Hay para "siempres”
que son para siempre.
Cualquier camino sirve,
a quien no sabe a dónde va.
Cualquier palabra vale,
para quien no sabe pensar.
Siempre me sorprende,
y por qué no, me duele,
cuando la ignorancia se suma
a la ausencia de sentido común.
Incapaz de luchar contra tanto pasado,
abrió los ojos y se enderezó
Julio Cortázar
Esta semana,
asistí a una ceremonia,
en la que personas
que habían cumplido
la sentencia que recibieron
en su momento,
por haber cometido un delito.
En dicha ceremonia
en lugar de una sentencia
recibieron un certificado
que acreditaba su formación
en habilidades para un nuevo comienzo.
Varias instituciones
y personas unieron
voluntades y acciones,
y sumaron esfuerzos
para este nuevo comienzo.
En un país,
en una sociedad,
cada vez más desconfiada
y despechada,
en la que poco o nada
se cree en las personas,
peor en aquellas
que han sido sentenciadas
y han pasado un tiempo,
corto o largo,
en una cárcel,
asistir a ese evento,
me dejó un sentimiento,
o varios al respecto.
No llegamos a dimensionar,
el efecto multiplicador,
de las voluntades
cuando deciden trabajar
por un objetivo común,
por el prójimo,
por el más débil,
por el que más lo necesita.
Que jamás,
la gente común,
en lugares comunes,
deje de hacer
obras maravillosas
que transforman
a las personas y a la sociedad.
Lo segundo,
es el tema del nuevo comienzo.
Aunque nadie puede volver atrás,
y regresar en el tiempo
quien se propone,
con el apoyo necesario,
puede comenzar,
a partir de su voluntad
la construcción de un nuevo final,
que es a su vez,
un nuevo comienzo.
Ello requiere
de mucho valor,
templanza, voluntad y tolerancia,
pues los dedos que apuntan,
y los prejuicios que juzgan
nos acompañarán
hasta el final de los tiempos.
A pesar ello,
bienvenido siempre,
un nuevo comienzo,
y gracias eternas
a las manos y a los corazones voluntarios,
que creen a pesar de los pesares
y que nos permiten
empezar de nuevo.
Dar paso en tu vida
a la constancia y a la disciplina
hará que ellas,
en el momento preciso,
de la mano te lleven
a que vivas la experiencia
de poder construir
tus sueños y anhelos,
y que no te detengas.
No nos preguntemos,
si volveremos algún día.
Vivamos este día,
como el primero,
como el último,
como el más salvaje
de nuestras vidas.
Por eso,
guardo siempre
una lágrima o varias de ellas.
Se que las necesito
y las necesitaré.
Con algo debo, limpiar el alma.
No hay función en la vida más esencial y eterna
que la de la maternidad.
M. Russell Ballard
Cierra los ojos,
y siente la melodía de su voz,
la perfección de su tacto
y la eternidad de su amor.
Así siempre fue,
así siempre será,
ella siempre estará,
ella... mamá.
El sentido de lo maternal,
es de tal fuerza,
que supera el tiempo,
y la vida misma,
pues una madre vive,
en cualquier espacio imaginable.
Para siempre,
es un hoy,
o una suma de mañanas.
O, la suma de recuerdos,
o una suerte de olvidos,
sentidos o perdidos,
en el confín de los tiempos.
La vida continúa y nosotros con ella.
La vida continuará y nosotros seremos:
memoria, historia, recuerdo u olvido.
Más que a nada, le temo a la orfandad ética
Marcela Serrano
La forma o formas,
en las que las sociedades,
del tipo o tamaño que sean,
necesitan para vivir,
convivir, compartir,
trabajar, crecer y progresar,
requiere de la presencia
de elementos fundamentales,
como la ética.
Si lo que llamamos ética,
se deja de lado,
se relega,
se minimiza,
la garantía de que los actos humanos,
de que las responsabilidades,
de que los roles sociales,
de que los derechos y los deberes,
que son parte
de nuestra propia naturaleza,
se vea seriamente afectada.
Y por ello me preocupa,
cuando observo
que en lo grande
y en lo pequeño,
cada vez es más común
que el fin,
justifique los medios,
porque es una vía rápida,
para mostrar supuestos logros,
que luego serán reemplazados,
por otros fines,
que necesitarán de otros medios,
cada vez más alejados
de la ética y las buenas costumbres.
En nombre de la seguridad,
hemos asumido,
el vivir inseguros.
El mundo destina
incalculables cantidades
de dinero y recursos
a la fabricación y venta
de armas, armamentos
y nuevos elementos
para hacer frente a la inseguridad.
Lo cual relega,
y deja en segundo plano,
elementos claves
del convivir humano:
¿matamos a los malos,
independientemente
de que en esa afirmación,
incluyamos a los débiles,
a los inocentes
y a los que no tienen voz
ni capacidad de opinar?
En nombre de la seguridad,
la justicia, el respeto,
y la dignidad,
quedan en segundo plano.
Ni se diga,
la educación, la salud
y aquella posibilidad de construir
un pequeño y sencillo
mundo mejor, para cada uno.
En nombre de la seguridad,
el poder en el poder,
deja de rendir cuentas
y cuestiona y silencia,
cualquier voz que opine en contra.
Cuando el fin justifica los medios,
la voluntad, la conciencia y la libertad,
dejan de ser patrimonio de la humanidad
y de la ética,
y pasan a manos
del poder en el poder.
Más que al crimen
o al criminal,
hay que temer
a una sociedad
huérfana de ética.
No es solamente el logro,
es, sobre todo, el camino,
el tiempo y el esfuerzo para llegar a él.
El hombre no muere cuando deja de vivir,
pero si cuando deja de amar
Sir Charles Chaplin
Cuando la muerte sucede,
y lo hace con cercanía:
familia, amigos, personas queridas,
es inevitable pensar
en la vida que somos
y quizá,
en la muerte que seremos.
Más allá del dolor,
de la pena, de la ira,
de la inconformidad,
del cuestionamiento natural,
del por qué, del cómo
y tantas preguntas más,
es inevitable pensar
que en algún momento llegará,
y no habrá tiempo para actuar,
corregir, cambiar,
y hacer, tantas cosas,
decir, tantas palabras,
callar, palabras innecesarias,
abrazar, comprender y amar.
Por ello,
el mensaje que me deja,
la cercana muerte,
la muerte que seremos,
es el pensamiento
y la reflexión sobre la vida que somos.
La muerte,
maestra silenciosa,
nos invita a pensar,
a pensarnos,
aprovechando un presente,
sabiendo que el mañana,
es algo que llegará, o no.
Nos invita a vivir,
pero vivir con intensidad,
con propósito, con ganas,
y llevar adelante,
aquello que soñamos,
así no suceda,
tal como lo pensamos.
Nos invita a cultivar,
recuperar, valorar
y vivir la hermosura
del tiempo compartido
con los que amas y te aman.
De ser gratos,
con aquella voz,
con aquellas manos,
con aquel hombro,
que acompañan
el camino de la vida.
De devolver bien,
a pesar de los pesares.
No quisiera estar,
en el pasillo de la muerte
y tener que pensar,
que por qué no hice
lo que siempre quise hacer.
Quisiera pensar,
que si bien,
no conseguí todo lo que quería,
y no es solo lo material,
al menos traté con dignidad
a quienes tuve a mi lado,
y si algo queda,
de la vida que soy,
que la muerte que seré,
sirva para poder seguir haciendo
aquello que hace bien
a los seres humanos.
Y llega el día,
en el que la muerte llama a tu puerta.
No hay más,
solo queda tu testimonio de vida,
que es a la vez,
lo que viene luego... de la muerte,
y lo que da nueva vida.
No tengas miedo, le dijo,
y si el miedo insiste en quedarse,
lo dividimos para dos, agregó.
Los liderazgos inspiran,
para bien o para mal.
Los líderes
deberían estar conscientes de ello.
Conciencia que les juzgará,
para bien o para mal.
Pasó de querer
que los días terminaran cuanto antes,
a desear, con todo su corazón,
que la vida siga,
que no termine el día,
porque sentía
que se le iba la vida.
Una parte del corazón
siempre tendrá motivos
y razones suficientes,
para llorar,
para llorar siempre.
El trabajo en equipo es el secreto que hace que gente común
consiga resultados poco comunes
Ifeanyi Onuoha
Hay una frase,
atribuída a Albert Eistein,
que reflexiona
en la sencilla
y a la vez compleja fórmula,
de conseguir resultados diferentes.
Para ello,
lo que no se puede,
ni se debe,
es hacer lo que impide
un resultado nuevo.
Si a esa fórmula,
le agregamos otra,
que tiene que ver
con el efecto que produce
el trabajar de forma conjunta
hacia un mismo objetivo,
frente al hecho,
de hacerlo solo, o solos,
el resultado
es y será exponencial.
¿Por qué
estas reflexiones,
que son de sentido común,
son las menos comunes,
y las menos posibles
en diversos contextos
y entornos humanos?
A pesar,
de que la experiencia
nos demuestra
que el trabajo en equipo
y el intentar y hacer las cosas
de forma innovadora,
nos producirá, sin duda,
resultados sorprendentes
y de beneficio común.
Hemos perdido,
la magia de confiar,
en uno mismo,
en los otros,
y esa desconfianza,
genera incomunicación,
imposibilita que podamos
tener una visión común,
haciendo complejo
el esfuerzo colectivo
que se afecta también,
por la presencia de los egos.
Los resultados diferentes,
no llegarán,
si se busca que el esfuerzo,
sea una suerte de promoción
de nombres y personas
que buscan el aplauso,
el reconocimiento
y la oportunidad de brillar
sin importar
el resultado, el objetivo
y el bien común.
Los resultados diferentes,
necesitan de cambios,
y el cambio es algo que no gusta,
pues gusta el acomodo,
lo conocido, en una suerte de conformismo,
que es a la vez diaria queja
de una realidad que no cambia,
pero “yo no quiero cambiar”,
solo queremos nuevos resultados,
y que lo hagan otros.
Que poco común,
es el sentido común,
y qué difícil es poder
trabajar juntos,
en beneficio de todos.
Intentarlo,
¡sí! intentarlo,
será la única forma de aprender,
a trabajar juntos
y hacerlo,
para confiar en que los resultados
sean diferentes,
en beneficio de todos.
Intentarlo,
una y otra vez.
La historia nos recuerda,
que la condición humana,
es una constante.
Atroces y atrocidades,
han existido,
de la mano de víctimas y victimarios.
Era ya,
un camino que dejó de caminarse.
No dejes de mirar,
de observar,
No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos
Universidad de Nanterre
Paris, mayo del 68
Al poder le tienta
y le llama,
de forma continua,
de siniestra forma,
el gusto y la gana
del control total,
de la “tranquilidad”
de saberse solo,
sin peligro alguno,
que ponga en duda
su fuerza, sabiduría,
inteligencia y criterio.
La historia nos cuenta,
tristes momentos,
de una humanidad presa,
de la locura de seres humanos,
que decidieron disponer
del tiempo, la dignidad
y la vida de otros seres humanos,
usando como pretexto,
la búsqueda de un supuesto bienestar,
de mejores días, de mejores personas,
de mejores momentos,
de nuevos y prometedores futuros.
Las actitudes
y acciones totalitaristas
de lo que llamamos poder,
en un…
continente, país, ciudad,
región o comunidad,
se basan en herramientas
acordes a los momentos de la historia.
En el pasado,
el énfasis era en relación
a un siniestro futuro,
y al uso de la fuerza
y una violencia física
que provoque miedo,
terror y pavor.
Hoy se suman,
la vigilancia tecnológica,
una suerte de
sociedad de masas automatizada,
que debe caminar junta
a un mismo lugar (sin preguntar),
vacía y sin capacidad
de preguntarse ni preguntar,
porque la seguridad está,
en no implicarse, en no ser visible,
en no “molestar” al poder.
Otras herramientas
del totalitarismo contemporáneo,
tienen que ver
con discurso, mensajes
que buscan construir una verdad
donde la libertad de pensamiento
y la acción espontánea
son vistas como un irrespeto
a ese poder que escribe
una supuesta verdad de los hechos
y de la forma de pensar de todos.
El asecho
del totalitarismo contemporáneo,
echa mano del dinero,
que supuestamente lo entrega,
lo “regala” y lo hace
supuestamente alcanzable,
mostrando una cara de sensibilidad
que encubre un acto
de compra de conciencias.
Y nuevas violencias,
adornan al totalitarismo contemporáneo:
un discurso que pide
cuidarse de errores pasados,
y aquella violencia sociocultural
que impone miedo,
pues nuestras acciones son vigiladas,
castigadas y silenciadas
cuando piensan y actúan diferente
al poder total, a aquel poder
que dijo que no cometería jamás,
los crímenes y delitos
que cometieron los poderes anteriores
aquellos que lo antecedieron,
aquellos que cayeron también,
el la tentación y redes
del temible totalitarismo.
Más que el éxito,
admiraba la constancia
y la disciplina
con las que se entregaba
cada día, a pesar de las circunstancias.
Cada tiempo
trae consigo,
penas y alegrías,
olvidos y recuerdos,
lágrima y risas.
Cada tiempo se recuerda,
por la intensidad de sus momentos.
Le llegó a decir,
que no desperdicie la oportunidad,
de amar y dejarse amar.
Son pocas las veces,
por no decirlo, únicas,
las que ese tipo de amor
llama a la puerta.
No hay libertad,
cuando el poder
solamente quiere escuchar
su propia verdad
y no la verdad de los ciudadanos.
El deber del superviviente es dar testimonio de lo que ocurrió, hay que advertir a la gente de que estas cosas pueden suceder, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan
Elie Wiesel
En biología
lo endémico es
una especie
que vive exclusivamente
en una zona geográfica,
como una isla, montaña
o un ecosistema particular,
sin encontrarse de forma natural
en ninguna otra parte del mundo.
Las especies endémicas
son fundamentales para la biodiversidad,
ya que representan
una alta especialización ecológica,
y nos enseñan esa especial forma
de adaptarse a las condiciones
sin perder la esencia.
En las ciencias sociales,
en la filosofía,
lo endémico
tiene que ver con
trastornos, emociones
o dinámicas relacionales
que son habituales,
persistentes y predecibles
en una población
entorno geográfico o cultura específica.
A diferencia de una crisis puntual,
un fenómeno endémico
está integrado en la normalidad cotidiana,
es decir se vuelve parte de nosotros,
se normaliza, se adopta,
se acepta y se replica.
Por desgracia,
lo que llamamos indiferencia:
apatía, desinterés,
insensibilidad afectiva,
neutralidad actitudinal,
deshumanización, desconexión,
pasividad y otras actitudes similares,
constituyen la característica
de la indiferencia endémica,
pues todas ellas se han integrado,
en mayor o menor medida,
a la normalidad cotidiana.
Y entonces,
la vida, el presente
y el impredecible futuro,
se pintan con matices
de indiferencia,
con actitudes indiferentes,
con acciones que nos demuestran
ninguna empatía
con los demás,
sean conocidos o no.
Que haya indiferencia,
es algo que sabíamos,
y nos preocupaba.
Que esa indiferencia
sea endémica,
sea parte integral de nuestra forma de ser,
es algo que no solo
nos debe preocupar,
nos debe alarmar,
nos debe doler
y nos debe llevar,
a trabajar en hábitos
y actitudes
que nos devuelvan
nuestra condición y dignidad
de seres humanos,
porque la indiferencia
es al final la muerte del amor.
Hay a quienes,
se los lee,
cual hojas de un libro:
en silencio, con tiempo,
con dedicación... con deseo.
¿Te has preguntado para que estás?
¿Has podido responder esa pregunta?
¿Qué vas a hacer con la respuesta?
Los puestos de responsabilidad
hacen a los hombres eminentes más eminentes todavía,
y a los viles, más viles y pequeños
Jean de la Bruyere
Hay una gran diferencia,
un enorme abismo,
entre asumir una responsabilidad
y ejercer el poder que,
un puesto, un cargo,
un encargo o una dignidad
comportan como tal.
Me preocupa,
que asumir una responsabilidad,
se lea solamente
como el derecho de ostentar
y ejercer el poder,
sin medir
consecuencia alguna.
En la vida,
o en vida,
asumimos por encargo,
o por destino,
diversas responsabilidades.
¿Cómo respondemos a ellas?
¿Cómo nos comportamos
ante una responsabilidad
puesta en nuestras manos?
Hay muchas formas
de asumir las responsabilidades:
lavarnos las manos,
echar la culpa a otros,
abusar del poder,
ser mediocres ante el reto
de asumir una responsabilidad,
equivocarnos y enmendar,
aprender, corregir y fortalecer,
ser responsables y corresponsables.
Hay muchas formas
de asumir las responsabilidades,
lo importante es ser
lo suficientemente honestos
para decirnos
en cuál de ellas nos ubicamos,
cuál de esas actitudes nos caracteriza.
Ya sea que ejerzamos,
el cargo más importante de un país,
de una región, de una ciudad,
de un barrio, de una comunidad,
de una organización, de una representación,
de una familia, de una institución,
de nuestra vida misma,
la necesidad de ser responsables,
es la misma y es igualmente importante
y muy delicada.
Lo que hagamos,
o dejemos de hacer
con nuestras responsabilidades
marcará el destino
personal y colectivo
de nuestra vida, de nuestras vidas
y de las vidas de los que vienen.
Lo que nos pasa,
para bien o para mal,
tiene que ver
con la forma o formas
en las que asumimos la responsabilidad:
consciencia y voluntad,
compromiso y obligación
ética y moral
rendición de cuentas
y el valor de corregir y reparar,
harán de la responsabilidad
una fuerza necesaria
para caminar hacia un horizonte
más humano y más cercano,
a eso que llamamos felicidad.
Nos necesitamos más comprensivos
y menos juzgadores.
Nos necesitamos más humanos
y menos autómatas.
Nunca se tiene tiempo,
para aquello que se dice:
“debo tener tiempo para…”
Si lo quieres, si lo necesitas,
hazlo.
Todos pasamos por algo,
todos vivimos un mundo interior.
Todos, cargamos a cuestas,
fantasmas, recuerdos, miedos.
El reto es,
aprender a convivir con ellos,
y que no impidan
hacer realidad los sueños.
#MiguelHernández
Para la libertad
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
En el aniversario de su muerte en 1942
No sueltes mi mano,
a pesar de la tormenta,
a pesar del frío.
No sueltes mi mano,
a pesar del tiempo,
a pesar de la vida.
No necesitamos ser el sol para iluminar el mundo;
incluso la más tenue luz de bondad puede hacerlo brillar
―Bhuwan Thapaliya
Una famosa antropóloga
respondió a la pregunta
sobre cuál creía ella
que podría ser
el primer signo de civilización
en la humanidad.
Su respuesta,
provoca estas letras,
pues dijo ella,
que hay evidencia
que permite concluir
que un ancestro sapiens
al romperse una pierna,
fue curado y cuidado
por alguien cercano.
La profesora continúa
y comenta,
que en ese hecho
se refleja un gesto,
un signo que marca
probablemente,
el inicio de la vida en común:
detenerse, para cuidar,
para dedicar tiempo,
proteger y curar al otro.
Cuidar y cuidarnos,
es fruto del cultivo y desarrollo
de fundamentales sentimientos
y actos,
como la compasión y la empatía.
Una base emocional
que permite sentir al otro,
al punto de entender
su sufrimiento.
Cuidar y cuidarnos,
son hábitos
que requieren práctica,
constante, permanente,
y que a la vez,
dan paso a la confianza,
que deriva en compromiso.
Es curioso,
que una buena práctica,
de inmediato lleva a otra
y a otra, haciéndonos bien.
En eso se parece también,
por desgracia,
la práctica y réplica
de aquellas conductas
que hacen daño y generan violencia.
Volviendo al cuidar y cuidarnos,
decir que su presencia y práctica
nos hace menos vulnerables,
y hace honor a la dignidad humana.
Que nos permite dedicar tiempo,
y también paciencia,
a estos temas, tan necesarios,
pero que con los años,
algunos de ellos,
parecerían dejar de ser importantes
y nos concentramos en los males,
y en los malos,
dejando de lado
la necesaria presencia
del cuidar y cuidarnos,
como signo de humanidad,
como herencia de verdad.
No hay nada nuevo en la experiencia humana, Sr. Tully. Cada generación cree que inventó el libertinaje, el sufrimiento o la rebelión, pero todos los impulsos y apetitos del hombre, desde lo repugnante hasta lo sublime, se exhiben aquí, a nuestro alrededor. Entonces, antes de descartar algo como aburrido o irrelevante, recuerda que si realmente quieres comprender el presente o comprenderte a ti mismo, debes comenzar en el pasado
Paul Giamatti
(Los que se quedan – película)
Nada nuevo
hay bajo el sol,
reza el adagio popular,
aunque parecería
que los oscuros tiempos
que cobijan los días,
que las macabras figuras
que dirigen países,
corporaciones,
organizaciones e industrias,
son un hecho de ahora
y que todo tiempo pasado
fue mejor,
una ligera revisión
de la historia,
nos permite descubrir,
que en todo tiempo,
guardando las distancias
y las circunstancias,
el ser humano demostró
en su paso por la historia
una singular capacidad
para obrar sin sentido común,
sin sentido de lo humano,
y sin reparar en el daño
que sus acciones
provocan a otros seres humanos.
Gobernantes y gobernados,
en todos los niveles
y formas de gobierno,
público, privado,
estatal, regional, provincial,
cantonal, organizacional,
en todos los niveles,
comparten la responsabilidad
de construir sociedades
menos irresponsables
y más comprometidas
con la dignidad de las personas.
Un dedo apunta
a los líderes,
que hoy lideran,
y tres dedos deben apuntar
a quienes los formaron,
a los hogares que los cobijaron
y a los entornos que los acompañaron.
Necesitamos estudiar el pasado,
para entender el presente.
La historia no es un relato
de hechos muertos,
es una forma de explicar
las raíces de lo que hoy pasa,
de las estructuras, los conflictos
y las identidades diversas.
Y, junto a ello,
necesitamos comprometernos,
desde todos los espacios
para educarnos y educar
en valores, sentidos y prácticas,
que rescaten lo mejor
de nuestra historia, de nuestra cultura
y conturbamos presentes,
que honren el futuro
de a quienes entregamos
un legado y no un proyecto fracasado.
Hay recuerdos
que son vida.
Hay recuerdos
que son presente.
Hay recuerdos
que son ausencia.
Hay recuerdos
que traen alegría.
Hay recuerdos
que traen dolor.
Hay recuerdos,
para llevarlos siempre en el corazón.
Cada tiempo,
lleva consigo,
diversos tonos
que por nombre llevan,
penas, alegrías,
lágrimas, risas,
sueños y desvelos.
A donde vayas,
te llevas a tí contigo.
Aprende a vivir
con tu yo interior y exterior
y a amar y valorar,
lo que eres, lo que fuiste
y lo que quieres ser.
Pequeñas y constantes acciones,
enfocadas al bien común,
a la paz mental y a la paz social.
Pequeñas y constantes acciones,
de personas comunes,
harán frente a la oscuridad y al caos.
La muchedumbre es juez despreciable
Cicerón
Uno de los principios
de un estado de derecho,
que tiene que ver con la persona,
es la llamada presunción de inocencia.
Dicho de otra manera:
la condición de inocencia
de un ser humano,
es connatural con el hecho de ser persona.
Somos inocentes,
hasta que se demuestre,
mediante un debido proceso,
de que debemos responder
por alguna falta o delito.
A pesar de ello,
a pesar de esto,
la historia registra
una innumerable serie de juzgamientos
a personas de todo tipo
de toda condición
que fueron juzgadas
vilipendiadas y sancionadas,
por todos, menos,
por la autoridad competente.
A esto se llama,
un juicio paralelo,
cuando el enjuiciamiento
nace del público, de los medios,
o de toda fuente ajena a los tribunales.
En el juicio paralelo,
quien declara culpable o inocente,
a una persona,
son los medios de comunicación,
las redes sociales,
y una parte anónima o no,
de la llamada
opinión pública.
Esta declaratoria,
llega mucho antes
que cualquier sentencia
de un juez o tribunal,
pues “la gente” busca,
espera y hasta necesita
una respuesta rápida,
hechos impactantes,
voces acusatorias,
un culpable,
un nombre, un acusado,
alguien a quien señalar,
y en algunos casos,
alguien a quien desear la muerte.
No es menos cierto,
que también es un derecho,
el pedir y preocuparse,
porque la administración de justicia,
cumpla con su rol
y que el debido proceso logre
encontrar al culpable
y que éste,
pague su pena,
conforme a la ley y la norma.
Pero ese derecho,
no puede ser jamás
un juicio paralelo.
La peligrosa costumbre,
de convertirnos en juzgadores,
en alimentarnos
de juicios paralelos,
nos puede llevar a olvidar
los elementos básicos
del sentido común,
del sentido de la humanidad,
y de los elementos constitutivos
de la dignidad.
El fin, no puede jamás,
justificar los medios.
Algunos se encuentran
consigo mismo.
Otros,
se convierten,
una y otra vez,
en alguien distinto,
mientras pasa la vida.
No se nace mujer, se llega a serlo
Simone de Beauvoir
Que pensar en igualdad,
respeto, tolerancia, apoyo,
comprensión, inclusión
y dignidad de la mujer,
no debe ser la consecuencia
de las violencias
que aún enfrenta la mujer
en cada uno de sus días.
Al contrario,
que sea el resultado
de haber entendido,
que la igualdad,
debe ser una condición
de dignidad humana.
Que todos, todos,
tenemos derecho,
a ser tratados con dignidad.
Y descubrirás,
que tus límites nacen en tu cabeza,
y en algunos casos,
de allí no se van nunca.
La prueba para saber si puedes o no hacer un trabajo
no debería ser la organización de tus cromosomas
Bella Abzug
Las fechas nos permiten,
celebrar, recordar,
conmemorar un hecho,
un anhelo, un deseo,
un momento,
que pasó, que debe pasar, que pasará
o que… quizá, no se deba repetir
¡jamás!
El día internacional de la mujer,
es también un momento,
para leer, reflexionar
y sobre todo actuar,
en torno a hechos y cifras
que nos llevan a concluir,
que aún falta, que aún nos falta trabajar,
para poder llegar
a ese humano anhelo
llamado igualdad.
11 mujeres,
son asesinadas al día
en América Latina,
en razón de su condición de mujer.
Una de cuatro mujeres,
al día de hoy,
en edades comprendidas
de los 15 a los 49 años,
han sido violentadas
física o sexualmente,
por alguien a quien llaman “pareja”.
Un veintiún por ciento
de las adolescentes,
entre los 15 y los 19 años,
han sufrido violencia
por su pareja, antes de cumplir
sus 20 años de vida.
118 millones de mujeres,
se encontraban en situación de pobreza en 2020,
aumentando su vulnerabilidad.
Y la tasa de participación laboral femenina
cayó al 46% en 2020,
comparado con el 69% de los hombres.
Casi un treinta por ciento
de las mujeres de la región
no cuenta con ingresos propios.
Pero las mujeres realizan
más del doble de trabajo doméstico
y de cuidado no remunerado
que los hombres.
Además, el 93%
del trabajo doméstico remunerado
es realizado por mujeres.
Se estima
que se necesitarán 47 años
para lograr la igualdad
de representación en los parlamentos nacionales
y 140 años para alcanzar la igualdad
en puestos de liderazgo y poder.
La inseguridad alimentaria,
afecta casi a un 41% de mujeres.
En fin,
las mujeres continúan siendo
el pilar de la fuerza laboral
y de cuidados en la región,
luchando contra las brechas estructurales de género,
que incluyen una brecha salarial
donde pueden ganar hasta un 19% menos
que los hombres por el mismo trabajo.
Aún falta mucho,
a pesar de los esfuerzos,
a pesar de las acciones,
falta mucho,
no podemos perder
la conciencia y el compromiso.
Uno de los mayores miedos
de una sociedad,
es a ser autónomos
y a tener la responsabilidad
de decidir sobre sus asuntos,
y sobre sus consecuencias.
La dificultad te entrega y te aporta la única libertad que cuenta
Antoine de Saint-Exupéry
La vida puso ante mis ojos,
en estos últimos días,
tres testimonios de entrega,
que me llevan a pensar,
cuán necesario es
cultivar aquella virtud
que nos vuelca
a la causa de nuestra vida.
Para cada uno en particular,
cada causa es única y especial.
Son testimonios que se comparten
con hechos más que con palabras.
Acciones, decisiones,
momentos complejos,
otros felices, otros… para olvidar,
pero todos, momentos que enseñan,
que motivan, que mantienen viva,
esas ganas, esa entrega,
ese sumar acciones,
para construir hábitos,
y hacer frente
a las voces de crítica y desaliento,
y a la voz interior,
que por momentos,
es la peor voz.
Testimonios que nos dicen,
que la entrega a la causa,
es la cosecha a la siembra
de la esperanza de una vida,
que decide,
asumir que estamos aquí,
para construir
para sumar,
para amar, para vivir,
para hacer frente,
a lo que los días traigan
junto a sus horas,
sus amaneceres
y sus desvelos.
Testimonios que son
una huella en el mundo,
y una demostración
que es posible,
si hay fe, si hay entrega,
si hay confianza, si hay constancia.
Testimonio
como el de aquella enfermera,
que da su vida por curar
cuerpos y almas
y que en lugar de guardar
el dinero para su bienestar (solamente),
lo comparte para ayudar a sanar
a los que más lo necesitan
y a los que menos tienen.
Testimonio
como el de aquella madre,
que junto a sus hijas
rescatan día a día,
la vida y la dignidad
de animales abandonados,
maltratados, abusados
y olvidados por una parte de una sociedad
que demuestra
que no tiene corazón,
ni responsabilidad, ni amor propio.
Testimonio
como el de aquella
joven artista
que expresa su arte,
su delicado arte,
a pesar de los pesares,
de las limitaciones
y de las complicaciones,
como un grito de entrega
y de esperanza
en una sociedad
necesitada de humanidad.
Son solamente tres,
de cientos y miles
de testimonios que nos dicem
que la entrega es la manera,
y que somos corresponsables,
de sumar e inspirar,
a pesar de que el mensaje general
sea de tristeza, soledad y miseria.
La conciencia es el último juez,
y por eso es la primera víctima,
de los asesinos de la humanidad
(y de la dignidad humana)
El valor de las cosas,
depende del valor que tú les des a ellas:
tu vida, tu amor, tu preocupación,
tu entrega, tu desamor, tu desinterés,
tu olvido, tu odio.
Mantener encendida la llama,
más allá de las circunstancias,
es un ejercicio de vida,
de tu propia vida,,,
Todos pasamos por oscuros:
momentos, tiempos, espacios, años.
Todos.
Lo que te sostiene en su tránsito,
es a lo que debes dedicarle tu vida.
No hay hombre que,
revestido de un poder absoluto para disponer
de todos los asuntos humanos,
no sea víctima de la soberbia y la injusticia
Platón
Es, una idea atractiva,
una respuesta
a interrogantes complejas,
una muestra
de que el fin,
justifica los medios,
una forma en la que
ciertos liderazgos
inauguran un nuevo orden,
un estilo de hacer,
una forma de ser,
una invitación a aceptar
una nueva forma de pensar.
Ya no solo es,
llegar al poder,
la idea principal,
es tener el poder total,
el absoluto poder
que permita cambiar,
e imponer
la forma de ser
y la forma de hacer,
no solamente del poder
si no, de aquellos
que han decidido, o no,
someter su destino a él.
A mayor miedo,
injusticia e ignorancia,
el poder absoluto
se valida como
el camino ideal,
para poder cambiar la realidad.
Y ese cambio exige,
silencio y aceptación.
La crítica es innecesaria,
un delito quizá,
o una maldición,
de aquellos malditos,
que levantan su voz,
reclamando la necesidad
de no olvidarse de pensar,
de meditar, de analizar,
de criticar, de construir,
de buscar formas no violentas,
de cambiar la realidad.
El poder absoluto,
reescribe el tiempo y la memoria,
inaugura una nueva historia,
y etiqueta con fuerza,
a quienes son considerados,
peligrosos para el absoluto.
La ignorancia,
la injusticia
y el miedo,
son cada vez más crecientes,
y los nuevos creyentes
en el absoluto,
ignoran el peligro
de perder la capacidad
de poder pensar
con su propio cerebro,
de poder hablar por boca propia,
de poder crear
con sus propias manos
y sus propios recursos,
pues el absoluto dicta
la forma de ser, pensar y hacer.
Y esto,
que parece un cuento,
es una triste realidad,
presente en el gran mundo,
en la gran ciudad,
en el pueblo,
en el barrio
y en el espacio familiar.