¿Y si no te rindes?
¿Y si dejas de ser, un número más?
No hay hombre que,
revestido de un poder absoluto para disponer
de todos los asuntos humanos,
no sea víctima de la soberbia y la injusticia
Platón
Es, una idea atractiva,
una respuesta
a interrogantes complejas,
una muestra
de que el fin,
justifica los medios,
una forma en la que
ciertos liderazgos
inauguran un nuevo orden,
un estilo de hacer,
una forma de ser,
una invitación a aceptar
una nueva forma de pensar.
Ya no solo es,
llegar al poder,
la idea principal,
es tener el poder total,
el absoluto poder
que permita cambiar,
e imponer
la forma de ser
y la forma de hacer,
no solamente del poder
si no, de aquellos
que han decidido, o no,
someter su destino a él.
A mayor miedo,
injusticia e ignorancia,
el poder absoluto
se valida como
el camino ideal,
para poder cambiar la realidad.
Y ese cambio exige,
silencio y aceptación.
La crítica es innecesaria,
un delito quizá,
o una maldición,
de aquellos malditos,
que levantan su voz,
reclamando la necesidad
de no olvidarse de pensar,
de meditar, de analizar,
de criticar, de construir,
de buscar formas no violentas,
de cambiar la realidad.
El poder absoluto,
reescribe el tiempo y la memoria,
inaugura una nueva historia,
y etiqueta con fuerza,
a quienes son considerados,
peligrosos para el absoluto.
La ignorancia,
la injusticia
y el miedo,
son cada vez más crecientes,
y los nuevos creyentes
en el absoluto,
ignoran el peligro
de perder la capacidad
de poder pensar
con su propio cerebro,
de poder hablar por boca propia,
de poder crear
con sus propias manos
y sus propios recursos,
pues el absoluto dicta
la forma de ser, pensar y hacer.
Y esto,
que parece un cuento,
es una triste realidad,
presente en el gran mundo,
en la gran ciudad,
en el pueblo,
en el barrio
y en el espacio familiar.
Esfuerzo y actitud,
dos herramientas
que harán que tu camino,
te permita dirigirte
a aquel destino
que sueñas y construyes,
con empeño y no sin miedo.