Que tu palabra
o tu silencio,
se ganen el derecho
a estar presentes
en su debido momento.
La vida continúa y nosotros con ella.
La vida continuará y nosotros seremos:
memoria, historia, recuerdo u olvido.
Más que a nada, le temo a la orfandad ética
Marcela Serrano
La forma o formas,
en las que las sociedades,
del tipo o tamaño que sean,
necesitan para vivir,
convivir, compartir,
trabajar, crecer y progresar,
requiere de la presencia
de elementos fundamentales,
como la ética.
Si lo que llamamos ética,
se deja de lado,
se relega,
se minimiza,
la garantía de que los actos humanos,
de que las responsabilidades,
de que los roles sociales,
de que los derechos y los deberes,
que son parte
de nuestra propia naturaleza,
se vea seriamente afectada.
Y por ello me preocupa,
cuando observo
que en lo grande
y en lo pequeño,
cada vez es más común
que el fin,
justifique los medios,
porque es una vía rápida,
para mostrar supuestos logros,
que luego serán reemplazados,
por otros fines,
que necesitarán de otros medios,
cada vez más alejados
de la ética y las buenas costumbres.
En nombre de la seguridad,
hemos asumido,
el vivir inseguros.
El mundo destina
incalculables cantidades
de dinero y recursos
a la fabricación y venta
de armas, armamentos
y nuevos elementos
para hacer frente a la inseguridad.
Lo cual relega,
y deja en segundo plano,
elementos claves
del convivir humano:
¿matamos a los malos,
independientemente
de que en esa afirmación,
incluyamos a los débiles,
a los inocentes
y a los que no tienen voz
ni capacidad de opinar?
En nombre de la seguridad,
la justicia, el respeto,
y la dignidad,
quedan en segundo plano.
Ni se diga,
la educación, la salud
y aquella posibilidad de construir
un pequeño y sencillo
mundo mejor, para cada uno.
En nombre de la seguridad,
el poder en el poder,
deja de rendir cuentas
y cuestiona y silencia,
cualquier voz que opine en contra.
Cuando el fin justifica los medios,
la voluntad, la conciencia y la libertad,
dejan de ser patrimonio de la humanidad
y de la ética,
y pasan a manos
del poder en el poder.
Más que al crimen
o al criminal,
hay que temer
a una sociedad
huérfana de ética.