Nada tan dañino
como la mediocridad.
No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos
Universidad de Nanterre
Paris, mayo del 68
Al poder le tienta
y le llama,
de forma continua,
de siniestra forma,
el gusto y la gana
del control total,
de la “tranquilidad”
de saberse solo,
sin peligro alguno,
que ponga en duda
su fuerza, sabiduría,
inteligencia y criterio.
La historia nos cuenta,
tristes momentos,
de una humanidad presa,
de la locura de seres humanos,
que decidieron disponer
del tiempo, la dignidad
y la vida de otros seres humanos,
usando como pretexto,
la búsqueda de un supuesto bienestar,
de mejores días, de mejores personas,
de mejores momentos,
de nuevos y prometedores futuros.
Las actitudes
y acciones totalitaristas
de lo que llamamos poder,
en un…
continente, país, ciudad,
región o comunidad,
se basan en herramientas
acordes a los momentos de la historia.
En el pasado,
el énfasis era en relación
a un siniestro futuro,
y al uso de la fuerza
y una violencia física
que provoque miedo,
terror y pavor.
Hoy se suman,
la vigilancia tecnológica,
una suerte de
sociedad de masas automatizada,
que debe caminar junta
a un mismo lugar (sin preguntar),
vacía y sin capacidad
de preguntarse ni preguntar,
porque la seguridad está,
en no implicarse, en no ser visible,
en no “molestar” al poder.
Otras herramientas
del totalitarismo contemporáneo,
tienen que ver
con discurso, mensajes
que buscan construir una verdad
donde la libertad de pensamiento
y la acción espontánea
son vistas como un irrespeto
a ese poder que escribe
una supuesta verdad de los hechos
y de la forma de pensar de todos.
El asecho
del totalitarismo contemporáneo,
echa mano del dinero,
que supuestamente lo entrega,
lo “regala” y lo hace
supuestamente alcanzable,
mostrando una cara de sensibilidad
que encubre un acto
de compra de conciencias.
Y nuevas violencias,
adornan al totalitarismo contemporáneo:
un discurso que pide
cuidarse de errores pasados,
y aquella violencia sociocultural
que impone miedo,
pues nuestras acciones son vigiladas,
castigadas y silenciadas
cuando piensan y actúan diferente
al poder total, a aquel poder
que dijo que no cometería jamás,
los crímenes y delitos
que cometieron los poderes anteriores
aquellos que lo antecedieron,
aquellos que cayeron también,
el la tentación y redes
del temible totalitarismo.
Más que el éxito,
admiraba la constancia
y la disciplina
con las que se entregaba
cada día, a pesar de las circunstancias.
Cada tiempo
trae consigo,
penas y alegrías,
olvidos y recuerdos,
lágrima y risas.
Cada tiempo se recuerda,
por la intensidad de sus momentos.