Hay que aprender a leer
las nuevas realidades,
con nuevas visiones.
Los pueblos en sí,
son la suma de otros,
más pequeños,
con su propia historia,
con su propio tiempo.
Siendo así,
el respeto será el elemento,
que nos mantenga juntos,
a pesar de las diferencias.
¿Qué podemos esperar del futuro?
¿Si el presente se vive
en un ejercicio de la política,
sin sustento ético, moral ni filosófico?
Cuídate de la costumbre,
es capaz de devorar,
al amor más grande
y al más grande de los sueños.
Sólo una colectividad que se rija por el respeto a la vida humana,
la tolerancia y la libertad
puede sacar al mundo del cruel abismo en que los poderes políticos la conducen
Aldous Leonard Huxley
En 1853,
un diplomático venezolano
escribió una obra
que se convirtió con el tiempo
en un texto de aprendizaje,
reflexión y práctica.
Ese libro lleva por nombre:
“Manual de urbanidad
y buenas maneras”,
y recoge en sus páginas,
normas de comportamiento,
civismo y etiqueta
tanto en el entorno familiar,
escolar, como en la vida social
y profesional .
Con el tiempo,
los libros se van quedando
en los anaqueles y librerías
y las personas,
olvidamos leerlos,
releerlos, entenderlos,
interiorizarlos
y en este particular caso
darles vida,
a través de la acción y la palabra.
Me refiero a esto,
porque son tiempos,
en los que necesitamos
de las buenas maneras,
del respeto y de la urbanidad,
como forma de vida.
En estos días,
un barrio de mi ciudad,
sufrió una agresión
por parte de quienes
hacen de la política
un uso nada respetuoso.
Decidieron llevar adelante,
un disfrazado acto de campaña,
en torno a los partidos
del mundial de fútbol.
Música estridente,
contaminación de ruido,
afectación a la movilidad,
destrucción del espacio público,
basura y sobre todo,
un sentido de indefensión
e irrespeto,
dejaron a su paso,
la falta de las buenas maneras,
la falta de urbanismo,
la falta de buenas costumbres.
Y no solo
me refiero a esos políticos,
o a otros,
me refiero a los ciudadanos
que acuden a esos llamados,
que se orinan en las calles,
que botan la basura
donde les da la regalada gana,
que destruyen el espacio público,
que irrespetan la propiedad (pública o privada),
esos que aplauden eso que pasa,
y que luego acuden a las urnas,
¿a validar las malas maneras?
Necesitamos de las buenas maneras,
de aquellos valores,
que hicieron, hacen y harán
que la humanidad
pueda vivir con dignidad.
Y esto se aprende,
se practica y se transmite
De nosotros depende.
Las palabras de amor,
de consuelo y esperanza,
tienen una fuerza inesperada,
sin importar el tiempo
y tampoco la distancia.
No deja de sorprender,
que los mayores actos de corrupción,
se produzcan en momentos
de grandes crisis sociales.
Es siempre la gente común la que implementa los cambios
y no los políticos o la personas que están en vista
Luc Besson
Es la suma de acciones
y también inacciones,
las que convierten a un Estado,
a una forma de gobierno,
incluso a una sociedad,
en una suerte de caverna,
de prisión, de túnel sin tiempo.
Todos, son corresponsables,
de lo que es hoy,
un estado ingobernable,
intolerante y nada empático,
Una suma de ilegalidades,
despotismos, irresponsabilidades,
vicios, impunidades, mentiras,
mediocridades, acosos, persecuciones
y acciones miserables,
contra personas e instituciones
llevan a un Estado y a su sociedad
a buscar a ciegas
salir del hoyo donde se encuentra.
Y lo peor,
es que quienes fueron y son responsables
del caos y la miseria,
copan las redes y los titulares
con acusaciones a los otros,
reclamando para unos y otros
la verdad y la honestidad absolutas.
Es necesario unir piezas claves
que permitan una mirada sincera
y una suma de acciones honestas
que reorienten la vida y el futuro
de ese Estado fallido y en abandono.
Una pieza clave es el poder construir,
proteger, rescatar, promover y fortalecer
una prensa libre, seria y honesta.
Una libertad de la palabra.
que duele es verdad,
pero que es tan necesaria,
para denunciar el robo y la corrupción,
la mediocridad y la maldad.
Pero también para despertar
a esa sociedad de un letargo
y de una actitud de mínimos
y de que me importismos.
Otra pieza clave,
es el rescate de la ética.
Dicho de otra manera,
volver a aprender,
recordar, estudiar y practicar
sobre el bien, el mal, el deber,
la felicidad y lo correcto o incorrecto.
Eso conlleva también,
desempolvar y practicar,
valores fundamentales:
justicia, libertad, igualdad,
respeto y dignidad.
Una necesaria cultura de legalidad,
que signifique el respeto
y práctica de las reglas o pautas
de convivencia social.
No olvidarse de los derechos,
de los deberes y de las obligaciones,
que se tienen como seres humanos,
miembros de un conglomerado social.
A ello, es fundamental sumar,
aquella capacidad interna y olvidada,
de reflexionar, evaluar y juzgar
la moralidad de acciones propias y extrañas.
He ahí, la ruta de la libertad.
de un cambios, necesario y fundamental.
Sentándose
a la sombra de un árbol,
se dio cuenta
de que varios
de los que le acompañaron en el camino,
ya no estaban,
se habían ido,
habían pasado
o habían muerto.
A la sombra de un árbol,
miró lo caminado,
y aunque se había equivocado
en varias rutas (y decisiones),
sintió que valía la pena,
sobre todo por él
y por quienes siguen a su lado.
A la sombra de un árbol,
visitó su corazón,
allí están y estarán,
los deben estar.
Muchas terrazas,
acumulan basura,
con la creencia de que
nadie la ve desde abajo.
Olvidan que otros ven,
desde arriba.
Estás, estuviste, estarás;
hay presencias que marcan y se guardan,
muy hondo, en la profundidad de la eternidad.
Cuando la maldad es contagiosa,
Dolía saber,
Llevaba años,
No es solamente por lo que hacemos,
sino también por lo que no hacemos,
que somos responsables
Molière
Siempre pienso,
que hoy, que el hoy
es la oportunidad para actuar.
El ayer ya pasó,
y el mañana no sabemos si pase,
pero hoy, hoy es siempre el momento.
No es tarea fácil,
porque no siempre,
aquella reflexión
con claros matices de responsabilidad,
se hace presente en nuestra mente
peor aún en nuestras acciones.
Quizá,
porque aquella conciencia
que nos recuerda
o nos debe recordar
que nuestras acciones
o la ausencia de ellas,
conlleva el asumir
una serie de consecuencias,
del tipo que sean.
Y por ello hoy,
me quiero referir
a aquella conciencia
a aquella responsabilidad
que nos corresponde
como grupo social:
familia, amigos, vecinos,
ciudadanos, comunidad,
nación, país, en fin,
humanidad.
Una conciencia,
una responsabilidad,
que en los tiempos
en los que nos toca actuar
entendamos que
hay una tarea común:
dar forma a nuestra propia realidad.
Algunos,
bajan las manos,
se sienten derrotados, no hay nada que hacer,
es un castigo, la gente de hoy no es la de antes,
la violencia y el crimen nos supera,
y así, otras tantas frases más
que cavan la fosa de la resignación
y la inacción.
Otros entienden,
que es momento
de pescar en rio revuelto:
provocar miedo,
aprovecharse de la ignorancia,
tomar por asalto la política y el poder
y robar a manos llenas:
dinero, ilusiones, esperanzas
y también futuros.
Otros miran,
y mientras lo hacen,
les pasa la vida
y les llega ese mañana
que será como el que lo diseñaron
los que sí actuaron.
Y vuelvo a pensar,
en que es necesario reflexionar,
entender y asumir
esta responsabilidad
de dar forma a un tiempo
donde la dignidad humana,
sea el resultado de una acción,
consciente y voluntaria
que entendió que su libertad
es el testimonio de una vida
que se construye y trabaja,
desde lo personal,
sin dejar de lado, lo colectivo,
lo humano, lo ético, lo necesario,
lo digno, lo verdaderamente eterno.
Y regresarás a la edad,
donde volverás a leer
y quizá entender,
el mensaje y sentido
de la inocencia
en la vida, en la vida misma.
Hay diálogos
que restauran,
que recomponen,
que inspiran
y que construyen
tiempos nuevos,
tiempos de esperanza.
¡Sé la paz que deseas ver en el mundo!
Martin Luther King, Jr.
Cada gobernante que llega,
cada gobernante que se va,
trae y lleva, trae y deja,
personas… ciudadanos,
que se convierten
en parte de un servicio,
del fundamental servicio público.
Un servicio,
que comporta,
un complejo sistema de jerarquías
y que con el tiempo,
ha tomado ribetes
de pequeños feudos
y de pequeños reinos,
que al final, se transforman
en estados propios,
con un sistema de servidumbres,
donde se ha desarrollado
todo tipo de conductas,
muchas,
ajenas a las buenas costumbres.
No son todos,
es verdad,
pero es verdad,
que el sistema en sí,
-del servicio público-
es un sistema caduco,
complejo y atado
a una serie de normativas
que lo convierten
en todo menos en servicio
y peor aún, para el público.
Frente a ello,
más allá de las reformas legales,
es necesario reflexionar
que la autoridad pública,
que el servicio público
es una responsabilidad,
que conlleva una doble obligación:
el bien común,
y el bienestar de todos.
Debemos rechazar
y cambiar de plano
el concepto y práctica
de un servicio público
de una representación púbica,
que actúa para fragmentar
el interés público, en intereses parciales.
El interés público,
la autoridad pública,
debe llevar implícito
un ejercicio de la ética
y de la moral
en lo más profundo de su concepción
y de su práctica.
Una autoridad debe ser firme,
lo cual no significa
que pueda despreciar
a quienes no piensan igual.
Discrepamos, es verdad,
eso es natural y sano,
lo que no cabe es humillar
a quienes piensan igual
y a quienes piensan diferente.
Otras caras de la seguridad,
en estos tiempos,
son servidores y servicios públicos,
que se conviertan en refugio
en compañía y apoyo a los ciudadanos.
Menos manos aplaudiendo a los jefes
y más manos trabajando.
Menos manos intentando acallar
el grito, el dolor y la indignación
y más manos siendo lo que de verdad,
necesita nuestra sociedad.
Y regresarás a la edad,
donde volverás a leer
y quizá entender
el mensaje y sentido
de la inocencia,
en la vida y la convivencia humana.
Puedes iluminar,
incluso desde la sombra,
sobre todo desde la sombra,
para que cada luz,
se sienta y vea, como propia.
No dejen de soñar
no dejen de amar.
No dejen de tener esperanza
de tener ilusión.
De disfrutar de más cosas sencillas de la vida,
de abrazar
de ayudar
y también de cuidar.
Nos tenemos y tenemos que caminar juntos.
No hay otra forma,
de superar la edad
del odio y la desconfianza.
Y no lo olvides,
cada día,
dedica tiempo
para construir
aquel refugio,
tan necesario para vivir.
(tu propio interior)
Y escribió versos tristes,
porque solo sabía de tristezas.
No llegó a conocer,
aquello que llamaban alegría.
Enseña a los niños, y no será necesario castigar a los hombres
Pitágoras
Una cámara,
había grabado,
el momento
en que dos niños
sustraen de un local comercial
una caja de estampas
del famoso álbum
del mundial.
Una travesura,
una imprudencia,
un acto impulsivo,
producto del deseo
y de la “locura”
del mundial de fútbol.
Es más,
es un hecho,
que bien podría
pasarse por alto,
pues no hay maldad
ni intensión de daño.
Pero también,
es un imperceptible indicador,
de un hecho aterrador
que con el paso de la vida
se convierte
en una verdad absoluta:
el fin, justifica los medios.
Uno de los compromisos
que la sociedad tiene
para con la niñez
y la adolescencia
es el de construir en ellos
un pensamiento crítico
y cuidar su salud mental.
Los niños
y los adolescentes
aprenden de lo que ven,
de lo que les mostramos;
aprenden de nosotros
padres, madres, familia,
amigos, vecinos
y ejemplos de vida,
del tipo que sea,
en todo ese mundo virtual
de las redes sociales
y en este mundo real.
Enseñar también
el valor de ser
como se debe ser,
sin tener la necesidad
de que alguien te vea,
te vigile,
te controle y te castigue.
El valor de corregir,
de enmendar,
de poder entender
el amor propio,
el valor propio
el respeto, el autoestima.
El poder vivir,
una niñez
donde la inocencia sea
la compañera plena
de todos los momentos,
de todas las vivencias
de todas las horas,
y no que esa inocencia
penda de un hilo
y se acerque al abismo
donde muere la inocencia
y donde se contamina
el corazón y la vida
de una niñez víctima
de las violencias
siniestras.
No eres el mismo,
al regreso de aquel camino.
Y aquel camino,
no será el mismo,
cuando regreses a él.
Dalo todo,
que no te quede nada.
Que tu corazón te agradezca,
el ser como eres,
con todos tus matices y colores.
Hay presencias,
que son conversaciones eternas.
Hay ausencias,
que son eternos recuerdos.
Hay recuerdos,
que son parte de toda
o de una parte de la vida.
Los miembros de esta generación tendremos que lamentarnos no solo por las palabras y los actos odiosos de las malas personas, sino por los clamorosos silencios de las buenas
Ken Follett
La violencia tiene muchas caras,
muchas formas y prácticas.
En muchos de los casos,
es parte de lo que somos,
de lo que pensamos,
de cómo nos comportamos.
Es muy preocupante
observar que la falta de respeto
a normas básicas de convivencia,
es parte ya del día a día,
ni se diga de la falta de respeto
a la persona y a su dignidad.
Lo damos por hecho,
decimos que es una realidad,
lo asumimos y nos convencemos
de que ante ello
no hay nada que hacer.
Aquellas pautas de urbanidad,
de buenas costumbres,
han dejado de estar,
en la forma y en el actuar
de una buena parte de la humanidad.
En algunos casos,
hasta se desconocen,
porque se dejaron de practicar
y sin conocimiento
se pierde la conciencia
de su necesidad, de su importancia,
y de lo fundamental que resultan,
para una convivencia,
no sin conflictos,
pero sin violencia ¡seguro!
La cultura de la legalidad,
es la gran víctima de la anomia,
de este fenómeno que nos convierte
en sociedades cómodas,
mientras no nos afecten los problemas,
o mientras nos beneficiamos
-de algo-
así no se beneficien otros.
La anomia,
nos convierte, en silencio,
y de forma constante,
en sociedades conformistas,
indiferentes, ignorantes
(con tanta información
y con tan poca o ninguna reflexión),
endebles, miedosas
y al final mediocres.
Al final,
el único final es
el que nos escriben otros,
es lo que deciden otros,
es lo que pronostican,
predicen y apuestan
los que estan en el poder del poder.
Al final,
nos llegamos a convencer,
de que no hay nada que hacer
y que lo mejor será
ser parte del todo,
que en principio criticábamos
y rechazábamos,
pero que hoy nos parece
que es lo que cabe hacer.
Al final,
la ecuanimidad inteligente,
el sentido común, la esperanza,
la inspiración, la buena fe
y las buenas costumbres,
dejan de ser necesarias,
dejan de importar,
cuando en realidad
son las más importantes
y son el camino para dejar atrás
a esta anomia que nos agobia.
Cualquier camino sirve,
a quien no sabe a dónde va.
Cualquier palabra vale,
para quien no sabe pensar.
Siempre me sorprende,
y por qué no, me duele,
cuando la ignorancia se suma
a la ausencia de sentido común.
Incapaz de luchar contra tanto pasado,
abrió los ojos y se enderezó
Julio Cortázar
Esta semana,
asistí a una ceremonia,
en la que personas
que habían cumplido
la sentencia que recibieron
en su momento,
por haber cometido un delito.
En dicha ceremonia
en lugar de una sentencia
recibieron un certificado
que acreditaba su formación
en habilidades para un nuevo comienzo.
Varias instituciones
y personas unieron
voluntades y acciones,
y sumaron esfuerzos
para este nuevo comienzo.
En un país,
en una sociedad,
cada vez más desconfiada
y despechada,
en la que poco o nada
se cree en las personas,
peor en aquellas
que han sido sentenciadas
y han pasado un tiempo,
corto o largo,
en una cárcel,
asistir a ese evento,
me dejó un sentimiento,
o varios al respecto.
No llegamos a dimensionar,
el efecto multiplicador,
de las voluntades
cuando deciden trabajar
por un objetivo común,
por el prójimo,
por el más débil,
por el que más lo necesita.
Que jamás,
la gente común,
en lugares comunes,
deje de hacer
obras maravillosas
que transforman
a las personas y a la sociedad.
Lo segundo,
es el tema del nuevo comienzo.
Aunque nadie puede volver atrás,
y regresar en el tiempo
quien se propone,
con el apoyo necesario,
puede comenzar,
a partir de su voluntad
la construcción de un nuevo final,
que es a su vez,
un nuevo comienzo.
Ello requiere
de mucho valor,
templanza, voluntad y tolerancia,
pues los dedos que apuntan,
y los prejuicios que juzgan
nos acompañarán
hasta el final de los tiempos.
A pesar ello,
bienvenido siempre,
un nuevo comienzo,
y gracias eternas
a las manos y a los corazones voluntarios,
que creen a pesar de los pesares
y que nos permiten
empezar de nuevo.
Dar paso en tu vida
a la constancia y a la disciplina
hará que ellas,
en el momento preciso,
de la mano te lleven
a que vivas la experiencia
de poder construir
tus sueños y anhelos,
y que no te detengas.
No nos preguntemos,
si volveremos algún día.
Vivamos este día,
como el primero,
como el último,
como el más salvaje
de nuestras vidas.
Por eso,
guardo siempre
una lágrima o varias de ellas.
Se que las necesito
y las necesitaré.
Con algo debo, limpiar el alma.
No hay función en la vida más esencial y eterna
que la de la maternidad.
M. Russell Ballard
Cierra los ojos,
y siente la melodía de su voz,
la perfección de su tacto
y la eternidad de su amor.
Así siempre fue,
así siempre será,
ella siempre estará,
ella... mamá.
El sentido de lo maternal,
es de tal fuerza,
que supera el tiempo,
y la vida misma,
pues una madre vive,
en cualquier espacio imaginable.
Para siempre,
es un hoy,
o una suma de mañanas.
O, la suma de recuerdos,
o una suerte de olvidos,
sentidos o perdidos,
en el confín de los tiempos.
La vida continúa y nosotros con ella.
La vida continuará y nosotros seremos:
memoria, historia, recuerdo u olvido.
Más que a nada, le temo a la orfandad ética
Marcela Serrano
La forma o formas,
en las que las sociedades,
del tipo o tamaño que sean,
necesitan para vivir,
convivir, compartir,
trabajar, crecer y progresar,
requiere de la presencia
de elementos fundamentales,
como la ética.
Si lo que llamamos ética,
se deja de lado,
se relega,
se minimiza,
la garantía de que los actos humanos,
de que las responsabilidades,
de que los roles sociales,
de que los derechos y los deberes,
que son parte
de nuestra propia naturaleza,
se vea seriamente afectada.
Y por ello me preocupa,
cuando observo
que en lo grande
y en lo pequeño,
cada vez es más común
que el fin,
justifique los medios,
porque es una vía rápida,
para mostrar supuestos logros,
que luego serán reemplazados,
por otros fines,
que necesitarán de otros medios,
cada vez más alejados
de la ética y las buenas costumbres.
En nombre de la seguridad,
hemos asumido,
el vivir inseguros.
El mundo destina
incalculables cantidades
de dinero y recursos
a la fabricación y venta
de armas, armamentos
y nuevos elementos
para hacer frente a la inseguridad.
Lo cual relega,
y deja en segundo plano,
elementos claves
del convivir humano:
¿matamos a los malos,
independientemente
de que en esa afirmación,
incluyamos a los débiles,
a los inocentes
y a los que no tienen voz
ni capacidad de opinar?
En nombre de la seguridad,
la justicia, el respeto,
y la dignidad,
quedan en segundo plano.
Ni se diga,
la educación, la salud
y aquella posibilidad de construir
un pequeño y sencillo
mundo mejor, para cada uno.
En nombre de la seguridad,
el poder en el poder,
deja de rendir cuentas
y cuestiona y silencia,
cualquier voz que opine en contra.
Cuando el fin justifica los medios,
la voluntad, la conciencia y la libertad,
dejan de ser patrimonio de la humanidad
y de la ética,
y pasan a manos
del poder en el poder.
Más que al crimen
o al criminal,
hay que temer
a una sociedad
huérfana de ética.
No es solamente el logro,
es, sobre todo, el camino,
el tiempo y el esfuerzo para llegar a él.
El hombre no muere cuando deja de vivir,
pero si cuando deja de amar
Sir Charles Chaplin
Cuando la muerte sucede,
y lo hace con cercanía:
familia, amigos, personas queridas,
es inevitable pensar
en la vida que somos
y quizá,
en la muerte que seremos.
Más allá del dolor,
de la pena, de la ira,
de la inconformidad,
del cuestionamiento natural,
del por qué, del cómo
y tantas preguntas más,
es inevitable pensar
que en algún momento llegará,
y no habrá tiempo para actuar,
corregir, cambiar,
y hacer, tantas cosas,
decir, tantas palabras,
callar, palabras innecesarias,
abrazar, comprender y amar.
Por ello,
el mensaje que me deja,
la cercana muerte,
la muerte que seremos,
es el pensamiento
y la reflexión sobre la vida que somos.
La muerte,
maestra silenciosa,
nos invita a pensar,
a pensarnos,
aprovechando un presente,
sabiendo que el mañana,
es algo que llegará, o no.
Nos invita a vivir,
pero vivir con intensidad,
con propósito, con ganas,
y llevar adelante,
aquello que soñamos,
así no suceda,
tal como lo pensamos.
Nos invita a cultivar,
recuperar, valorar
y vivir la hermosura
del tiempo compartido
con los que amas y te aman.
De ser gratos,
con aquella voz,
con aquellas manos,
con aquel hombro,
que acompañan
el camino de la vida.
De devolver bien,
a pesar de los pesares.
No quisiera estar,
en el pasillo de la muerte
y tener que pensar,
que por qué no hice
lo que siempre quise hacer.
Quisiera pensar,
que si bien,
no conseguí todo lo que quería,
y no es solo lo material,
al menos traté con dignidad
a quienes tuve a mi lado,
y si algo queda,
de la vida que soy,
que la muerte que seré,
sirva para poder seguir haciendo
aquello que hace bien
a los seres humanos.
Y llega el día,
en el que la muerte llama a tu puerta.
No hay más,
solo queda tu testimonio de vida,
que es a la vez,
lo que viene luego... de la muerte,
y lo que da nueva vida.
No tengas miedo, le dijo,
y si el miedo insiste en quedarse,
lo dividimos para dos, agregó.
Los liderazgos inspiran,
para bien o para mal.
Los líderes
deberían estar conscientes de ello.
Conciencia que les juzgará,
para bien o para mal.
Pasó de querer
que los días terminaran cuanto antes,
a desear, con todo su corazón,
que la vida siga,
que no termine el día,
porque sentía
que se le iba la vida.
Una parte del corazón
siempre tendrá motivos
y razones suficientes,
para llorar,
para llorar siempre.
El trabajo en equipo es el secreto que hace que gente común
consiga resultados poco comunes
Ifeanyi Onuoha
Hay una frase,
atribuída a Albert Eistein,
que reflexiona
en la sencilla
y a la vez compleja fórmula,
de conseguir resultados diferentes.
Para ello,
lo que no se puede,
ni se debe,
es hacer lo que impide
un resultado nuevo.
Si a esa fórmula,
le agregamos otra,
que tiene que ver
con el efecto que produce
el trabajar de forma conjunta
hacia un mismo objetivo,
frente al hecho,
de hacerlo solo, o solos,
el resultado
es y será exponencial.
¿Por qué
estas reflexiones,
que son de sentido común,
son las menos comunes,
y las menos posibles
en diversos contextos
y entornos humanos?
A pesar,
de que la experiencia
nos demuestra
que el trabajo en equipo
y el intentar y hacer las cosas
de forma innovadora,
nos producirá, sin duda,
resultados sorprendentes
y de beneficio común.
Hemos perdido,
la magia de confiar,
en uno mismo,
en los otros,
y esa desconfianza,
genera incomunicación,
imposibilita que podamos
tener una visión común,
haciendo complejo
el esfuerzo colectivo
que se afecta también,
por la presencia de los egos.
Los resultados diferentes,
no llegarán,
si se busca que el esfuerzo,
sea una suerte de promoción
de nombres y personas
que buscan el aplauso,
el reconocimiento
y la oportunidad de brillar
sin importar
el resultado, el objetivo
y el bien común.
Los resultados diferentes,
necesitan de cambios,
y el cambio es algo que no gusta,
pues gusta el acomodo,
lo conocido, en una suerte de conformismo,
que es a la vez diaria queja
de una realidad que no cambia,
pero “yo no quiero cambiar”,
solo queremos nuevos resultados,
y que lo hagan otros.
Que poco común,
es el sentido común,
y qué difícil es poder
trabajar juntos,
en beneficio de todos.
Intentarlo,
¡sí! intentarlo,
será la única forma de aprender,
a trabajar juntos
y hacerlo,
para confiar en que los resultados
sean diferentes,
en beneficio de todos.
Intentarlo,
una y otra vez.
La historia nos recuerda,
que la condición humana,
es una constante.
Atroces y atrocidades,
han existido,
de la mano de víctimas y victimarios.
Era ya,
un camino que dejó de caminarse.
No dejes de mirar,
de observar,
No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos
Universidad de Nanterre
Paris, mayo del 68
Al poder le tienta
y le llama,
de forma continua,
de siniestra forma,
el gusto y la gana
del control total,
de la “tranquilidad”
de saberse solo,
sin peligro alguno,
que ponga en duda
su fuerza, sabiduría,
inteligencia y criterio.
La historia nos cuenta,
tristes momentos,
de una humanidad presa,
de la locura de seres humanos,
que decidieron disponer
del tiempo, la dignidad
y la vida de otros seres humanos,
usando como pretexto,
la búsqueda de un supuesto bienestar,
de mejores días, de mejores personas,
de mejores momentos,
de nuevos y prometedores futuros.
Las actitudes
y acciones totalitaristas
de lo que llamamos poder,
en un…
continente, país, ciudad,
región o comunidad,
se basan en herramientas
acordes a los momentos de la historia.
En el pasado,
el énfasis era en relación
a un siniestro futuro,
y al uso de la fuerza
y una violencia física
que provoque miedo,
terror y pavor.
Hoy se suman,
la vigilancia tecnológica,
una suerte de
sociedad de masas automatizada,
que debe caminar junta
a un mismo lugar (sin preguntar),
vacía y sin capacidad
de preguntarse ni preguntar,
porque la seguridad está,
en no implicarse, en no ser visible,
en no “molestar” al poder.
Otras herramientas
del totalitarismo contemporáneo,
tienen que ver
con discurso, mensajes
que buscan construir una verdad
donde la libertad de pensamiento
y la acción espontánea
son vistas como un irrespeto
a ese poder que escribe
una supuesta verdad de los hechos
y de la forma de pensar de todos.
El asecho
del totalitarismo contemporáneo,
echa mano del dinero,
que supuestamente lo entrega,
lo “regala” y lo hace
supuestamente alcanzable,
mostrando una cara de sensibilidad
que encubre un acto
de compra de conciencias.
Y nuevas violencias,
adornan al totalitarismo contemporáneo:
un discurso que pide
cuidarse de errores pasados,
y aquella violencia sociocultural
que impone miedo,
pues nuestras acciones son vigiladas,
castigadas y silenciadas
cuando piensan y actúan diferente
al poder total, a aquel poder
que dijo que no cometería jamás,
los crímenes y delitos
que cometieron los poderes anteriores
aquellos que lo antecedieron,
aquellos que cayeron también,
el la tentación y redes
del temible totalitarismo.