viernes, 3 de abril de 2026

Sobre la necesidad de ser responsables

Los puestos de responsabilidad 

hacen a los hombres eminentes más eminentes todavía, 

y a los viles, más viles y pequeños

Jean de la Bruyere

Hay una gran diferencia,

un enorme abismo,

entre asumir una responsabilidad

y ejercer el poder que,

un puesto, un cargo,

un encargo o una dignidad

comportan como tal.


Me preocupa,

que asumir una responsabilidad,

se lea solamente

como el derecho de ostentar

y ejercer el poder,

sin medir

consecuencia alguna. 


En la vida,

o en vida,

asumimos por encargo,

o por destino,

diversas responsabilidades.

¿Cómo respondemos a ellas?

¿Cómo nos comportamos

ante una responsabilidad

puesta en nuestras manos?


Hay muchas formas

de asumir las responsabilidades:

lavarnos las manos,

echar la culpa a otros,

abusar del poder,

ser mediocres ante el reto

de asumir una responsabilidad,

equivocarnos y enmendar,

aprender, corregir y fortalecer,

ser responsables y corresponsables.

Hay muchas formas

de asumir las responsabilidades,

lo importante es ser

lo suficientemente honestos

para decirnos 

en cuál de ellas nos ubicamos,

cuál de esas actitudes nos caracteriza.


Ya sea que ejerzamos,

el cargo más importante de un país,

de una región, de una ciudad,

de un barrio, de una comunidad,

de una organización, de una representación,

de una familia, de una institución,

de nuestra vida misma,

la necesidad de ser responsables,

es la misma y es igualmente importante

y muy delicada.


Lo que hagamos,

o dejemos de hacer

con nuestras responsabilidades

marcará el destino

personal y colectivo

de nuestra vida, de nuestras vidas

y de las vidas de los que vienen.


Lo que nos pasa,

para bien o para mal,

tiene que ver

con la forma o formas

en las que asumimos la responsabilidad: 

consciencia y voluntad,

compromiso y obligación

ética y moral

rendición de cuentas 

y el valor de corregir y reparar,

harán de la responsabilidad

una fuerza necesaria

para caminar hacia un horizonte

más humano y más cercano,

a eso que llamamos felicidad.





1 comentario:

Anónimo dijo...

Tremenda reflexión 👏