Sentándose
a la sombra de un árbol,
se dio cuenta
de que varios
de los que le acompañaron en el camino,
ya no estaban,
se habían ido,
habían pasado
o habían muerto.
A la sombra de un árbol,
miró lo caminado,
y aunque se había equivocado
en varias rutas (y decisiones),
sintió que valía la pena,
sobre todo por él
y por quienes siguen a su lado.
A la sombra de un árbol,
visitó su corazón,
allí están y estarán,
los deben estar.
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