Enseña a los niños, y no será necesario castigar a los hombres
Pitágoras
Una cámara,
había grabado,
el momento
en que dos niños
sustraen de un local comercial
una caja de estampas
del famoso álbum
del mundial.
Una travesura,
una imprudencia,
un acto impulsivo,
producto del deseo
y de la “locura”
del mundial de fútbol.
Es más,
es un hecho,
que bien podría
pasarse por alto,
pues no hay maldad
ni intensión de daño.
Pero también,
es un imperceptible indicador,
de un hecho aterrador
que con el paso de la vida
se convierte
en una verdad absoluta:
el fin, justifica los medios.
Uno de los compromisos
que la sociedad tiene
para con la niñez
y la adolescencia
es el de construir en ellos
un pensamiento crítico
y cuidar su salud mental.
Los niños
y los adolescentes
aprenden de lo que ven,
de lo que les mostramos;
aprenden de nosotros
padres, madres, familia,
amigos, vecinos
y ejemplos de vida,
del tipo que sea,
en todo ese mundo virtual
de las redes sociales
y en este mundo real.
Enseñar también
el valor de ser
como se debe ser,
sin tener la necesidad
de que alguien te vea,
te vigile,
te controle y te castigue.
El valor de corregir,
de enmendar,
de poder entender
el amor propio,
el valor propio
el respeto, el autoestima.
El poder vivir,
una niñez
donde la inocencia sea
la compañera plena
de todos los momentos,
de todas las vivencias
de todas las horas,
y no que esa inocencia
penda de un hilo
y se acerque al abismo
donde muere la inocencia
y donde se contamina
el corazón y la vida
de una niñez víctima
de las violencias
siniestras.