Es curioso lo lejana que resulta una desgracia
cuando no nos atañe personalmente
John Steinbeck
Cuando la enfermedad,
toca nuestra puerta,
algo cambia,
algo se transforma.
Un sentimiento
de vulnerabilidad
pasar a formar parte
de la vida,
del día a día.
En el mejor de los casos,
si la economía lo permite,
la atención privada,
acompaña al enfermo,
en su enfermedad.
Ello incluye especialistas,
medicina e instalaciones médicas,
propias y apropiadas
para ese tratamiento,
sencillo o complejo,
a corto, mediano
o largo plazo.
En la mayoría de casos,
las personas acuden,
a la salud pública,
porque pagan por ella
o porque no tienen
para pagar por ella,
y entonces
un baño de verdad
acerca al enfermo
y a su enfermedad
a una desgracia
que era lejana
y ahora es cercana:
la falta de medicinas,
la escasez de médicos,
de personal de salud,
de equipos de diagnóstico,
de espacios,
y sobre todo de dignidad
en la atención,
y en el acompañamiento.
Un sentimiento de desamparo,
de desesperación,
de impotencia,
ante el abandono
de un Estado,
que promete y no cumple,
que está obligado
y no se toma en serio
esa obligación.
Saberse enfermo,
sin medicinas,
sin atención médica,
sin una voz que permita,
que logre revertir
una realidad que atenta
contra todo derecho humano,
contra toda dignidad.
Vivir la enfermedad
de los que amamos,
y sabernos impotentes
de hacer algo,
al ser parte de una desgracia,
que poco suena,
que poco importa,
que poco entiende,
que la dignidad humana,
que la salud pública,
necesitan atención,
no como regalo o dádiva,
sino como un derecho humano.
1 comentario:
Nada peor que la enfermedad sin acompañamiento o sin acceso a salud 😔 PMC
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