Luz de luna,
ilumina aquel camino,
de unos pasos perdidos,
que llevaron,
alguna vez,
al mismísimo infinito.
Y llega el día,
en el que la muerte llama a tu puerta.
No hay más,
solo queda tu testimonio de vida,
que es a la vez,
lo que viene luego... de la muerte,
y lo que da nueva vida.
No tengas miedo, le dijo,
y si el miedo insiste en quedarse,
lo dividimos para dos, agregó.
Los liderazgos inspiran,
para bien o para mal.
Los líderes
deberían estar conscientes de ello.
Conciencia que les juzgará,
para bien o para mal.
Pasó de querer
que los días terminaran cuanto antes,
a desear, con todo su corazón,
que la vida siga,
que no termine el día,
porque sentía
que se le iba la vida.
Una parte del corazón
siempre tendrá motivos
y razones suficientes,
para llorar,
para llorar siempre.
El trabajo en equipo es el secreto que hace que gente común
consiga resultados poco comunes
Ifeanyi Onuoha
Hay una frase,
atribuída a Albert Eistein,
que reflexiona
en la sencilla
y a la vez compleja fórmula,
de conseguir resultados diferentes.
Para ello,
lo que no se puede,
ni se debe,
es hacer lo que impide
un resultado nuevo.
Si a esa fórmula,
le agregamos otra,
que tiene que ver
con el efecto que produce
el trabajar de forma conjunta
hacia un mismo objetivo,
frente al hecho,
de hacerlo solo, o solos,
el resultado
es y será exponencial.
¿Por qué
estas reflexiones,
que son de sentido común,
son las menos comunes,
y las menos posibles
en diversos contextos
y entornos humanos?
A pesar,
de que la experiencia
nos demuestra
que el trabajo en equipo
y el intentar y hacer las cosas
de forma innovadora,
nos producirá, sin duda,
resultados sorprendentes
y de beneficio común.
Hemos perdido,
la magia de confiar,
en uno mismo,
en los otros,
y esa desconfianza,
genera incomunicación,
imposibilita que podamos
tener una visión común,
haciendo complejo
el esfuerzo colectivo
que se afecta también,
por la presencia de los egos.
Los resultados diferentes,
no llegarán,
si se busca que el esfuerzo,
sea una suerte de promoción
de nombres y personas
que buscan el aplauso,
el reconocimiento
y la oportunidad de brillar
sin importar
el resultado, el objetivo
y el bien común.
Los resultados diferentes,
necesitan de cambios,
y el cambio es algo que no gusta,
pues gusta el acomodo,
lo conocido, en una suerte de conformismo,
que es a la vez diaria queja
de una realidad que no cambia,
pero “yo no quiero cambiar”,
solo queremos nuevos resultados,
y que lo hagan otros.
Que poco común,
es el sentido común,
y qué difícil es poder
trabajar juntos,
en beneficio de todos.
Intentarlo,
¡sí! intentarlo,
será la única forma de aprender,
a trabajar juntos
y hacerlo,
para confiar en que los resultados
sean diferentes,
en beneficio de todos.
Intentarlo,
una y otra vez.
La historia nos recuerda,
que la condición humana,
es una constante.
Atroces y atrocidades,
han existido,
de la mano de víctimas y victimarios.
Era ya,
un camino que dejó de caminarse.
No dejes de mirar,
de observar,
No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos
Universidad de Nanterre
Paris, mayo del 68
Al poder le tienta
y le llama,
de forma continua,
de siniestra forma,
el gusto y la gana
del control total,
de la “tranquilidad”
de saberse solo,
sin peligro alguno,
que ponga en duda
su fuerza, sabiduría,
inteligencia y criterio.
La historia nos cuenta,
tristes momentos,
de una humanidad presa,
de la locura de seres humanos,
que decidieron disponer
del tiempo, la dignidad
y la vida de otros seres humanos,
usando como pretexto,
la búsqueda de un supuesto bienestar,
de mejores días, de mejores personas,
de mejores momentos,
de nuevos y prometedores futuros.
Las actitudes
y acciones totalitaristas
de lo que llamamos poder,
en un…
continente, país, ciudad,
región o comunidad,
se basan en herramientas
acordes a los momentos de la historia.
En el pasado,
el énfasis era en relación
a un siniestro futuro,
y al uso de la fuerza
y una violencia física
que provoque miedo,
terror y pavor.
Hoy se suman,
la vigilancia tecnológica,
una suerte de
sociedad de masas automatizada,
que debe caminar junta
a un mismo lugar (sin preguntar),
vacía y sin capacidad
de preguntarse ni preguntar,
porque la seguridad está,
en no implicarse, en no ser visible,
en no “molestar” al poder.
Otras herramientas
del totalitarismo contemporáneo,
tienen que ver
con discurso, mensajes
que buscan construir una verdad
donde la libertad de pensamiento
y la acción espontánea
son vistas como un irrespeto
a ese poder que escribe
una supuesta verdad de los hechos
y de la forma de pensar de todos.
El asecho
del totalitarismo contemporáneo,
echa mano del dinero,
que supuestamente lo entrega,
lo “regala” y lo hace
supuestamente alcanzable,
mostrando una cara de sensibilidad
que encubre un acto
de compra de conciencias.
Y nuevas violencias,
adornan al totalitarismo contemporáneo:
un discurso que pide
cuidarse de errores pasados,
y aquella violencia sociocultural
que impone miedo,
pues nuestras acciones son vigiladas,
castigadas y silenciadas
cuando piensan y actúan diferente
al poder total, a aquel poder
que dijo que no cometería jamás,
los crímenes y delitos
que cometieron los poderes anteriores
aquellos que lo antecedieron,
aquellos que cayeron también,
el la tentación y redes
del temible totalitarismo.
Más que el éxito,
admiraba la constancia
y la disciplina
con las que se entregaba
cada día, a pesar de las circunstancias.
Cada tiempo
trae consigo,
penas y alegrías,
olvidos y recuerdos,
lágrima y risas.
Cada tiempo se recuerda,
por la intensidad de sus momentos.
Le llegó a decir,
que no desperdicie la oportunidad,
de amar y dejarse amar.
Son pocas las veces,
por no decirlo, únicas,
las que ese tipo de amor
llama a la puerta.
No hay libertad,
cuando el poder
solamente quiere escuchar
su propia verdad
y no la verdad de los ciudadanos.
El deber del superviviente es dar testimonio de lo que ocurrió, hay que advertir a la gente de que estas cosas pueden suceder, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan
Elie Wiesel
En biología
lo endémico es
una especie
que vive exclusivamente
en una zona geográfica,
como una isla, montaña
o un ecosistema particular,
sin encontrarse de forma natural
en ninguna otra parte del mundo.
Las especies endémicas
son fundamentales para la biodiversidad,
ya que representan
una alta especialización ecológica,
y nos enseñan esa especial forma
de adaptarse a las condiciones
sin perder la esencia.
En las ciencias sociales,
en la filosofía,
lo endémico
tiene que ver con
trastornos, emociones
o dinámicas relacionales
que son habituales,
persistentes y predecibles
en una población
entorno geográfico o cultura específica.
A diferencia de una crisis puntual,
un fenómeno endémico
está integrado en la normalidad cotidiana,
es decir se vuelve parte de nosotros,
se normaliza, se adopta,
se acepta y se replica.
Por desgracia,
lo que llamamos indiferencia:
apatía, desinterés,
insensibilidad afectiva,
neutralidad actitudinal,
deshumanización, desconexión,
pasividad y otras actitudes similares,
constituyen la característica
de la indiferencia endémica,
pues todas ellas se han integrado,
en mayor o menor medida,
a la normalidad cotidiana.
Y entonces,
la vida, el presente
y el impredecible futuro,
se pintan con matices
de indiferencia,
con actitudes indiferentes,
con acciones que nos demuestran
ninguna empatía
con los demás,
sean conocidos o no.
Que haya indiferencia,
es algo que sabíamos,
y nos preocupaba.
Que esa indiferencia
sea endémica,
sea parte integral de nuestra forma de ser,
es algo que no solo
nos debe preocupar,
nos debe alarmar,
nos debe doler
y nos debe llevar,
a trabajar en hábitos
y actitudes
que nos devuelvan
nuestra condición y dignidad
de seres humanos,
porque la indiferencia
es al final la muerte del amor.
Hay a quienes,
se los lee,
cual hojas de un libro:
en silencio, con tiempo,
con dedicación... con deseo.
¿Te has preguntado para que estás?
¿Has podido responder esa pregunta?
¿Qué vas a hacer con la respuesta?
Los puestos de responsabilidad
hacen a los hombres eminentes más eminentes todavía,
y a los viles, más viles y pequeños
Jean de la Bruyere
Hay una gran diferencia,
un enorme abismo,
entre asumir una responsabilidad
y ejercer el poder que,
un puesto, un cargo,
un encargo o una dignidad
comportan como tal.
Me preocupa,
que asumir una responsabilidad,
se lea solamente
como el derecho de ostentar
y ejercer el poder,
sin medir
consecuencia alguna.
En la vida,
o en vida,
asumimos por encargo,
o por destino,
diversas responsabilidades.
¿Cómo respondemos a ellas?
¿Cómo nos comportamos
ante una responsabilidad
puesta en nuestras manos?
Hay muchas formas
de asumir las responsabilidades:
lavarnos las manos,
echar la culpa a otros,
abusar del poder,
ser mediocres ante el reto
de asumir una responsabilidad,
equivocarnos y enmendar,
aprender, corregir y fortalecer,
ser responsables y corresponsables.
Hay muchas formas
de asumir las responsabilidades,
lo importante es ser
lo suficientemente honestos
para decirnos
en cuál de ellas nos ubicamos,
cuál de esas actitudes nos caracteriza.
Ya sea que ejerzamos,
el cargo más importante de un país,
de una región, de una ciudad,
de un barrio, de una comunidad,
de una organización, de una representación,
de una familia, de una institución,
de nuestra vida misma,
la necesidad de ser responsables,
es la misma y es igualmente importante
y muy delicada.
Lo que hagamos,
o dejemos de hacer
con nuestras responsabilidades
marcará el destino
personal y colectivo
de nuestra vida, de nuestras vidas
y de las vidas de los que vienen.
Lo que nos pasa,
para bien o para mal,
tiene que ver
con la forma o formas
en las que asumimos la responsabilidad:
consciencia y voluntad,
compromiso y obligación
ética y moral
rendición de cuentas
y el valor de corregir y reparar,
harán de la responsabilidad
una fuerza necesaria
para caminar hacia un horizonte
más humano y más cercano,
a eso que llamamos felicidad.
Nos necesitamos más comprensivos
y menos juzgadores.
Nos necesitamos más humanos
y menos autómatas.
Nunca se tiene tiempo,
para aquello que se dice:
“debo tener tiempo para…”
Si lo quieres, si lo necesitas,
hazlo.