Una cosa es ser humano,
otra, muy diferente,
comportarse como tal.
Descubrió que el amor no muere,
que mueren las personas y las promesas.
El amor se muda,
cambia de lugar y de fortaleza,
donde pueda vivir y lo quieran.
Por lo tanto, debemos reclamar, en nombre de la tolerancia,
el derecho a no tolerar a los intolerantes
Karl Popper
La lectura
de varios hechos
que suceden en países
y en ciudades,
incluso en organizaciones
y familias,
me lleva a decir
que hay una fuerte presencia
de actitudes que conducen
a comportarse, a actuar,
y a pensar,
en formato de suma cero.
Es decir,
que cada cual busca
ganar y ganar,
y que el otro pierda.
No hay posibilidad
de ganar,
sin que el otro pierda,
y lo que es peor,
el otro no es un contrario,
es un enemigo,
es alguien a quien conviene
deslegitimar
y ni se diga: desactivar.
El peligro está
en llegar a pensar
que no hay otra opción
que la suma cero.
Me niego a pensar en ello,
me niego a aceptar esto
como el fin del camino,
me niego a creer
esto que se repite
constantemente:
no hay nada que hacer.
Y me niego,
porque existen herramientas,
acciones y elementos,
que nos sirven para hacer frente
a esta suma cero,
a este cansancio y decepción
humana y social.
Y todo pasa por aprender,
por ejemplo:
escuchar de forma activa,
evitará la narrativa del enemigo único.
Aprender a dialogar
y aprender a construir
desde nosotros para nosotros,
puede volver a reconstruir
un tejido comunitario deshilachado.
Aprender a desarrollar
un pensamiento crítico tal
que evite ser víctimas de la desinformación.
La construcción de cultura de paz,
con principios, nos lleva a pensar
y actuar donde el límite de la tolerancia
es la preservación de la dignidad humana
y las condiciones mínimas
para la convivencia democrática.
Es posible,
dejar de pensar en una suma cero.
Es posible,
que todos podamos ganar,
crecer, mejorar, ser personas,
soñar y hacer los sueños realidad.
Es posible,
y quizá por ello
nos quieren convencer
de que no lo es.
Es increíble,
e incompresible,
la cara dura que tienen
algunos políticos en el poder,
y otros,
que quieren el poder.
Los libros que lees,
que has leído,
que esperan por ti,
hablan, te hablan,
te dicen, te cuentan,
son parte de tu decir
y también de tu hacer.
Hay silencios,
que viven más que la vida,
que gritan más que el grito,
que llenan todo momento,
que acompañan, en silencio.
Del encuentro,
lo que queda,
es el recuerdo,
y el efecto que produce,
cada vez que se lo evoca.
Voces, historias y risas.
Espejos, rostros y tiempos.
Trajes, diseños y maquillajes.
Todo, antes de que la obra
pueda empezar su viaje.
La juventud se vive sin saber qué significa,
eso forma parte de su esencia
Elvira Lindo
Hoy se usa
una serie de adjetivos
para describir
eso que llamamos juventud.
Por desgracia,
en su mayoría,
los adjetivos tienen que ver
con debilidad, desconocimiento,
imprudencia, irresponsabilidad,
inmadurez, desenfoque
y otras tantas palabras más.
De tanto repetirlo,
nos convencemos de ello,
y lo peor es que,
corremos el riesgo,
de convencer a los jóvenes
de algo que no son.
Más allá de los matices,
y de los casos,
por diversas razones y motivos
he convivido este tiempo con jóvenes
en diversos momentos...
todos intensos.
Y, la verdad,
he encontrado miradas,
palabras, criterios,
acciones, pensamientos,
deseos, anhelos,
reflexiones y comportamientos,
que me hablan
en un lenguaje que había olvidado
y que me dicen que la juventud
es muchas cosas
y también es esperanza,
y ganas de hacer
de una forma diferente.
Voces que piden espacios,
y acciones sin mala fe.
Una esperanza que se gesta,
una vida que quiere florecer.
Y pienso que debemos aprender,
cuanto antes,
a escucharnos, a apoyarnos,
a crear colaborativamente,
a no dejar a nadie de lado
y actuar sin esperar tanto permiso
peor aún, validación social.
Y eso es un ejercicio intergeneracional,
desde que naces, hasta que te vas.
De esa forma,
se pueden comunicar,
cuidar y colaborar,
contextos generacionales,
que corren el riesgo de
quedarse en la crítica
y no en la comprensión.
De esa forma,
podremos tener
una juventud que construya,
se realice, se proyecte
y sea digna.
Cuando compartes,
dejas una parte de ti,
en las historias
y en los corazones
de los que te escucharon.
El camino se nutre,
de noches y días,
donde no todos avanzan
al mismo ritmo,
ni con el mismo ánimo.
Algunos pausan,
otros dan media vuelta,
varios reniegan,
hay quien ríe,
otro llora,
muchos colaboran,
otros tantos asechan,
y hay quienes atentan.
Es así,
es el camino,
y en el caminar aprender,
qué tipo de caminante quieres ser.
Colaborar,
un ejercicio humano,
que es contrapeso
al individualismo
y aliado de la solidaridad
la comprensión
y el desprendimiento.
Los logros y reconocimientos
son combustible y motor
para cuando el yo interior,
nos amenaza con fallar
y con apagar sus ganas y luz.
Las puertas se abren:
si llamas y si insistes en llamar.
Si una puerta no se abre,
no dejes de llamar,
busca otra puerta y otra más.
Fuimos, somos
y seremos.
Quien te acompaña,
que te permita
ser, haber sido
y proyectar,
lo que quieres ser.
Las rutas son,
no solo su dirección
o su trazado.
Las rutas son también
las caras, mentes,
voces y corazones,
de quienes comparten la ruta,
se conozcan o no.
El mayor amigo de la verdad es el tiempo;
su más encarnizado enemigo, el prejuicio;
y su constante compañera, la humildad
Charles C. Colton
Escuchas una y otra vez,
de una voz, de muchas voces,
se repiten tanto,
que, sin mucho pensarlo,
la repetición transforma,
algo que no sabemos
si es cierto,
en una verdad,
en una verdad absoluta.
La repetición
genera familiaridad,
identificación
e ilusión de verdad,
a pesar de que esa afirmación
sea una falacia,
una mentira,
un mensaje diseñado
para manipular,
mentes y corazones.
Las falacias,
han estado presentes siempre,
y siempre logran
disfrazarse de verdad,
aprovechándose
de emociones y sesgos,
logrando desactivar
el pensamiento crítico,
porque consiguen llegar
a nuestros miedos,
a nuestra ira, a nuestra ignorancia,
y nos invitan a tomar parte,
a favor o en contra,
además de repetirnos
que no hay tiempo,
que el tiempo para pensar
no es el mejor tiempo,
y que debemos actuar.
Las falacias,
suenan cercanas,
amigas, solidarias,
cuentan nuestra historia,
nuestra cercanía,
nuestra pena.
Tienen una respuesta rápida,
y además lógica,
a la complejidad
de todo lo que nos pasa,
y entonces les creemos,
dejamos la duda de lado,
abandonando la búsqueda
de contrastes, de toda lógica.
¿Cómo hacer frente,
a la peligrosa falacia?
Sentido común,
cuidado y preparación.
Separar la emoción
de la información.
Preguntar y cuestionar,
la fuente y la autoridad.
Buscar una tercera vía,
así nos digan,
que solamente hay dos.
No responder a la provocación,
es decir, no ser uno más
de aquel montón sin opinión (propia).
Datos, contrastes, dudas;
que a la falacia le cueste,
hacerse un espacio
en nuestros espacios.
Tiempo y humildad,
para juzgar lo que escuchamos,
vemos y leemos,
sin alimentar los prejuicios.
Prevenir,
tan obvio y tan complejo a la vez.
Prevenir, es parte del auto cuidado,
del amor propio.
Dejo siempre,
en una parte de mi alforja,
un espacio libre,
para traer de regreso,
lo que dé vida a mi vida
y alimento al corazón.
Se tarda mucho tiempo aprender
la cantidad ideal de peso,
que en la vida hay que llevar.
Para que ésta,
se siga llamado vida (la vida)
Los espejos se emplean para verse la cara;
el arte para verse el alma
George Bernard Shaw
A los ojos del transeúnte,
del público en general,
de aquel que asiste,
al concierto, exposición,
lanzamiento;
aquel que escucha
la declamación de un poema,
la interpretación de una melodía;
aquel que ve una pintura,
una escultura,
una obra de teatro,
de danza,
en fin,
de cualquier expresión,
que sea arte,
desconoce el detalle,
el tiempo, la dedicación,
el esfuerzo,
la alegría, la frustración,
la ilusión, el desobligo,
la ansiedad y el deseo,
que pasó por las mentes
y los corazones
de aquellos que hacen arte,
que se dedican al arte,
que dan su vida,
para dar vida,
a algo que parecería
poco útil para acabar el hambre,
la guerra, el odio
y la polarización en la humanidad.
No, inmediatamente,
pero sin arte,
nuestra muerte espiritual,
sería inminente.
Sin arte,
las voces, las manos,
los sentimientos,
los pensamientos,
los deseos, lo inefable,
no podría expresarse.
Sin arte,
el corazón perdería
calor y color.
Sin arte,
las voces
no podrían comunicarse.
Sin arte,
el sentido de lo bello
dejaría de ser tal.
Sin arte,
perderíamos la capacidad,
de soñar y volar,
a través de libros,
guiones, partituras,
lienzos, escenarios,
plazas, veredas y calles.
El arte nos hace humanos,
y conlleva una voz,
que se niega a perder
la necesidad de ser libre,
irreverente, urgente,
contestataria
y a la vez amorosa,
ingenua y romántica;
y cuando se necesita,
esa voz es grito,
es NO, es BASTA,
es súplica, exigencia,
convite… es humana.
Por eso
y por tantas cosas más,
el arte es, el espejo del alma,
y nos necesita,
porque su vida,
de nosotros depende
y viceversa.
No apagues la luz,
así el deseo te gane,
así el miedo invada
cada espacio, cada momento,
cada pensamiento.
No apagues la luz,
mantenla encendida
y si no puedes más, ¡grita!
que estaré allí,
llevándote mi luz,
mi abrazo, mi compañía.
No apagues la luz,
que tu presencia
es parte de mi existencia,
que tu vida,
es parte de la mía.
El tiempo llevaba a todos,
al un mismo lugar: bajo la tierra.
Muchos de ellos, luego,
viajaban a las estrellas.
No acepten lo habitual como cosa natural pues en tiempos de desorden sangriento, de confusión organizada, de arbitrariedad consciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar
Bertolt Brecht
¿Quién lucra
del caos de una sociedad?
¿Quién aumenta su riqueza,
a raíz de cruentas
y sangrientas guerras?
¿Quién se aprovecha
de una desgracia natural,
para estafar
al mismo prójimo
que acaba de perderlo todo?
¿Quién,
tras un disfraz,
una cámara y un micrófono
vende la promesa
de un mundo mejor,
sin especificar que esa oferta
es para él
y no para los otros?
¿Quién o quiénes,
aprendieron
que la formar de lucrar
y de gobernar
es mantener en la ignorancia total,
a aquellos que los eligen,
una y otra vez?
Muchas preguntas,
pocas respuestas,
algunas porque no se conoce,
otras, porque no conviene responder,
por miedo, por temor,
por amenaza, por conveniencia.
El tiempo nos ha llevado
y nos lleva,
a dar por sentadas las cosas,
las situaciones,
las condiciones
y la vida misma,
al punto de llegar a pensar,
que nada puede cambiar.
Entonces,
los nombres escondidos,
tras esos “quiénes”,
se anotan un celebrado triunfo,
porque se llega a aceptar
como algo natural
que vivamos en deshumanidad.
Para llegar
a este hoy,
con rostros y rasgos inhumanos,
hemos debido transitar
un largo camino,
por ello, para poder cambiar,
habrá que transitar
un buen trecho más.
Y para que ese cambio exista,
debemos restaurar la humanidad,
eso que hemos perdido:
empatía, compasión y conexión social.
Dejar de tratarnos como objetos,
números o herramientas
en lugar de seres humanos
con dignidad.
Esa es la única forma,
de hacer frente
a la confusión organizada,
a la arbitrariedad consciente
y a la humanidad deshumanizada.
No perdamos,
por favor,
las ganas, el deseo
y la acción por el cambio bueno.
Mirando el horizonte,
le dijo:
ya se fueron mis padres,
también mis hijos;
a destinos distintos.
En algún momento
me iré yo -agregó-
… aún no sé a dónde.
Y nuevamente,
llega la sensación,
y la realidad
de las habitaciones vacías,
del amor que duele,
de ilusión incierta,
y de un futuro que acaba.
Este es el día,
este es y será tu día.
El día en el que aquella (hermosa) rosa,
se tatuó, para siempre,
en mi corazón
Y a mi jardín regreso,
cuando hay sol,
cuando hay viento.
Cuando lloro,
cuando río,
cuando sufro,
cuando estoy tranquilo.
Y a mi jardín regreso,
para ver, para recordar,
a la flor más hermosa,
aquella que me enseñó
que la belleza está,
en la dualidad
del pétalo y la espina,
del brote cuando nace
y que el tiempo marchita,
pero sobre todo
de la belleza
de su vida
y de su existencia infinita.
Es curioso lo lejana que resulta una desgracia
cuando no nos atañe personalmente
John Steinbeck
Cuando la enfermedad,
toca nuestra puerta,
algo cambia,
algo se transforma.
Un sentimiento
de vulnerabilidad
pasar a formar parte
de la vida,
del día a día.
En el mejor de los casos,
si la economía lo permite,
la atención privada,
acompaña al enfermo,
en su enfermedad.
Ello incluye especialistas,
medicina e instalaciones médicas,
propias y apropiadas
para ese tratamiento,
sencillo o complejo,
a corto, mediano
o largo plazo.
En la mayoría de casos,
las personas acuden,
a la salud pública,
porque pagan por ella
o porque no tienen
para pagar por ella,
y entonces
un baño de verdad
acerca al enfermo
y a su enfermedad
a una desgracia
que era lejana
y ahora es cercana:
la falta de medicinas,
la escasez de médicos,
de personal de salud,
de equipos de diagnóstico,
de espacios,
y sobre todo de dignidad
en la atención,
y en el acompañamiento.
Un sentimiento de desamparo,
de desesperación,
de impotencia,
ante el abandono
de un Estado,
que promete y no cumple,
que está obligado
y no se toma en serio
esa obligación.
Saberse enfermo,
sin medicinas,
sin atención médica,
sin una voz que permita,
que logre revertir
una realidad que atenta
contra todo derecho humano,
contra toda dignidad.
Vivir la enfermedad
de los que amamos,
y sabernos impotentes
de hacer algo,
al ser parte de una desgracia,
que poco suena,
que poco importa,
que poco entiende,
que la dignidad humana,
que la salud pública,
necesitan atención,
no como regalo o dádiva,
sino como un derecho humano.
Los días más hermosos,
son una mezcla de coincidencia,
cotidianeidad, espontaneidad,
locura y amor.
Las circunstancias son caminos,
que no siempre llegan a algún sitio,
pero que siempre te llevan a algún sitio.
Cómo evitar que lo hagan,
sin control,
ese es el reto.
Pudo descubrir,
aquella puerta
que llevaba al lugar
donde podía vivir,
su propia vida,
su propia libertad.
Un lugar,
donde era la diosa,
de su propio arte.
Cada tiempo puede ser,
el más violento,
el mejor,
el más triste,
el de mayor impacto.
Algo para el olvido,
algo para el recuerdo.
Cada tiempo es,
los ojos que lo ven.
La educación es
el ejercicio de ajustar el método,
de acuerdo al tiempo
y también a las personas.
Por ella,
caminaban noches enteras.
Por ella,
cambiaron el rumbo,
cambiaron la vida.
Por ella,
lo dieron todo,
incluso si no tenían nada.
Por ella viven,
a pesar de la muerte.
La integridad es la habilidad de ser fiel a una idea.
Eso presupone la capacidad de pensar
Ayn Rand
Hay prácticas
modas, formas
o hábitos,
que buscan hacernos creer
que cierto tipo
de comportamientos,
de actuaciones,
y de clichés,
son los que caben,
porque los practican,
algunas personas
que ejercen
cierto tipo de liderazgos,
representaciones
o responsabilidades.
Recuerdo,
un proverbio,
que dice que:
lo que Juan dice Pedro,
habla más de Juan,
que de Pedro.
Y lo recuerdo,
en tiempos
donde algunos liderazgos,
o “ejemplos”,
son como los del Juan,
del proverbio,
llenando sus bocas,
sus espacios
y sus redes sociales
y virtuales,
con dichos, insultos
y vejaciones,
que al final
hablan más de ellos,
que de los otros.
Pero,
más allá de ello,
lo que no cabe,
es que ese supuesto “liderazgo”,
olvide,
en este caso,
dos cosas claves:
la integridad
no se presume,
se gana,
a pulso y de buena fe,
con coherencia,
honestidad, responsabilidad
y respeto,
valores difíciles de entender
y de practicar
por parte de los farsantes.
Y, lo segundo,
en la boca de esos
pseudo líderes,
la opinión, no es respetable,
está en duda,
pues le antecede
una mente poco transparente
y nada lúcida.
Es verdad,
hay derecho a opinar,
pero sin integridad,
esa opinión pierde
argumento y fundamento.
Regresamos entonces
a la necesaria integridad:
que proviene del latín integritas,
que significa totalidad o estar intacto.
Una forma de vida,
donde los valores no están fragmentados.
El filtro de la integridad,
desnuda la falsedad
de liderazgos ajenos a la verdad.
Hay presencias,
que cambian por completo,
una vida, una vidas,
haciendo del presente
un eterno futuro.
Los que cuidan,
los que dan su apoyo,
los que dan su tiempo,
por el tiempo de los demás,
mantienen viva
la llama de la dignidad humana.
Cuando un hombre ha hecho
lo que considera que es su deber para con su gente y su país,
puede descansar en paz
Nelson Mandela
Hay personas,
que estudian la historia.
Otras, que son parte de ella;
otra parte más,
vive en ella,
sin darse cuenta.
Y, quizá,
una pequeña parte,
es la historia en sí misma.
De este último grupo,
fue -y es-
Rubén Ortega Jaramillo.
Su presencia,
queda plasmada,
en su familia amada,
en su ejercicio
del servicio público,
en su amor por el arte
en su entrega al arte,
a la cultura
y a su Loja amada.
El tiempo permitirá,
entender y entenderlo,
en todo su sentido,
y leer y releer
y escuchar,
una y otra vez,
la historia de su vida,
que es parte
de la historia
de su tierra querida,
de su rincón,
de su esposa amada,
de su familia,
a quien con pasión,
quiso y querrá
hasta el infinito mismo.
Y por eso,
viaja en paz,
a la eternidad
al encuentro con su Dios,
con las estrellas,
de las cuales
hoy forma parte.
Queda su legado,
y hay que cuidarlo,
regarlo y acrecentarlo.
Se preguntaba…
¿qué hacer con sus errores?,
hasta que logró cambiar la pregunta:
¿cómo, aprender de ellos?
No podemos controlar la dirección del viento,
pero sí ajustar nuestras velas
Proverbio
Dolorosas noticias,
recibimos todos,
ante desastres naturales
que sufrieron
pueblos hermanos
como Venezuela y Colombia.
El dolor
y la impotencia,
cubren con su manto
las tristes realidades
de ciudades,
familias y sociedades.
No se puede saber,
cuando podrá suceder
un desastre tan complejo
como un temblor
o un terremoto,
y por ello,
toda especulación cae,
en el terreno de la falsedad
y de la ignorancia.
Pero, el no saber,
nos lleva a pensar,
a repensar y a actuar,
necesaria y obligatoriamente
en un cultura de prevención,
de cuidado y
por qué no,
como un acto de amor.
Cuidarnos
y auto cuidarnos,
en relación a los desastres naturales,
no es vivir en zozobra,
es vivir en cultura de prevención.
Una cultura de prevención,
nos lleva a pensar
y actuar en torno
a la importancia
de la construcción responsable,
con el medio ambiente
y con los desastres naturales.
Una cultura de prevención,
debe llevar a las autoridades
a poder cuidar y controlar
que las normas de construcción,
que las acciones de evacuación,
que los simulacros,
no sean letra muerta,
que sean parte de la cultura ciudadana.
Una cultura de prevención,
nos debe llevar a todos,
a asumir, cada quien,
parte de su responsabilidad,
parte de su actuación
y parte de su preocupación.
La historia nos lo recuerda,
en el sentido de que
no sabemos lo que pasará
y cuándo pasará
un desastre natural.
Por ello,
el estar preparados,
capacitados, concienciados,
conectados e informados,
nos hará más fuertes
ante futuros desastres.
Prevenir es proteger,
no esperemos,
actuemos.
En ciertas épocas,
las máscaras ocultaban
algunas realidades.
Hoy, para ocultarlas,
se usan las redes sociales.
Es curioso como el mundo,
deja de lado muchas realidades complejas
y sigue el mandato de las noticias nuevas.
Hay momentos donde se juntan
varias etapas de la vida,
en formas de personas,
en una suerte de memoria viva.
Volvería al pasado,
¿para cambiar algo?
Volvería al pasado,
¿para abrazar a alguien?
Volvería al pasado,
¿para no volver al presente?
Volvería al pasado,
y... ¿sería capaz de reconocerme?
Sustituye la preocupación por la acción
Refrán popular
Sin duda,
hay cosas
en cada etapa de la vida,
que nos preocupan.
Situaciones,
momentos,
personas, pensamientos,
que llegan,
y cambian de plano,
realidades y circunstancias.
Son cosas que nos pasan,
que les pasan a los que amamos,
a quienes
con quienes trabajamos,
a quienes con quienes
compartimos un espacio,
llamado casa, barrio,
ciudad, país, continente,
planeta… mundo.
Todo eso nos preocupa
y quizá lo negativo sea,
que alimentamos
voces internas y externas
que hacen catastrófico
lo que probablemente no lo sea.
Nos preocupamos,
y bajamos el ánimo,
la guardia
y la forma de cuidarnos.
Nos preocupamos
y entramos
en una espiral trágica,
que nos invita,
solamente a esperar la muerte,
lo peor, lo malo…
Podríamos intentar,
o deberíamos intentar
como ejercicio espiritual,
personal y colectivo,
no solamente preocuparnos,
si no trabajar a partir
de esas preocupaciones.
Y el ocuparnos pasa,
por alimentar el amor propio,
los buenos hábitos,
las lecturas y los recursos,
que nos fortalecen el cuerpo y el alma.
Preocuparnos en tomar acción,
actuar, generar hábitos,
no renunciar a las buenas costumbres.
Construir zonas seguras,
en nuestro corazón, en nuestra casa,
en nuestro hábitat.
Ocuparnos,
es decidir,
no perder el tiempo
en situaciones innecesarias.
Es limitar, escoger
y construir los lazos
con personas
que de verdad,
sacan lo mejor de nosotros.
Ocuparnos,
es dejar de alimentar
el cuerpo y el corazón,
con imágenes,
situaciones y comentarios,
que solamente buscan,
generar miedo, odio,
envidia y frustración.
Ocuparnos es,
una acción noviolenta,
ante tanta violencia siniestra.
El respeto no se impone…
se gana.
(Es algo que te otorgan,
no algo que dispones
que te entreguen)
Allí están mis alas,
esperando que crea en ellas,
que las despliegue y vuele.
Y que volemos juntos,
ellas y yo.
Aplauden la libertad, como concepto,
pero condenan, a los que quieren ser libres.
Y a los libres, los eliminan.
No somos enemigos,
somos diferentes.
Aunque les interese a ellos,
hacernos creer
que las diferencias,
son razones suficientes
para odiar y matar.
Hazlo con amor,
así duela, así cueste;
eso dura toda la vida...
en la vida de tu corazón,
y en la vida de los que
aman a tu corazón.
Sé el cambio que quieres ver en el mundo
Mahatma Gandhi
Hace poco,
un movimiento de estudiantes,
en un gigante país
como lo es la India,
pudo demostrar
de lo que puede ser capaz
un grupo de personas
cuando se proponen algo,
pensando en que ese “algo”,
es una suerte de reivindicación
a derechos limitados,
a libertades coaccionadas,
y a violencias diversas.
Los estudiantes,
estaban preocupados,
porque no era claro
y peor transparente
el proceso de ingreso
a la universidad,
lo cual ponía en riesgo
el futuro de muchos.
Como suele suceder,
cuando alguien reclama,
un derecho colectivo
que afecta a muchos,
su voz se silencia,
con discursos de odio,
con fuerza bruta,
con comentarios
que buscan desmerecer
la dignidad de la voz
de una protesta como esa.
Las represiones,
y los oídos sordos
de parte del gobierno,
se sumaron al discurso ofensivo
de un ministro que los calificó
como “cucarachas”.
Su reacción,
contrario a lo que se podía pensar,
fue la de adoptar ese nombre,
como el nombre del movimiento
y de la causa,
quitando con ello
el poder de ofenderlos,
y transformando el insulto
en un emblema,
que les permitió levantar
una voz que transcendió
los canales tradicionales
y tomó fuerza en redes sociales,
al punto de que
el partido de las cucarachas
fue recibido por las autoridades,
el ministro de educación fue cesado
y hay un compromiso de reforma
de un sistema educativo
que necesita adaptarse
a los nuevos tiempos y momentos.
Una historia,
que deja profundas reflexiones:
no dar poder al agresor,
invalidando sus insultos y acciones;
unidos somos más;
los grandes objetivos,
requiere grandes renunciamientos.
Y, sobre todo,
creer que el cambio está en nosotros,
en la forma en la que decidamos
incidir y hacer frente
a la vida y sus vicisitudes.
El cambio, somos nosotros.
No deja de sorprenderme,
la capacidad que tiene el ser humano,
para dejar de creer en sí mismo,
aunque las circunstancias,
digan lo contrario.
Aquí estoy,
desnudando mi alma,
a través de estas letras,
aunque pocos saben,
que al leerlas,
las letras desnudan
el alma del lector.
Era curiosa la forma,
en que los más incompetentes,
lograban formar un grupo,
que creía ser el dueño de la verdad.
Un buen gobierno solamente puede existir
cuando hay buenos ciudadanos
Francisco I. Madero
Cuando en un Estado,
en un gobierno,
del tamaño y forma que sea,
en una sociedad,
es recurrente comentar
que se ha tocado fondo,
que hay caos,
que no se puede administrar,
que se debe declarar
la emergencia total,
con la esperanza
de que ello permita pensar
en alguna solución, quizá…
cuando eso pasa,
nos debemos preguntar
si no será necesario
revisar las causas,
antes que las consecuencias,
de lo que se vive,
de lo que se sufre,
de lo que se carece.
Porque,
es evidente,
que en ese estado de las cosas,
necesitamos rehacer,
recomponer, reparar
y cuánta acción más
sea necesaria,
para evitar pensar
que la crisis es la normalidad,
que la emergencia es la solución
y lo que es peor,
que ya no hay nada que hacer,
y “que roben, pero que hagan obras”.
Ese rehacer,
recomponer, reparar,
es imposible sin cambiar:
mentes y corazones.
Todos al final,
debemos asumir el reto,
de ser políticos
a tiempo parcial,
es decir, comprometernos
con el cambio, con la acción
y con la mejora.
Todo lo demás,
serán solamente,
palabras, discursos,
ofertas, promesas
y nada más,
porque nada ha cambiado,
porque no interesa,
a quienes viven del caos,
que las cosas cambien.
Insisto,
rehacer, recomponer y reparar,
son el resultado
de una civilización
que aporta:
colaboración y esfuerzo.
Nadie regala eso,
así lo ofrezca a manos llenas.
Han sido, son y serán,
los ciudadanos, en grupos
pequeños o grandes,
los que han cambiado su realidad,
en mérito a su compromiso
y entrega,
lo cual ha sido posible,
porque cambiaron su mente
y su corazón,
renunciando a la resignación,
a la apatía, al quemeimportismo
y a la corrupción.
¿Qué, cómo y de qué forma
somos y queremos ser?
No olvides hacerte esas preguntas,
aunque de inicio no te gusten,
o no sepas las respuestas.
Mar, aire, tierra,
sangre, sudor y lágrimas.
Todos,
ingredientes de un tiempo,
donde la vida se detiene,
para viajar junto a ti,
en un reto
que no acaba jamás.
¿Es el fin?
¿Es un: nunca más?
No,
es un aprender y seguir,
porque una vez
que el viaje empieza,
no dejas jamás de ser
un eterno viajero,
un eterno aprendiz.
No siempre,
se tendrán todas las respuestas.
No siempre,
caeremos bien a todos.
No siempre,
estarán de acuerdo con nosotros.
Peros siempre,
busquemos ser
íntegros, auténticos y éticos.
Todo es aprendizaje.
siempre es aprendizaje.
El ejercicio de escucharse
y sentir dónde mejorar,
es una forma de aprender a aprender.
La pregunta más urgente y persistente en la vida es:
¿Qué estás haciendo por los demás?
Martin Luther King
Esta es la historia,
de un maravilloso país,
que tiene aún
varias tareas pendientes.
Unas, le corresponden
a los gobernantes,
otras, al servicio público,
varias más,
a los profesionales.
Otras,
a los que prestan algún tipo de servicio.
Y hay otras,
que de alguna manera,
o de otra,
nos corresponden a todos.
Hay tareas pendientes,
ante una niñez
que se enfrenta,
casi sola,
a la pobreza crónica,
la desnutrición infantil,
una brutal ola de violencia,
el abandono, la orfandad
y una salud incompleta.
No podemos dejar de hablar de ello,
y, sobre todo actuar,
desde cualquier ámbito,
desde todos los ámbitos.
¿Qué futuro le espera a ese país,
con una niñez que enfrenta
esas violencias?
Otra de las tareas,
necesaria y urgente,
es aquella concerniente
a nuestra gente mayor,
a nuestros mayores,
que enfrentan a la vez
inseguridad financiera,
pobreza extrema,
falta de seguridad social,
soledad, abandono,
negligencia o desamparo familiar.
Además de
discapacidad o limitación funcional.
No es la forma más digna,
de tratar a quienes,
dieron su vida,
por el presente
y futuro de todos.
Son realidades
y problemas complejos,
y no es posible
que un solo sector
pueda hacerles frente,
pero cada sector
debe, en imperativo,
debe cumplir su responsabilidad,
su rol, su acción
y responder a esa atención.
Nos necesitamos juntos,
para podernos cuidar,
para recordarnos
que nos debemos cuidar
y pedirle y exigirle
a quien no lo haga
que cumpla su parte,
que cumpla su palabra
y que el inicio y el final de la vida,
y la vida misma
sea digna, verdaderamente digna.
Lo demás,
son y serán palabras
que se las lleva el viento,
seguramente al infierno.
La vida,
es una mezcla
de emociones diversas.
Unas dulces,
otras amargas,
hay algunas: insípidas.
Son las dulces,
aquellas que nos inspiran,
que nos dan motivos de vida,
que borran las tristezas,
que nos hacen pensar,
que valió la pena,
que vale la pena.
Y hay días,
de emociones dulces,
como hoy,
y como otros días,
pero en especial hoy.
Si regresas a ver,
todo, todo, todo
ha valido la pena,
cada detalle, cada segundo,
cada emoción, cada tiempo,
cada día, suman a la dulzura
de este día.
Hay que vivir esa dulzura,
saborearla, dar gracias,
enmarcarla
y recordarla siempre.
Y, siempre,
hay que construir días,
donde la dulzura,
sea siempre compañía.
La palabra,
enfermedad o medicina,
arma o bandera blanca,
odio o amor,
principio o fin,
cárcel o libertad.
¿Cómo la quieres usar?
Escucha y aprende,
escucha y comprende,
escucha y siente,
escucha y entiende…
Escucha, muy pocos lo hacen.
Es único el momento,
donde dos almas que se encuentran,
descubren que las une,
inesperadas coincidencias.
“Mens sana in corpore sano”
Juvenal
Poeta latino
En estos momentos,
el mundo asiste
y está pendiente
de lo que se llama:
mundial de fútbol.
El deporte y la pasión,
se funden y se confunden,
en el maremagnum
de los anuncios publicitarios,
de la intromisión de la política
en la práctica deportiva,
y de la deformación
del negocio deportivo,
como actividad excluyente,
inhumana, contaminante
y alejada del concepto como tal
del deporte y de la actividad deportiva.
Los niños,
en el mundial y luego de él,
sueñan y buscar ser
igual a sus héroes.
Y juegan y jugarán
en diversas condiciones:
buenas, malas o peligrosas.
Pues el deporte,
la práctica deportiva,
también sufre de inequidades.
Si los deportistas de élite,
en sociedades como las nuestras,
no cuentan con apoyos estatales,
peor aún los otros deportistas,
en formación y con las condiciones
de hacer del deporte
una forma de vida.
Ni se diga,
las condiciones que vive,
un deporte no profesional,
los espacios de práctica deportiva,
las áreas verdes,
o las condiciones necesarias
para cultivar una mente sana.
Las cifras no mienten,
el deterioro de la salud física
y de la salud mental,
en la generalidad
de nuestra población,
es algo que nos debe preocupar.
Invertir en la práctica deportiva,
en los espacios, en las condiciones adecuadas,
nos permitirá sumar esfuerzos,
en este ideal de transformar
una sociedad que siente la asfixia,
a una sociedad que siente
que puede hacer frente
a lo que el día a día
le tiene preparado en su vida.
No me hables de razones,
déjame con mis emociones,
-dijo el corazón-
lleno de deseo y de amor.
Toma estas letras,
haz con ellas lo que quieras.
Toma estas letras,
que juntas dicen todo,
y solas, también hablan.
Toma estas letras,
y escribe tu propio mensaje,
lo que tu corazón dicte,
lo que tu alma sienta,
lo que tu piel desea.
Los pueblos en sí,
son la suma de otros,
más pequeños,
con su propia historia,
con su propio tiempo.
Siendo así,
el respeto será el elemento,
que nos mantenga juntos,
a pesar de las diferencias.
¿Qué podemos esperar del futuro?
¿Si el presente se vive
en un ejercicio de la política,
sin sustento ético, moral ni filosófico?
Cuídate de la costumbre,
es capaz de devorar,
al amor más grande
y al más grande de los sueños.
Sólo una colectividad que se rija por el respeto a la vida humana,
la tolerancia y la libertad
puede sacar al mundo del cruel abismo en que los poderes políticos la conducen
Aldous Leonard Huxley
En 1853,
un diplomático venezolano
escribió una obra
que se convirtió con el tiempo
en un texto de aprendizaje,
reflexión y práctica.
Ese libro lleva por nombre:
“Manual de urbanidad
y buenas maneras”,
y recoge en sus páginas,
normas de comportamiento,
civismo y etiqueta
tanto en el entorno familiar,
escolar, como en la vida social
y profesional .
Con el tiempo,
los libros se van quedando
en los anaqueles y librerías
y las personas,
olvidamos leerlos,
releerlos, entenderlos,
interiorizarlos
y en este particular caso
darles vida,
a través de la acción y la palabra.
Me refiero a esto,
porque son tiempos,
en los que necesitamos
de las buenas maneras,
del respeto y de la urbanidad,
como forma de vida.
En estos días,
un barrio de mi ciudad,
sufrió una agresión
por parte de quienes
hacen de la política
un uso nada respetuoso.
Decidieron llevar adelante,
un disfrazado acto de campaña,
en torno a los partidos
del mundial de fútbol.
Música estridente,
contaminación de ruido,
afectación a la movilidad,
destrucción del espacio público,
basura y sobre todo,
un sentido de indefensión
e irrespeto,
dejaron a su paso,
la falta de las buenas maneras,
la falta de urbanismo,
la falta de buenas costumbres.
Y no solo
me refiero a esos políticos,
o a otros,
me refiero a los ciudadanos
que acuden a esos llamados,
que se orinan en las calles,
que botan la basura
donde les da la regalada gana,
que destruyen el espacio público,
que irrespetan la propiedad (pública o privada),
esos que aplauden eso que pasa,
y que luego acuden a las urnas,
¿a validar las malas maneras?
Necesitamos de las buenas maneras,
de aquellos valores,
que hicieron, hacen y harán
que la humanidad
pueda vivir con dignidad.
Y esto se aprende,
se practica y se transmite
De nosotros depende.
Las palabras de amor,
de consuelo y esperanza,
tienen una fuerza inesperada,
sin importar el tiempo
y tampoco la distancia.
No deja de sorprender,
que los mayores actos de corrupción,
se produzcan en momentos
de grandes crisis sociales.
Es siempre la gente común la que implementa los cambios
y no los políticos o la personas que están en vista
Luc Besson
Es la suma de acciones
y también inacciones,
las que convierten a un Estado,
a una forma de gobierno,
incluso a una sociedad,
en una suerte de caverna,
de prisión, de túnel sin tiempo.
Todos, son corresponsables,
de lo que es hoy,
un estado ingobernable,
intolerante y nada empático,
Una suma de ilegalidades,
despotismos, irresponsabilidades,
vicios, impunidades, mentiras,
mediocridades, acosos, persecuciones
y acciones miserables,
contra personas e instituciones
llevan a un Estado y a su sociedad
a buscar a ciegas
salir del hoyo donde se encuentra.
Y lo peor,
es que quienes fueron y son responsables
del caos y la miseria,
copan las redes y los titulares
con acusaciones a los otros,
reclamando para unos y otros
la verdad y la honestidad absolutas.
Es necesario unir piezas claves
que permitan una mirada sincera
y una suma de acciones honestas
que reorienten la vida y el futuro
de ese Estado fallido y en abandono.
Una pieza clave es el poder construir,
proteger, rescatar, promover y fortalecer
una prensa libre, seria y honesta.
Una libertad de la palabra.
que duele es verdad,
pero que es tan necesaria,
para denunciar el robo y la corrupción,
la mediocridad y la maldad.
Pero también para despertar
a esa sociedad de un letargo
y de una actitud de mínimos
y de que me importismos.
Otra pieza clave,
es el rescate de la ética.
Dicho de otra manera,
volver a aprender,
recordar, estudiar y practicar
sobre el bien, el mal, el deber,
la felicidad y lo correcto o incorrecto.
Eso conlleva también,
desempolvar y practicar,
valores fundamentales:
justicia, libertad, igualdad,
respeto y dignidad.
Una necesaria cultura de legalidad,
que signifique el respeto
y práctica de las reglas o pautas
de convivencia social.
No olvidarse de los derechos,
de los deberes y de las obligaciones,
que se tienen como seres humanos,
miembros de un conglomerado social.
A ello, es fundamental sumar,
aquella capacidad interna y olvidada,
de reflexionar, evaluar y juzgar
la moralidad de acciones propias y extrañas.
He ahí, la ruta de la libertad.
de un cambios, necesario y fundamental.
Sentándose
a la sombra de un árbol,
se dio cuenta
de que varios
de los que le acompañaron en el camino,
ya no estaban,
se habían ido,
habían pasado
o habían muerto.
A la sombra de un árbol,
miró lo caminado,
y aunque se había equivocado
en varias rutas (y decisiones),
sintió que valía la pena,
sobre todo por él
y por quienes siguen a su lado.
A la sombra de un árbol,
visitó su corazón,
allí están y estarán,
los deben estar.
Muchas terrazas,
acumulan basura,
con la creencia de que
nadie la ve desde abajo.
Olvidan que otros ven,
desde arriba.
Estás, estuviste, estarás;
hay presencias que marcan y se guardan,
muy hondo, en la profundidad de la eternidad.
Cuando la maldad es contagiosa,
Dolía saber,
Llevaba años,
No es solamente por lo que hacemos,
sino también por lo que no hacemos,
que somos responsables
Molière
Siempre pienso,
que hoy, que el hoy
es la oportunidad para actuar.
El ayer ya pasó,
y el mañana no sabemos si pase,
pero hoy, hoy es siempre el momento.
No es tarea fácil,
porque no siempre,
aquella reflexión
con claros matices de responsabilidad,
se hace presente en nuestra mente
peor aún en nuestras acciones.
Quizá,
porque aquella conciencia
que nos recuerda
o nos debe recordar
que nuestras acciones
o la ausencia de ellas,
conlleva el asumir
una serie de consecuencias,
del tipo que sean.
Y por ello hoy,
me quiero referir
a aquella conciencia
a aquella responsabilidad
que nos corresponde
como grupo social:
familia, amigos, vecinos,
ciudadanos, comunidad,
nación, país, en fin,
humanidad.
Una conciencia,
una responsabilidad,
que en los tiempos
en los que nos toca actuar
entendamos que
hay una tarea común:
dar forma a nuestra propia realidad.
Algunos,
bajan las manos,
se sienten derrotados, no hay nada que hacer,
es un castigo, la gente de hoy no es la de antes,
la violencia y el crimen nos supera,
y así, otras tantas frases más
que cavan la fosa de la resignación
y la inacción.
Otros entienden,
que es momento
de pescar en rio revuelto:
provocar miedo,
aprovecharse de la ignorancia,
tomar por asalto la política y el poder
y robar a manos llenas:
dinero, ilusiones, esperanzas
y también futuros.
Otros miran,
y mientras lo hacen,
les pasa la vida
y les llega ese mañana
que será como el que lo diseñaron
los que sí actuaron.
Y vuelvo a pensar,
en que es necesario reflexionar,
entender y asumir
esta responsabilidad
de dar forma a un tiempo
donde la dignidad humana,
sea el resultado de una acción,
consciente y voluntaria
que entendió que su libertad
es el testimonio de una vida
que se construye y trabaja,
desde lo personal,
sin dejar de lado, lo colectivo,
lo humano, lo ético, lo necesario,
lo digno, lo verdaderamente eterno.
Y regresarás a la edad,
donde volverás a leer
y quizá entender,
el mensaje y sentido
de la inocencia
en la vida, en la vida misma.
Hay diálogos
que restauran,
que recomponen,
que inspiran
y que construyen
tiempos nuevos,
tiempos de esperanza.
¡Sé la paz que deseas ver en el mundo!
Martin Luther King, Jr.
Cada gobernante que llega,
cada gobernante que se va,
trae y lleva, trae y deja,
personas… ciudadanos,
que se convierten
en parte de un servicio,
del fundamental servicio público.
Un servicio,
que comporta,
un complejo sistema de jerarquías
y que con el tiempo,
ha tomado ribetes
de pequeños feudos
y de pequeños reinos,
que al final, se transforman
en estados propios,
con un sistema de servidumbres,
donde se ha desarrollado
todo tipo de conductas,
muchas,
ajenas a las buenas costumbres.
No son todos,
es verdad,
pero es verdad,
que el sistema en sí,
-del servicio público-
es un sistema caduco,
complejo y atado
a una serie de normativas
que lo convierten
en todo menos en servicio
y peor aún, para el público.
Frente a ello,
más allá de las reformas legales,
es necesario reflexionar
que la autoridad pública,
que el servicio público
es una responsabilidad,
que conlleva una doble obligación:
el bien común,
y el bienestar de todos.
Debemos rechazar
y cambiar de plano
el concepto y práctica
de un servicio público
de una representación púbica,
que actúa para fragmentar
el interés público, en intereses parciales.
El interés público,
la autoridad pública,
debe llevar implícito
un ejercicio de la ética
y de la moral
en lo más profundo de su concepción
y de su práctica.
Una autoridad debe ser firme,
lo cual no significa
que pueda despreciar
a quienes no piensan igual.
Discrepamos, es verdad,
eso es natural y sano,
lo que no cabe es humillar
a quienes piensan igual
y a quienes piensan diferente.
Otras caras de la seguridad,
en estos tiempos,
son servidores y servicios públicos,
que se conviertan en refugio
en compañía y apoyo a los ciudadanos.
Menos manos aplaudiendo a los jefes
y más manos trabajando.
Menos manos intentando acallar
el grito, el dolor y la indignación
y más manos siendo lo que de verdad,
necesita nuestra sociedad.
Y regresarás a la edad,
donde volverás a leer
y quizá entender
el mensaje y sentido
de la inocencia,
en la vida y la convivencia humana.
Puedes iluminar,
incluso desde la sombra,
sobre todo desde la sombra,
para que cada luz,
se sienta y vea, como propia.
No dejen de soñar
no dejen de amar.
No dejen de tener esperanza
de tener ilusión.
De disfrutar de más cosas sencillas de la vida,
de abrazar
de ayudar
y también de cuidar.
Nos tenemos y tenemos que caminar juntos.
No hay otra forma,
de superar la edad
del odio y la desconfianza.
Y no lo olvides,
cada día,
dedica tiempo
para construir
aquel refugio,
tan necesario para vivir.
(tu propio interior)
Y escribió versos tristes,
porque solo sabía de tristezas.
No llegó a conocer,
aquello que llamaban alegría.
Enseña a los niños, y no será necesario castigar a los hombres
Pitágoras
Una cámara,
había grabado,
el momento
en que dos niños
sustraen de un local comercial
una caja de estampas
del famoso álbum
del mundial.
Una travesura,
una imprudencia,
un acto impulsivo,
producto del deseo
y de la “locura”
del mundial de fútbol.
Es más,
es un hecho,
que bien podría
pasarse por alto,
pues no hay maldad
ni intensión de daño.
Pero también,
es un imperceptible indicador,
de un hecho aterrador
que con el paso de la vida
se convierte
en una verdad absoluta:
el fin, justifica los medios.
Uno de los compromisos
que la sociedad tiene
para con la niñez
y la adolescencia
es el de construir en ellos
un pensamiento crítico
y cuidar su salud mental.
Los niños
y los adolescentes
aprenden de lo que ven,
de lo que les mostramos;
aprenden de nosotros
padres, madres, familia,
amigos, vecinos
y ejemplos de vida,
del tipo que sea,
en todo ese mundo virtual
de las redes sociales
y en este mundo real.
Enseñar también
el valor de ser
como se debe ser,
sin tener la necesidad
de que alguien te vea,
te vigile,
te controle y te castigue.
El valor de corregir,
de enmendar,
de poder entender
el amor propio,
el valor propio
el respeto, el autoestima.
El poder vivir,
una niñez
donde la inocencia sea
la compañera plena
de todos los momentos,
de todas las vivencias
de todas las horas,
y no que esa inocencia
penda de un hilo
y se acerque al abismo
donde muere la inocencia
y donde se contamina
el corazón y la vida
de una niñez víctima
de las violencias
siniestras.
No eres el mismo,
al regreso de aquel camino.
Y aquel camino,
no será el mismo,
cuando regreses a él.
Dalo todo,
que no te quede nada.
Que tu corazón te agradezca,
el ser como eres,
con todos tus matices y colores.
Hay presencias,
que son conversaciones eternas.
Hay ausencias,
que son eternos recuerdos.
Hay recuerdos,
que son parte de toda
o de una parte de la vida.
Los miembros de esta generación tendremos que lamentarnos no solo por las palabras y los actos odiosos de las malas personas, sino por los clamorosos silencios de las buenas
Ken Follett
La violencia tiene muchas caras,
muchas formas y prácticas.
En muchos de los casos,
es parte de lo que somos,
de lo que pensamos,
de cómo nos comportamos.
Es muy preocupante
observar que la falta de respeto
a normas básicas de convivencia,
es parte ya del día a día,
ni se diga de la falta de respeto
a la persona y a su dignidad.
Lo damos por hecho,
decimos que es una realidad,
lo asumimos y nos convencemos
de que ante ello
no hay nada que hacer.
Aquellas pautas de urbanidad,
de buenas costumbres,
han dejado de estar,
en la forma y en el actuar
de una buena parte de la humanidad.
En algunos casos,
hasta se desconocen,
porque se dejaron de practicar
y sin conocimiento
se pierde la conciencia
de su necesidad, de su importancia,
y de lo fundamental que resultan,
para una convivencia,
no sin conflictos,
pero sin violencia ¡seguro!
La cultura de la legalidad,
es la gran víctima de la anomia,
de este fenómeno que nos convierte
en sociedades cómodas,
mientras no nos afecten los problemas,
o mientras nos beneficiamos
-de algo-
así no se beneficien otros.
La anomia,
nos convierte, en silencio,
y de forma constante,
en sociedades conformistas,
indiferentes, ignorantes
(con tanta información
y con tan poca o ninguna reflexión),
endebles, miedosas
y al final mediocres.
Al final,
el único final es
el que nos escriben otros,
es lo que deciden otros,
es lo que pronostican,
predicen y apuestan
los que estan en el poder del poder.
Al final,
nos llegamos a convencer,
de que no hay nada que hacer
y que lo mejor será
ser parte del todo,
que en principio criticábamos
y rechazábamos,
pero que hoy nos parece
que es lo que cabe hacer.
Al final,
la ecuanimidad inteligente,
el sentido común, la esperanza,
la inspiración, la buena fe
y las buenas costumbres,
dejan de ser necesarias,
dejan de importar,
cuando en realidad
son las más importantes
y son el camino para dejar atrás
a esta anomia que nos agobia.
Cualquier camino sirve,
a quien no sabe a dónde va.
Cualquier palabra vale,
para quien no sabe pensar.
Siempre me sorprende,
y por qué no, me duele,
cuando la ignorancia se suma
a la ausencia de sentido común.
Incapaz de luchar contra tanto pasado,
abrió los ojos y se enderezó
Julio Cortázar
Esta semana,
asistí a una ceremonia,
en la que personas
que habían cumplido
la sentencia que recibieron
en su momento,
por haber cometido un delito.
En dicha ceremonia
en lugar de una sentencia
recibieron un certificado
que acreditaba su formación
en habilidades para un nuevo comienzo.
Varias instituciones
y personas unieron
voluntades y acciones,
y sumaron esfuerzos
para este nuevo comienzo.
En un país,
en una sociedad,
cada vez más desconfiada
y despechada,
en la que poco o nada
se cree en las personas,
peor en aquellas
que han sido sentenciadas
y han pasado un tiempo,
corto o largo,
en una cárcel,
asistir a ese evento,
me dejó un sentimiento,
o varios al respecto.
No llegamos a dimensionar,
el efecto multiplicador,
de las voluntades
cuando deciden trabajar
por un objetivo común,
por el prójimo,
por el más débil,
por el que más lo necesita.
Que jamás,
la gente común,
en lugares comunes,
deje de hacer
obras maravillosas
que transforman
a las personas y a la sociedad.
Lo segundo,
es el tema del nuevo comienzo.
Aunque nadie puede volver atrás,
y regresar en el tiempo
quien se propone,
con el apoyo necesario,
puede comenzar,
a partir de su voluntad
la construcción de un nuevo final,
que es a su vez,
un nuevo comienzo.
Ello requiere
de mucho valor,
templanza, voluntad y tolerancia,
pues los dedos que apuntan,
y los prejuicios que juzgan
nos acompañarán
hasta el final de los tiempos.
A pesar ello,
bienvenido siempre,
un nuevo comienzo,
y gracias eternas
a las manos y a los corazones voluntarios,
que creen a pesar de los pesares
y que nos permiten
empezar de nuevo.