Y a mi jardín regreso,
cuando hay sol,
cuando hay viento.
Cuando lloro,
cuando río,
cuando sufro,
cuando estoy tranquilo.
Y a mi jardín regreso,
para ver, para recordar,
a la flor más hermosa,
aquella que me enseñó
que la belleza está,
en la dualidad
del pétalo y la espina,
del brote cuando nace
y que el tiempo marchita,
pero sobre todo
de la belleza
de su vida
y de su existencia infinita.
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