La juventud es un regalo de la naturaleza,
pero la edad es una obra de arte
Stanislaw Jerzy Lec
Vivimos ciclos,
tiempos, momentos,
instancias, proyectos.
Vivimos con propósito,
o con despropósito,
con o sin ¿por qués?
Conscientes o no
de lo que somos
o, de lo que hacemos.
Vivimos tiempos,
que nos parecen eternos
y otros que son tan fugaces,
que se van,
como agua entre los dedos.
Independientemente,
de la forma o formas
en las que se viva la vida,
esta llega, esta pasa,
y esta se va.
Y nuevos ciclos se inauguran,
al tiempo,
que se cierran otros.
Miraba,
como de una mano a otra,
alguien entrega la posta.
Una mano con arrugas,
a otra de piel lozana.
Una cabeza con canas,
a una cabeza en la que empieza
la ebullición del pensamiento
y de la creación.
No sé si es el inicio de uno,
o el fin del otro.
No quiero verlo así,
quiero pensar
en la vida como arte,
y por ello invitarme
a crear lo mejor,
en cada ciclo, en cada momento,
en cada tiempo,
en cada oportunidad.
Ni toda juventud es fuerza,
ni toda vejez debilidad.
Ni toda juventud es creatividad,
ni toda vejez, olvido.
Si la vida es como arte,
lo que siento y lo que quiero mirar,
es una suerte de fusión
de un ciclo a otro,
de un entregar el testigo,
y de acompañar en el camino.
Quien ha caminado,
con propósito y conciencia,
lleva al hombro
el valor de las cicatrices,
el resultado del carácter,
y el sabor de la sabiduría,
que no es otra cosa que
el conocimiento,
la inteligencia y la experiencia
cuando han pasado por el filtro
del buen juicio, la empatía y el sentido ético.
Quien empieza el camino,
debe cultivar el buen uso
de la belleza de la edad
y el potencial que puede proyectar.
Todo un arte,
que requiere sacrificio,
dedicación, silencio y aprendizaje.
Al final,
las edades juntas,
son arte, que multiplican,
crean y construyen,
un tiempo que respeta
y que a la vez proyecta y crea.