Si nos acostumbramos al caos,
el caos será parte de un nosotros,
cada vez, más difícil de enfrentar.
Si nos acostumbramos al caos,
el caos será parte de un nosotros,
cada vez, más difícil de enfrentar.
En música,
el sonido y el silencio,
son parte de un todo.
Ninguno más importante que el otro,
pues son parte de un todo.
Se instalan puertas y ventanas para la habitación,
pero del vacío interior depende su utilidad.
Ponemos atención en la apariencia,
pero lo que realmente sirve es la esencia
Lao Tsé
La velocidad
de la vida actual,
nos lleva a incorporar
lenguajes y actitudes
que tiene que ver
con la inmediatez.
Todo resultado,
requiere verse de inmediato.
Todo logro,
superficial sobre todo,
se muestra a un público digital,
al que se quiere agradar
y mostrar ser
alguien que hace,
sin saber por qué y para qué.
El análisis,
carece de rigor
y solamente es una rápida
lectura de un titular
o de un resumen
de una información o un dato,
de un hecho o un comentario.
El análisis,
carece de rigor
y es mirar un video,
que cuenta una verdad,
en muchos casos,
sin sustento,
sin argumento,
sin ética, sin respeto.
Mucha gente,
yendo rápido por la vida,
muy ocupada, muy estresada,
casi sin tiempo para hacer,
casi sin tiempo para pensar,
casi sin tiempo para analizar,
por qué es como es,
por qué piensa lo que piensa,
por qué hace lo que hace,
por qué camina…
a ningún lugar.
El hacer,
no siempre significa
una intencionalidad,
una planificación, un orden,
un rigor, un esfuerzo,
un hábito, un proyecto,
un deseo, un cambio para mejor.
El hacer,
en muchos casos,
es parecer hacer,
y agobiarnos en el trayecto,
sumándonos en silencio
a un gran montón,
de otros agobiados,
estresados y alejados
de una realidad que nos extraña,
cada vez más.
Debemos hacer del hacer,
una forma de vida.
Un hacer,
que valga la pena,
que nos valga la pena,
que nos honre,
que nos lleve a servir,
a crecer, a entender,
a actuar, a interactuar,
a pensar, a sentir,
a comprender y a guiar,
un hacer con utilidad,
para bien propio
y el de los demás.