Aquel sano ejercicio y reto
de aprender a amar,
cuidar y cultivar
las flores de tu jardín.
Cuídate de la costumbre,
es capaz de devorar,
al amor más grande
y al más grande de los sueños.
Sólo una colectividad que se rija por el respeto a la vida humana,
la tolerancia y la libertad
puede sacar al mundo del cruel abismo en que los poderes políticos la conducen
Aldous Leonard Huxley
En 1853,
un diplomático venezolano
escribió una obra
que se convirtió con el tiempo
en un texto de aprendizaje,
reflexión y práctica.
Ese libro lleva por nombre:
“Manual de urbanidad
y buenas maneras”,
y recoge en sus páginas,
normas de comportamiento,
civismo y etiqueta
tanto en el entorno familiar,
escolar, como en la vida social
y profesional .
Con el tiempo,
los libros se van quedando
en los anaqueles y librerías
y las personas,
olvidamos leerlos,
releerlos, entenderlos,
interiorizarlos
y en este particular caso
darles vida,
a través de la acción y la palabra.
Me refiero a esto,
porque son tiempos,
en los que necesitamos
de las buenas maneras,
del respeto y de la urbanidad,
como forma de vida.
En estos días,
un barrio de mi ciudad,
sufrió una agresión
por parte de quienes
hacen de la política
un uso nada respetuoso.
Decidieron llevar adelante,
un disfrazado acto de campaña,
en torno a los partidos
del mundial de fútbol.
Música estridente,
contaminación de ruido,
afectación a la movilidad,
destrucción del espacio público,
basura y sobre todo,
un sentido de indefensión
e irrespeto,
dejaron a su paso,
la falta de las buenas maneras,
la falta de urbanismo,
la falta de buenas costumbres.
Y no solo
me refiero a esos políticos,
o a otros,
me refiero a los ciudadanos
que acuden a esos llamados,
que se orinan en las calles,
que botan la basura
donde les da la regalada gana,
que destruyen el espacio público,
que irrespetan la propiedad (pública o privada),
esos que aplauden eso que pasa,
y que luego acuden a las urnas,
¿a validar las malas maneras?
Necesitamos de las buenas maneras,
de aquellos valores,
que hicieron, hacen y harán
que la humanidad
pueda vivir con dignidad.
Y esto se aprende,
se practica y se transmite
De nosotros depende.
Las palabras de amor,
de consuelo y esperanza,
tienen una fuerza inesperada,
sin importar el tiempo
y tampoco la distancia.