El deber del superviviente es dar testimonio de lo que ocurrió, hay que advertir a la gente de que estas cosas pueden suceder, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan
Elie Wiesel
En biología
lo endémico es
una especie
que vive exclusivamente
en una zona geográfica,
como una isla, montaña
o un ecosistema particular,
sin encontrarse de forma natural
en ninguna otra parte del mundo.
Las especies endémicas
son fundamentales para la biodiversidad,
ya que representan
una alta especialización ecológica,
y nos enseñan esa especial forma
de adaptarse a las condiciones
sin perder la esencia.
En las ciencias sociales,
en la filosofía,
lo endémico
tiene que ver con
trastornos, emociones
o dinámicas relacionales
que son habituales,
persistentes y predecibles
en una población
entorno geográfico o cultura específica.
A diferencia de una crisis puntual,
un fenómeno endémico
está integrado en la normalidad cotidiana,
es decir se vuelve parte de nosotros,
se normaliza, se adopta,
se acepta y se replica.
Por desgracia,
lo que llamamos indiferencia:
apatía, desinterés,
insensibilidad afectiva,
neutralidad actitudinal,
deshumanización, desconexión,
pasividad y otras actitudes similares,
constituyen la característica
de la indiferencia endémica,
pues todas ellas se han integrado,
en mayor o menor medida,
a la normalidad cotidiana.
Y entonces,
la vida, el presente
y el impredecible futuro,
se pintan con matices
de indiferencia,
con actitudes indiferentes,
con acciones que nos demuestran
ninguna empatía
con los demás,
sean conocidos o no.
Que haya indiferencia,
es algo que sabíamos,
y nos preocupaba.
Que esa indiferencia
sea endémica,
sea parte integral de nuestra forma de ser,
es algo que no solo
nos debe preocupar,
nos debe alarmar,
nos debe doler
y nos debe llevar,
a trabajar en hábitos
y actitudes
que nos devuelvan
nuestra condición y dignidad
de seres humanos,
porque la indiferencia
es al final la muerte del amor.
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