacan lo mejor de nosotros.
Ocuparnos,
es dejar de alimentar
el cuerpo y el corazón,
con imágenes,
situaciones y comentarios,
que solamente buscan,
generar miedo, odio,
envidia y frustración.
Ocuparnos es,
una acción noviolenta,
ante tanta violencia siniestra.
El respeto no se impone…
se gana.
(Es algo que te otorgan,
no algo que dispones
que te entreguen)
Allí están mis alas,
esperando que crea en ellas,
que las despliegue y vuele.
Y que volemos juntos,
ellas y yo.
Aplauden la libertad, como concepto,
pero condenan, a los que quieren ser libres.
Y a los libres, los eliminan.
No somos enemigos,
somos diferentes.
Aunque les interese a ellos,
hacernos creer
que las diferencias,
son razones suficientes
para odiar y matar.