jueves, 16 de julio de 2009

Los Heraldos Negros (César Vallejo)

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!

miércoles, 15 de julio de 2009

Verte sufrir


Verte llorar
me destroza el alma,
verte sufrir
me agobia,
me quita el aire.

Ya se que no es por ti
o por algo que te pasa,
es por alguien a quien amas,
alguien a quien han dejado de amar
y eso te mata.

No sabes qué hacer,
no sabes cómo proceder…
y yo no sé qué decir,
solamente que mantengas la calma,
que no es momento de consejos,
que no es momento de pensar,
es momento de poner el hombro,
de estar ahí como árbol frondoso,
aquel que da sombra
aquel que cobija y cubre.
Es momento
de hablar con el silencio,
de amar intensamente,
de mostrar a todos
que el mundo no acaba
que los problemas
en algún momento pasan,
y por tanto hoy,
la compañía y el amor
son las mejores gracias.

Verte llorar
me destroza el alma,
verte sufrir
me agobia,
me quita el aire,
no desmayes,
lo sé no es fácil,
pero has hecho tantas cosas,
has alcanzado tantas metas
que seguro es posible
superar ésta...
que te destroza el alma.

Por si me necesitas estaré cerca,
no es necesario me busques,
sabes donde encontrarme:
en un rincón de tu alma.

martes, 14 de julio de 2009

El virus...

Érase una vez
un virus implacable
que acabó para siempre
el gusto de saludarse,
de darse un beso,
de estrecharse la mano.

Érase una vez
un virus desgraciado
que confundió nuestro camino
y generó desconfianza
por alguien que sufre
una gripe pasajera.

Érase una vez
un virus implacable
que empobreció los bolsillos
de los que a su paso atacaba
y aumento las ganancias
de los laboratorios
que decían lo curaba.

miércoles, 8 de julio de 2009

Volverte a ver


Volverte a ver,
volverte a tener,
aunque solo un instante
esta vez…
Y que más da
si el sabor de tus besos
se queda pegado
en lo profundo del alma,
en todo mi cuerpo,
en todas mis ganas.

Orden, control y hostigamiento

Es verdad,
es muy cierto
que nuestro país
necesita a la brevedad
poner en orden
los diversos servicios
que el Estado brinda
a través de su órganos.

Es verdad,
es muy cierto,
que se debe poner orden
a los abusos que se han cometido
en campos como el laboral,
el ejercicio profesional,
el sistema comercial,
la responsabilidad fiscal,
la educación y salud pública,
la representación electoral,
el despilfarro casi total
del presupuesto nacional.

Es verdad,
es muy cierto,
que se debe poner en orden
el ejercicio legislativo,
el debate nacional,
la libertad de prensa,
la autonomía universitaria,
la representación sindical.
Todos ellos principios,
derechos y figuras,
de la vida nacional,
del convivir diario,
de nuestra propia historia,
de nuestro propio Ecuador.

Es verdad también,
que hay actividades
que no solamente deben
tener el control estatal,
ojo con esto,
digo estatal y no gubernamental,
que son cosas diferentes,
sobre todo porque la primera
pasa por alto el interés que tiene
el partido en el poder.
Un control digo,
que permita ofrecer sin olvido
un permanente servicio público de calidad,
controles a la delincuencia y al narcotráfico,
a la soberanía nacional,
al respeto de los derechos y obligaciones
de los ciudadanos,
y al rendimiento de cuentas
de los dineros públicos,
y del ejercicio del poder
otorgado en las urnas.

Es verdad también,
que existe una frontera difusa
entre control y hostigamiento,
que confunde la función
de garantías con la de intromisión.

Tengo la sensación
que algunas democracias,
y sobre todos sus gobiernos,
intentando poner orden,
han desarrollado acciones de control
que en algunos casos
has degradado en hostigamiento,
que se traduce poco a poco
en enfrentamientos
que suelen ser primero de palabra
pero que luego son de obra
y es entonces cuando
el ideal aquel
que motivó el orden
se olvida por completo
y triunfa de lleno
el perfil del dictador,
que no acepta para nada
opinión en contrario,
que censura de plano
a cualquier ciudadano
que se atreva a contradecirlo,
y lleva adelante su purga,
al mas puro estilo imperial
teniendo en cada dedo de su mano
las instituciones garantizadas
en la carta constitucional.