Era como un domingo en la tarde...
no quería que acabe.
Sentándose
a la sombra de un árbol,
se dio cuenta
de que varios
de los que le acompañaron en el camino,
ya no estaban,
se habían ido,
habían pasado
o habían muerto.
A la sombra de un árbol,
miró lo caminado,
y aunque se había equivocado
en varias rutas (y decisiones),
sintió que valía la pena,
sobre todo por él
y por quienes siguen a su lado.
A la sombra de un árbol,
visitó su corazón,
allí están y estarán,
los deben estar.
Muchas terrazas,
acumulan basura,
con la creencia de que
nadie la ve desde abajo.
Olvidan que otros ven,
desde arriba.
Estás, estuviste, estarás;
hay presencias que marcan y se guardan,
muy hondo, en la profundidad de la eternidad.
Cuando la maldad es contagiosa,