Voces, historias y risas.
Espejos, rostros y tiempos.
Trajes, diseños y maquillajes.
Todo, antes de que la obra
pueda empezar su viaje.
Voces, historias y risas.
Espejos, rostros y tiempos.
Trajes, diseños y maquillajes.
Todo, antes de que la obra
pueda empezar su viaje.
La juventud se vive sin saber qué significa,
eso forma parte de su esencia
Elvira Lindo
Hoy se usa
una serie de adjetivos
para describir
eso que llamamos juventud.
Por desgracia,
en su mayoría,
los adjetivos tienen que ver
con debilidad, desconocimiento,
imprudencia, irresponsabilidad,
inmadurez, desenfoque
y otras tantas palabras más.
De tanto repetirlo,
nos convencemos de ello,
y lo peor es que,
corremos el riesgo,
de convencer a los jóvenes
de algo que no son.
Más allá de los matices,
y de los casos,
por diversas razones y motivos
he convivido este tiempo con jóvenes
en diversos momentos...
todos intensos.
Y, la verdad,
he encontrado miradas,
palabras, criterios,
acciones, pensamientos,
deseos, anhelos,
reflexiones y comportamientos,
que me hablan
en un lenguaje que había olvidado
y que me dicen que la juventud
es muchas cosas
y también es esperanza,
y ganas de hacer
de una forma diferente.
Voces que piden espacios,
y acciones sin mala fe.
Una esperanza que se gesta,
una vida que quiere florecer.
Y pienso que debemos aprender,
cuanto antes,
a escucharnos, a apoyarnos,
a crear colaborativamente,
a no dejar a nadie de lado
y actuar sin esperar tanto permiso
peor aún, validación social.
Y eso es un ejercicio intergeneracional,
desde que naces, hasta que te vas.
De esa forma,
se pueden comunicar,
cuidar y colaborar,
contextos generacionales,
que corren el riesgo de
quedarse en la crítica
y no en la comprensión.
De esa forma,
podremos tener
una juventud que construya,
se realice, se proyecte
y sea digna.
Cuando compartes,
dejas una parte de ti,
en las historias
y en los corazones
de los que te escucharon.
El camino se nutre,
de noches y días,
donde no todos avanzan
al mismo ritmo,
ni con el mismo ánimo.
Algunos pausan,
otros dan media vuelta,
varios reniegan,
hay quien ríe,
otro llora,
muchos colaboran,
otros tantos asechan,
y hay quienes atentan.
Es así,
es el camino,
y en el caminar aprender,
qué tipo de caminante quieres ser.
Colaborar,
un ejercicio humano,
que es contrapeso
al individualismo
y aliado de la solidaridad
la comprensión
y el desprendimiento.