No necesitamos ser el sol para iluminar el mundo;
incluso la más tenue luz de bondad puede hacerlo brillar
―Bhuwan Thapaliya
Una famosa antropóloga
respondió a la pregunta
sobre cuál creía ella
que podría ser
el primer signo de civilización
en la humanidad.
Su respuesta,
provoca estas letras,
pues dijo ella,
que hay evidencia
que permite concluir
que un ancestro sapiens
al romperse una pierna,
fue curado y cuidado
por alguien cercano.
La profesora continúa
y comenta,
que en ese hecho
se refleja un gesto,
un signo que marca
probablemente,
el inicio de la vida en común:
detenerse, para cuidar,
para dedicar tiempo,
proteger y curar al otro.
Cuidar y cuidarnos,
es fruto del cultivo y desarrollo
de fundamentales sentimientos
y actos,
como la compasión y la empatía.
Una base emocional
que permite sentir al otro,
al punto de entender
su sufrimiento.
Cuidar y cuidarnos,
son hábitos
que requieren práctica,
constante, permanente,
y que a la vez,
dan paso a la confianza,
que deriva en compromiso.
Es curioso,
que una buena práctica,
de inmediato lleva a otra
y a otra, haciéndonos bien.
En eso se parece también,
por desgracia,
la práctica y réplica
de aquellas conductas
que hacen daño y generan violencia.
Volviendo al cuidar y cuidarnos,
decir que su presencia y práctica
nos hace menos vulnerables,
y hace honor a la dignidad humana.
Que nos permite dedicar tiempo,
y también paciencia,
a estos temas, tan necesarios,
pero que con los años,
algunos de ellos,
parecerían dejar de ser importantes
y nos concentramos en los males,
y en los malos,
dejando de lado
la necesaria presencia
del cuidar y cuidarnos,
como signo de humanidad,
como herencia de verdad.
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