La educación es
el ejercicio de ajustar el método,
de acuerdo al tiempo
y también a las personas.
La educación es
el ejercicio de ajustar el método,
de acuerdo al tiempo
y también a las personas.
Por ella,
caminaban noches enteras.
Por ella,
cambiaron el rumbo,
cambiaron la vida.
Por ella,
lo dieron todo,
incluso si no tenían nada.
Por ella viven,
a pesar de la muerte.
La integridad es la habilidad de ser fiel a una idea.
Eso presupone la capacidad de pensar
Ayn Rand
Hay prácticas
modas, formas
o hábitos,
que buscan hacernos creer
que cierto tipo
de comportamientos,
de actuaciones,
y de clichés,
son los que caben,
porque los practican,
algunas personas
que ejercen
cierto tipo de liderazgos,
representaciones
o responsabilidades.
Recuerdo,
un proverbio,
que dice que:
lo que Juan dice Pedro,
habla más de Juan,
que de Pedro.
Y lo recuerdo,
en tiempos
donde algunos liderazgos,
o “ejemplos”,
son como los del Juan,
del proverbio,
llenando sus bocas,
sus espacios
y sus redes sociales
y virtuales,
con dichos, insultos
y vejaciones,
que al final
hablan más de ellos,
que de los otros.
Pero,
más allá de ello,
lo que no cabe,
es que ese supuesto “liderazgo”,
olvide,
en este caso,
dos cosas claves:
la integridad
no se presume,
se gana,
a pulso y de buena fe,
con coherencia,
honestidad, responsabilidad
y respeto,
valores difíciles de entender
y de practicar
por parte de los farsantes.
Y, lo segundo,
en la boca de esos
pseudo líderes,
la opinión, no es respetable,
está en duda,
pues le antecede
una mente poco transparente
y nada lúcida.
Es verdad,
hay derecho a opinar,
pero sin integridad,
esa opinión pierde
argumento y fundamento.
Regresamos entonces
a la necesaria integridad:
que proviene del latín integritas,
que significa totalidad o estar intacto.
Una forma de vida,
donde los valores no están fragmentados.
El filtro de la integridad,
desnuda la falsedad
de liderazgos ajenos a la verdad.
Hay presencias,
que cambian por completo,
una vida, una vidas,
haciendo del presente
un eterno futuro.