He visto tu alma:
apagada y en llamas,
y la amo con intensidad.
¿Te has preguntado para que estás?
¿Has podido responder esa pregunta?
¿Qué vas a hacer con la respuesta?
No puedes seguir mirando
tantas veces tu cicatriz,
sin convencerte que,
sin ella, no serías…
Hay penas,
que parecen que ya no duelen.
Cuando despiertan,
te recuerdan que están allí,
que solamente duermen,
para que la vida siga,
y la puedas vivir.
Que los halagos
y las felicitaciones,
cuando lleguen,
viajen a tu corazón
y no a tu cabeza.