Más dañina que la droga,
es la amargura y el resentimiento
que reinan en un corazón.
No deja de sorprender,
que los mayores actos de corrupción,
se produzcan en momentos
de grandes crisis sociales.
Es siempre la gente común la que implementa los cambios
y no los políticos o la personas que están en vista
Luc Besson
Es la suma de acciones
y también inacciones,
las que convierten a un Estado,
a una forma de gobierno,
incluso a una sociedad,
en una suerte de caverna,
de prisión, de túnel sin tiempo.
Todos, son corresponsables,
de lo que es hoy,
un estado ingobernable,
intolerante y nada empático,
Una suma de ilegalidades,
despotismos, irresponsabilidades,
vicios, impunidades, mentiras,
mediocridades, acosos, persecuciones
y acciones miserables,
contra personas e instituciones
llevan a un Estado y a su sociedad
a buscar a ciegas
salir del hoyo donde se encuentra.
Y lo peor,
es que quienes fueron y son responsables
del caos y la miseria,
copan las redes y los titulares
con acusaciones a los otros,
reclamando para unos y otros
la verdad y la honestidad absolutas.
Es necesario unir piezas claves
que permitan una mirada sincera
y una suma de acciones honestas
que reorienten la vida y el futuro
de ese Estado fallido y en abandono.
Una pieza clave es el poder construir,
proteger, rescatar, promover y fortalecer
una prensa libre, seria y honesta.
Una libertad de la palabra.
que duele es verdad,
pero que es tan necesaria,
para denunciar el robo y la corrupción,
la mediocridad y la maldad.
Pero también para despertar
a esa sociedad de un letargo
y de una actitud de mínimos
y de que me importismos.
Otra pieza clave,
es el rescate de la ética.
Dicho de otra manera,
volver a aprender,
recordar, estudiar y practicar
sobre el bien, el mal, el deber,
la felicidad y lo correcto o incorrecto.
Eso conlleva también,
desempolvar y practicar,
valores fundamentales:
justicia, libertad, igualdad,
respeto y dignidad.
Una necesaria cultura de legalidad,
que signifique el respeto
y práctica de las reglas o pautas
de convivencia social.
No olvidarse de los derechos,
de los deberes y de las obligaciones,
que se tienen como seres humanos,
miembros de un conglomerado social.
A ello, es fundamental sumar,
aquella capacidad interna y olvidada,
de reflexionar, evaluar y juzgar
la moralidad de acciones propias y extrañas.
He ahí, la ruta de la libertad.
de un cambios, necesario y fundamental.
Sentándose
a la sombra de un árbol,
se dio cuenta
de que varios
de los que le acompañaron en el camino,
ya no estaban,
se habían ido,
habían pasado
o habían muerto.
A la sombra de un árbol,
miró lo caminado,
y aunque se había equivocado
en varias rutas (y decisiones),
sintió que valía la pena,
sobre todo por él
y por quienes siguen a su lado.
A la sombra de un árbol,
visitó su corazón,
allí están y estarán,
los deben estar.
Muchas terrazas,
acumulan basura,
con la creencia de que
nadie la ve desde abajo.
Olvidan que otros ven,
desde arriba.
Estás, estuviste, estarás;
hay presencias que marcan y se guardan,
muy hondo, en la profundidad de la eternidad.
Cuando la maldad es contagiosa,
Dolía saber,
Llevaba años,
No es solamente por lo que hacemos,
sino también por lo que no hacemos,
que somos responsables
Molière
Siempre pienso,
que hoy, que el hoy
es la oportunidad para actuar.
El ayer ya pasó,
y el mañana no sabemos si pase,
pero hoy, hoy es siempre el momento.
No es tarea fácil,
porque no siempre,
aquella reflexión
con claros matices de responsabilidad,
se hace presente en nuestra mente
peor aún en nuestras acciones.
Quizá,
porque aquella conciencia
que nos recuerda
o nos debe recordar
que nuestras acciones
o la ausencia de ellas,
conlleva el asumir
una serie de consecuencias,
del tipo que sean.
Y por ello hoy,
me quiero referir
a aquella conciencia
a aquella responsabilidad
que nos corresponde
como grupo social:
familia, amigos, vecinos,
ciudadanos, comunidad,
nación, país, en fin,
humanidad.
Una conciencia,
una responsabilidad,
que en los tiempos
en los que nos toca actuar
entendamos que
hay una tarea común:
dar forma a nuestra propia realidad.
Algunos,
bajan las manos,
se sienten derrotados, no hay nada que hacer,
es un castigo, la gente de hoy no es la de antes,
la violencia y el crimen nos supera,
y así, otras tantas frases más
que cavan la fosa de la resignación
y la inacción.
Otros entienden,
que es momento
de pescar en rio revuelto:
provocar miedo,
aprovecharse de la ignorancia,
tomar por asalto la política y el poder
y robar a manos llenas:
dinero, ilusiones, esperanzas
y también futuros.
Otros miran,
y mientras lo hacen,
les pasa la vida
y les llega ese mañana
que será como el que lo diseñaron
los que sí actuaron.
Y vuelvo a pensar,
en que es necesario reflexionar,
entender y asumir
esta responsabilidad
de dar forma a un tiempo
donde la dignidad humana,
sea el resultado de una acción,
consciente y voluntaria
que entendió que su libertad
es el testimonio de una vida
que se construye y trabaja,
desde lo personal,
sin dejar de lado, lo colectivo,
lo humano, lo ético, lo necesario,
lo digno, lo verdaderamente eterno.
Y regresarás a la edad,
donde volverás a leer
y quizá entender,
el mensaje y sentido
de la inocencia
en la vida, en la vida misma.
Hay diálogos
que restauran,
que recomponen,
que inspiran
y que construyen
tiempos nuevos,
tiempos de esperanza.
¡Sé la paz que deseas ver en el mundo!
Martin Luther King, Jr.
Cada gobernante que llega,
cada gobernante que se va,
trae y lleva, trae y deja,
personas… ciudadanos,
que se convierten
en parte de un servicio,
del fundamental servicio público.
Un servicio,
que comporta,
un complejo sistema de jerarquías
y que con el tiempo,
ha tomado ribetes
de pequeños feudos
y de pequeños reinos,
que al final, se transforman
en estados propios,
con un sistema de servidumbres,
donde se ha desarrollado
todo tipo de conductas,
muchas,
ajenas a las buenas costumbres.
No son todos,
es verdad,
pero es verdad,
que el sistema en sí,
-del servicio público-
es un sistema caduco,
complejo y atado
a una serie de normativas
que lo convierten
en todo menos en servicio
y peor aún, para el público.
Frente a ello,
más allá de las reformas legales,
es necesario reflexionar
que la autoridad pública,
que el servicio público
es una responsabilidad,
que conlleva una doble obligación:
el bien común,
y el bienestar de todos.
Debemos rechazar
y cambiar de plano
el concepto y práctica
de un servicio público
de una representación púbica,
que actúa para fragmentar
el interés público, en intereses parciales.
El interés público,
la autoridad pública,
debe llevar implícito
un ejercicio de la ética
y de la moral
en lo más profundo de su concepción
y de su práctica.
Una autoridad debe ser firme,
lo cual no significa
que pueda despreciar
a quienes no piensan igual.
Discrepamos, es verdad,
eso es natural y sano,
lo que no cabe es humillar
a quienes piensan igual
y a quienes piensan diferente.
Otras caras de la seguridad,
en estos tiempos,
son servidores y servicios públicos,
que se conviertan en refugio
en compañía y apoyo a los ciudadanos.
Menos manos aplaudiendo a los jefes
y más manos trabajando.
Menos manos intentando acallar
el grito, el dolor y la indignación
y más manos siendo lo que de verdad,
necesita nuestra sociedad.
Y regresarás a la edad,
donde volverás a leer
y quizá entender
el mensaje y sentido
de la inocencia,
en la vida y la convivencia humana.
Puedes iluminar,
incluso desde la sombra,
sobre todo desde la sombra,
para que cada luz,
se sienta y vea, como propia.
No dejen de soñar
no dejen de amar.
No dejen de tener esperanza
de tener ilusión.
De disfrutar de más cosas sencillas de la vida,
de abrazar
de ayudar
y también de cuidar.
Nos tenemos y tenemos que caminar juntos.
No hay otra forma,
de superar la edad
del odio y la desconfianza.
Y no lo olvides,
cada día,
dedica tiempo
para construir
aquel refugio,
tan necesario para vivir.
(tu propio interior)
Y escribió versos tristes,
porque solo sabía de tristezas.
No llegó a conocer,
aquello que llamaban alegría.
Enseña a los niños, y no será necesario castigar a los hombres
Pitágoras
Una cámara,
había grabado,
el momento
en que dos niños
sustraen de un local comercial
una caja de estampas
del famoso álbum
del mundial.
Una travesura,
una imprudencia,
un acto impulsivo,
producto del deseo
y de la “locura”
del mundial de fútbol.
Es más,
es un hecho,
que bien podría
pasarse por alto,
pues no hay maldad
ni intensión de daño.
Pero también,
es un imperceptible indicador,
de un hecho aterrador
que con el paso de la vida
se convierte
en una verdad absoluta:
el fin, justifica los medios.
Uno de los compromisos
que la sociedad tiene
para con la niñez
y la adolescencia
es el de construir en ellos
un pensamiento crítico
y cuidar su salud mental.
Los niños
y los adolescentes
aprenden de lo que ven,
de lo que les mostramos;
aprenden de nosotros
padres, madres, familia,
amigos, vecinos
y ejemplos de vida,
del tipo que sea,
en todo ese mundo virtual
de las redes sociales
y en este mundo real.
Enseñar también
el valor de ser
como se debe ser,
sin tener la necesidad
de que alguien te vea,
te vigile,
te controle y te castigue.
El valor de corregir,
de enmendar,
de poder entender
el amor propio,
el valor propio
el respeto, el autoestima.
El poder vivir,
una niñez
donde la inocencia sea
la compañera plena
de todos los momentos,
de todas las vivencias
de todas las horas,
y no que esa inocencia
penda de un hilo
y se acerque al abismo
donde muere la inocencia
y donde se contamina
el corazón y la vida
de una niñez víctima
de las violencias
siniestras.
No eres el mismo,
al regreso de aquel camino.
Y aquel camino,
no será el mismo,
cuando regreses a él.