El hombre no muere cuando deja de vivir,
pero si cuando deja de amar
Sir Charles Chaplin
Cuando la muerte sucede,
y lo hace con cercanía:
familia, amigos, personas queridas,
es inevitable pensar
en la vida que somos
y quizá,
en la muerte que seremos.
Más allá del dolor,
de la pena, de la ira,
de la inconformidad,
del cuestionamiento natural,
del por qué, del cómo
y tantas preguntas más,
es inevitable pensar
que en algún momento llegará,
y no habrá tiempo para actuar,
corregir, cambiar,
y hacer, tantas cosas,
decir, tantas palabras,
callar, palabras innecesarias,
abrazar, comprender y amar.
Por ello,
el mensaje que me deja,
la cercana muerte,
la muerte que seremos,
es el pensamiento
y la reflexión sobre la vida que somos.
La muerte,
maestra silenciosa,
nos invita a pensar,
a pensarnos,
aprovechando un presente,
sabiendo que el mañana,
es algo que llegará, o no.
Nos invita a vivir,
pero vivir con intensidad,
con propósito, con ganas,
y llevar adelante,
aquello que soñamos,
así no suceda,
tal como lo pensamos.
Nos invita a cultivar,
recuperar, valorar
y vivir la hermosura
del tiempo compartido
con los que amas y te aman.
De ser gratos,
con aquella voz,
con aquella manos,
con aquel hombro,
que acompañan
el camino de la vida.
De devolver bien,
a pesar de los pesares.
No quisiera estar,
en el pasillo de la muerte
y tener que pensar,
que por qué no hice
lo que siempre quise hacer.
Quisiera pensar,
que si bien,
no conseguí todo lo que quería,
y no es solo lo material,
al menos traté con dignidad
a quienes tuve a mi lado,
y si algo queda,
de la vida que soy,
que la muerte que seré,
sirva para poder seguir haciendo
aquello que hace bien
a los seres humanos.
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