jueves, 28 de junio de 2012

Aquel día

El día de "ya no puedo más",
ha llegado sin avisar,
y ha dejado su pesando equipaje,
porque se piensa quedar.

Mientras lo miro,
mientras se acerca,
preparo aquella bebida,
que me llevará a otra vida,
que me alejará de ésta
que ya no es vida,
que es una suerte de muerte,
un vivir sin vida,
un respirar sin aire,
un caminar sin rumbo,
un horizonte oscuro,
un mañana que ha muerto,
una historia maldita,
una maldición desmedida.

jueves, 14 de junio de 2012

Sociedad condenada


La verdadera civilización es aquella en la que
todo el mundo da a todos los demás,
todos los derechos que reclama para sí mismo.
Robert Green

Una sociedad
está condenada,
cuando el uso de la palabra,
se limita por ley,
y se convierte en privilegio,
o la dispone el Rey,
el dictador o el mandatario.
Cuando se dice lo que se debe
y lo que no se debe decir,
y cuando decir lo que se piensa,
a riesgo de estar equivocado,
se convierte en crimen de Estado.

Una sociedad
está condenada,
cuando debe escuchar
de boca de quien
nunca ha producido nada,
lo que se debe producir,
y cómo producirlo.
Lo que se debe vender,
y a quien venderlo.
El precio al que debes vender,
y las condiciones de pago
que debes establecer.

Una sociedad
está condenada,
cuando el dinero comunitario
cuando el dinero de los ciudadanos
está bajo el control de los funcionarios,
que deciden qué hacer con él,
a quien darlo,
a quien regalarlo,
a quien entregarlo,
si dar cuentas de nada.
Cuando ese dinero,
que es para ahora,
que es para el mañana,
se destina a un destino
aún desconocido.
Cuando ese dinero,
sirve solo para hoy,
y no para el futuro.
Cuando con ese dinero
se compran bienes de lujo
para funcionarios pasajeros
que cual nuevos millonarios
pasean su triste riqueza
como una vulgar conquista
ante la pasividad ciudadana.

Una sociedad
está condenada,
cuando la corrupción
se ha sentado en la primera fila
y decide quién hace qué,
cuándo y cómo lo hace.
Cuando la conciencia tiene precio,
cuando la honestidad
es un bien que se subasta
en el mercado de los desgraciados,
cuando valen más los bienes que tienes
cuando tus valores y tus convicciones,
valen menos que una limosna
entregada de mala gana
en una calle cualquiera,
de un país en la miseria.

Una sociedad
está condenada,
cuando el silencio ciudadano,
cuando la inacción del electorado
es un triste aliado
de un poder que crece
a la sombra de ese silencio
que le permite disponer
de todo lo que hay,
de todo lo que habrá.

Una sociedad
está condenada,
cuando es el poder de turno
el que decide escribir la historia
de los héroes de la patria
de los villanos y los desgraciados.

Un poder que crece
por la influencia del dinero,
de la ignorancia ciudadana,
de la campaña diaria,
del silencio cómplice,
de la toma por asalto
de un país sin nombre
que aprendió a vivir
sometido por el caudillo
porque no tiene otra manera
de vivir tranquilo,
o porque quizá,
no se atreve
a dar un paso solo
como sino confiara
en sus propios pies,
en  su corazón sin sombra,
en su esperanza
que parece muerta
pero que sobrevive sola
esperando el amanecer
de una sociedad nueva,
responsable y educadora.

¿Quién eres,
en esta sociedad condenada
al olvido del tiempo,
al abuso de poder sin control,
a la agonía de la esperanza fallida?

Y cuando...


Y cuando al fin
pude mirar tu silueta,
un eclipse cubrió
tu tiempo y el mío,
y sin haberlo querido,
llegó una oscuridad tal,
que opacó el camino,
que durmió el amor,
que adormeció el corazón,
parecía… que te había perdido.

He vuelto


He vuelto,
al rincón de estas letras,
que no paran de hablar,
de decirme cosas nuevas
y otras que suelo escuchar.

He vuelto,
porque este es mi espacio,
donde una palabra ardiente,
se graba en mi corazón,
y me recuerda
aquel deseo en el aire
aquel beso volado,
aquel abrazo anhelado,
aquel te amo
que te quiero
aquel te deseo,
aquel…
soy por ti,
aquel...
no soy sin ti.

Camino a la inseguridad


Los políticos tímidos e interesados se preocupan mucho más de la seguridad de sus puestos que de la seguridad de su país
Thomas Maucalay

No es un tema de afinidad,
o de critica al gobierno,
es un asunto nacional,
el tema de la seguridad,
de la garantía de los derechos,
de las libertades,
y de las obligaciones ciudadanas.

Hechos ocurridos
en los ultimos tiempos
nos hacen dudar,
sobre un sistema de seguridad
en el territorio nacional.

El sistema penitenciario,
el sistema de rehabilitación social,
no ha cambiado,
a pesar de los años y las promesas,
las cárceles, son cada vez más,
jaulas donde se encierran a personas,
a familias, a ilusiones y esperanzas.
Sin un sistema humano y responsable
de rehabilitación social,
la seguridad nacional
no será posible,
faltará siempre algo,
y ese algo es,
tener una nueva oportunidad.

Otra preocupación
en crecimento
son las noticias sobre aviones
que sin permiso vuelan,
en cielo nacional,
y que son vinculados
a redes internacionales de narcotráfico,
confirmando con ello
operaciones de todo tipo
de tráfico de drogas,
de tráfico de influencias,
de institucionalización
de carteles de droga
en un país,
en el que la poblacion rural
en el que la población indefensa,
es presa de ofertas y propuestas
de delincuentes nacionales y de fuera,
que pagan por callar,
que pagan por ayudar,
que callan para apoyar,
sus ilegales actividades.
Se camina a la inseguridad,
cuando el país no da señales,
de saber enfrentar
a narcotraficantes y mafias,
que en otros países
se han tomado las instituciones
de la justicia, de la seguridad ciudadana
y de la administración pública.
No hay responsables,
hay hechos graves de narcotráfico,
pero no hay responsables,
los cabecillas,
los dueños de la droga,
jamás aparecen,
jamás se capturan,
porque quien habla,
corre el riesgo de muerte.

La inseguridad se siente,
cuando no hay control
de aquellos conductores suicidas,
de aquellos dueños de unidades
de transporte público
que no prestan las garantías
para un servicio adecuado
y seguro para los ciudadanos.
Las calles y vías,
serán inseguras mientras se crea
o se piense que son para vehículos
y no para seres humanos.

La inseguridad se siente
cuando la transición de la justicia
tarda y no llega,
es confusa y compleja,
y cuando se siente
la presión de otros poderes del estado,
cuando lo que la justicia necesita,
es libertad para actuar,
responsabilidad para sentenciar,
y humanidad para administrar
los problemas que son puestos en su conocimiento.

A ello se suma,
el hecho de que las fuerzas del orden,
policías y militares,
deban estar permanentemente preparados,
para asistir, para ayudar,
para proteger, para convivir,
con todos los ciudadanos.
No puede haber distanciamientos,
no puede haber distancia
entre policías y ciudadanos.
Debe haber confianza,
debe haber diálogo,
debe haber colaboración.

Hay un camino a la inseguridad
que se puede reorientar
si contribuímos con elementos
de cultura de paz,
que no es otro,
como el devolver a la ética y los valores
básicos y fundamentales
el sitio que se merecen
en nuestros corazones,
en nuestros ideales,
en nuestras actuaciones,
en nuestra vida diaria.

No hay caminos para la paz,
la paz es el camino,
nos lo recordaba siempre
Mahatma Gandhi,
como un llamado constante,
a combatir la violencia y la inseguridad
con la fuerza de la noviolencia
con la fuerza de los derechos humanos,
con la fuerza del amor a la humanidad.
La paz es el camino,
es la invitación a vivir
como quisiéramos que otros vivan,
a hacer a otros,
lo que quisiéramos que otros
hagan por nosotros.
Solo así,
la inseguridad, que es violencia,
poco a poco cederá.