¿Y si estuvieses junto a mi,
sin que haya nada más entre los dos,
que besos y caricias de amor?.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Murió el poeta... (a Leonardo Burneo)
Murió el poeta,
dejando a su paso,
una larga estela,
de pensamientos,
de recuerdos,
de cosas vividas.
Murió el poeta,
y con él,
la sencillez del verso,
la amistad sincera,
la pasión por la vida,
el abrazo fraterno.
Murió el poeta,
dejando en nuestras manos,
su testimonio de vida,
sus poemas humanos.
Murió el poeta,
y me embarga la tristeza,
más en el eterno cielo,
volverá seguro,
a los brazos de su amada,
que se adelantó en el viaje,
para preparar su llegada.
dejando a su paso,
una larga estela,
de pensamientos,
de recuerdos,
de cosas vividas.
Murió el poeta,
y con él,
la sencillez del verso,
la amistad sincera,
la pasión por la vida,
el abrazo fraterno.
Murió el poeta,
dejando en nuestras manos,
su testimonio de vida,
sus poemas humanos.
Murió el poeta,
y me embarga la tristeza,
más en el eterno cielo,
volverá seguro,
a los brazos de su amada,
que se adelantó en el viaje,
para preparar su llegada.
Libertad e independencia para la ciudad
La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.
Miguel de Cervantes Saavedra
Día de conmemoración,
de conmemoración de la ciudad.
La palabra “libertad”,
y la palabra “independencia”
se escucharán
en todos los discursos.
Habrá alabanzas
a los héroes de la historia,
de la historia de la libertad,
de la independencia,
de una fecha que marcó,
y debería marcar
mundos y ciudades diferentes.
Se suponía que seríamos
libres e independientes.
Libres para soñar
días mejores,
mejores presentes,
mejores futuros.
Independientes
para poder actuar,
para poder decidir,
para poder escoger,
los mejores caminos,
por donde transitar
nuestros destinos.
Tengo la impresión,
de que lo menos que podemos celebrar,
en esta fecha coloquial,
es la libertad o la independencia,
porque dominada está la ciudad,
de la política de la indiferencia,
del ejercicio de la irresponsabilidad,
del dejar hacer, dejar pasar,
del “tomo nota” para no hacer nada,
del “conmigo no es”,
o del “no podemos hacer nada”.
Tengo la impresión,
de que en lugar de celebrar,
deberíamos pedirle perdón a la ciudad,
por haberle hecho lo que le hemos hecho,
los electores por elegir a quien hemos elegido,
y los elegidos por no hacer lo prometido.
Lo que es peor,
no hay una luz al final del camino,
aquello que parece luz,
es una hoguera
donde se queman día a día,
las ilusiones y las alegrías,
donde se sacrifican,
la intensiones buenas y las buenas ideas,
donde se quema,
el sentido común
y la razón del corazón.
No hablen del libertad,
peor aún del independencia,
quienes aún no se han liberado,
quienes aún no se han independizado,
de sus propias cadenas,
que los atan a falsos dioses,
a falsos ídolos de barro.
No podemos celebrar la independencia,
cuando nuestra libertad no es verdadera,
cuando la ciudad no encuentra,
un camino real para caminar,
cuando se enfrentan,
los intereses de una clase,
y se olvidan los intereses de todos,
de todos los ciudadanos.
No podemos celebrar la independencia,
cuando la ciudad está presa,
cuando no progresa,
cuando las pugnas,
los insultos y las agresiones
de quienes ganaron las elecciones,
impiden trabajar por la ciudad,
y dividen a los ciudadanos,
y alejan esa idea
que tuvo el movimiento libertario,
un pueblo que trabaja,
un pueblo que se prepara,
un pueblo que sueña,
un pueblo que ama,
ese último rincón del mundo,
que ha sido inspiración,
de un cultura libertaria,
de unas artes educadoras,
de aquella tierra,
la más linda de la tierra.
Miguel de Cervantes Saavedra
Día de conmemoración,
de conmemoración de la ciudad.
La palabra “libertad”,
y la palabra “independencia”
se escucharán
en todos los discursos.
Habrá alabanzas
a los héroes de la historia,
de la historia de la libertad,
de la independencia,
de una fecha que marcó,
y debería marcar
mundos y ciudades diferentes.
Se suponía que seríamos
libres e independientes.
Libres para soñar
días mejores,
mejores presentes,
mejores futuros.
Independientes
para poder actuar,
para poder decidir,
para poder escoger,
los mejores caminos,
por donde transitar
nuestros destinos.
Tengo la impresión,
de que lo menos que podemos celebrar,
en esta fecha coloquial,
es la libertad o la independencia,
porque dominada está la ciudad,
de la política de la indiferencia,
del ejercicio de la irresponsabilidad,
del dejar hacer, dejar pasar,
del “tomo nota” para no hacer nada,
del “conmigo no es”,
o del “no podemos hacer nada”.
Tengo la impresión,
de que en lugar de celebrar,
deberíamos pedirle perdón a la ciudad,
por haberle hecho lo que le hemos hecho,
los electores por elegir a quien hemos elegido,
y los elegidos por no hacer lo prometido.
Lo que es peor,
no hay una luz al final del camino,
aquello que parece luz,
es una hoguera
donde se queman día a día,
las ilusiones y las alegrías,
donde se sacrifican,
la intensiones buenas y las buenas ideas,
donde se quema,
el sentido común
y la razón del corazón.
No hablen del libertad,
peor aún del independencia,
quienes aún no se han liberado,
quienes aún no se han independizado,
de sus propias cadenas,
que los atan a falsos dioses,
a falsos ídolos de barro.
No podemos celebrar la independencia,
cuando nuestra libertad no es verdadera,
cuando la ciudad no encuentra,
un camino real para caminar,
cuando se enfrentan,
los intereses de una clase,
y se olvidan los intereses de todos,
de todos los ciudadanos.
No podemos celebrar la independencia,
cuando la ciudad está presa,
cuando no progresa,
cuando las pugnas,
los insultos y las agresiones
de quienes ganaron las elecciones,
impiden trabajar por la ciudad,
y dividen a los ciudadanos,
y alejan esa idea
que tuvo el movimiento libertario,
un pueblo que trabaja,
un pueblo que se prepara,
un pueblo que sueña,
un pueblo que ama,
ese último rincón del mundo,
que ha sido inspiración,
de un cultura libertaria,
de unas artes educadoras,
de aquella tierra,
la más linda de la tierra.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Familia: esperanza futura
Una buena familia, comienza con un buen ejemplo de los padres
Parecería,
que no hay soluciones,
a las crisis
que afectan al mundo.
Y no hablamos de la economía,
ni del ambiente,
que son importantes,
que son pertinentes,
hablamos de las crisis humanas,
de aquellas que afectan,
al corazón y al alma.
Son tiempos de soledad,
de ansiedad,
de nerviosismo,
de la competencia desleal,
de la búsqueda de lo material,
de depresión,
de violencia,
de desesperación,
de incomunicación.
Perdemos de a poco,
la capacidad de hablar,
de decir qué sentimos,
y cómo nos sentimos.
Perdemos de a poco,
la capacidad de abrazar,
de besar con calma,
con amor y tranquilidad.
Todo pasa de prisa,
y el tiempo se agota,
antes de nacer…
el tiempo, ese que no existe,
ese que no hay,
es que hay cada vez menos,
nos deja poco para compartir,
para conversar,
para abrazar,
para decirnos a la cara,
al oído o en silencio,
que nos queremos,
que nos respetamos,
que nos apoyamos,
que somos una familia,
que no hay nada más grande
en este mundo inquietante,
que saberse integrante
de una familia querida.
No importa si es grande,
o si es chica,
lo importante
es que sea familia,
que sea el espacio de amor,
de formación, de respeto,
de paz, de tranquilidad,
de discusión, de aprendizaje,
de ilusión y cariño.
La familia,
respuesta a tantos males,
que agobian el corazón,
que quitan la respiración.
Familia,
esperanza futura,
que se construye en el presente,
con el recuerdo de un pasado,
que evoca tradiciones
de amor filiar,
de entrega pura,
de confianza y respeto.
Nos rebusquemos
respuestas que no llegarán,
porque ellas, las respuestas,
están frente a nuestros ojos,
y no las hemos visto aún.
No hay fórmulas mágicas,
conjuros, hechizos, magos,
o espiritistas,
que den respuesta a los males del corazón,
o a las dolencias del alma.
Si la familia no se constituye,
en fuente,
en espacio,
en manantial de valores
personales y ciudadanos,
poco podremos esperar
de un futuro que no llegará.
Si la familia,
por el contrario,
es eso,
fuente de amor, comprensión y cariño,
espacio de formación,
de discusión y diálogo,
lugar de paz,
y escuela de formación humana,
este mundo perdido,
podrá tener esperanza,
podrá soñar
con un futuro
ya no sombrío,
sino alegre y capaz,
podrá enfrentar
los problemas y los conflictos,
con ojos de esperanza,
con actos de tolerancia,
con acciones de honestidad.
La familia,
esperanza futura,
que depende de nosotros,
de lo que pongamos en ella,
de lo que nosotros
hagamos de ella.
La familia,
esperanza futura,
en nuestras manos está,
que permanezca así,
que sea así,
por todos los de hoy,
y sobre todo, los del mañana.
Parecería,
que no hay soluciones,
a las crisis
que afectan al mundo.
Y no hablamos de la economía,
ni del ambiente,
que son importantes,
que son pertinentes,
hablamos de las crisis humanas,
de aquellas que afectan,
al corazón y al alma.
Son tiempos de soledad,
de ansiedad,
de nerviosismo,
de la competencia desleal,
de la búsqueda de lo material,
de depresión,
de violencia,
de desesperación,
de incomunicación.
Perdemos de a poco,
la capacidad de hablar,
de decir qué sentimos,
y cómo nos sentimos.
Perdemos de a poco,
la capacidad de abrazar,
de besar con calma,
con amor y tranquilidad.
Todo pasa de prisa,
y el tiempo se agota,
antes de nacer…
el tiempo, ese que no existe,
ese que no hay,
es que hay cada vez menos,
nos deja poco para compartir,
para conversar,
para abrazar,
para decirnos a la cara,
al oído o en silencio,
que nos queremos,
que nos respetamos,
que nos apoyamos,
que somos una familia,
que no hay nada más grande
en este mundo inquietante,
que saberse integrante
de una familia querida.
No importa si es grande,
o si es chica,
lo importante
es que sea familia,
que sea el espacio de amor,
de formación, de respeto,
de paz, de tranquilidad,
de discusión, de aprendizaje,
de ilusión y cariño.
La familia,
respuesta a tantos males,
que agobian el corazón,
que quitan la respiración.
Familia,
esperanza futura,
que se construye en el presente,
con el recuerdo de un pasado,
que evoca tradiciones
de amor filiar,
de entrega pura,
de confianza y respeto.
Nos rebusquemos
respuestas que no llegarán,
porque ellas, las respuestas,
están frente a nuestros ojos,
y no las hemos visto aún.
No hay fórmulas mágicas,
conjuros, hechizos, magos,
o espiritistas,
que den respuesta a los males del corazón,
o a las dolencias del alma.
Si la familia no se constituye,
en fuente,
en espacio,
en manantial de valores
personales y ciudadanos,
poco podremos esperar
de un futuro que no llegará.
Si la familia,
por el contrario,
es eso,
fuente de amor, comprensión y cariño,
espacio de formación,
de discusión y diálogo,
lugar de paz,
y escuela de formación humana,
este mundo perdido,
podrá tener esperanza,
podrá soñar
con un futuro
ya no sombrío,
sino alegre y capaz,
podrá enfrentar
los problemas y los conflictos,
con ojos de esperanza,
con actos de tolerancia,
con acciones de honestidad.
La familia,
esperanza futura,
que depende de nosotros,
de lo que pongamos en ella,
de lo que nosotros
hagamos de ella.
La familia,
esperanza futura,
en nuestras manos está,
que permanezca así,
que sea así,
por todos los de hoy,
y sobre todo, los del mañana.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Para respirar
Mi lugar, tu,
mis besos, los tuyos,
mis abrazos,
aquellos que nos damos…
cada vez que nos miramos.
Mi vida…
aquel espacio contigo,
un espacio
en el que solo,
hay tiempo,
para respirar.
mis besos, los tuyos,
mis abrazos,
aquellos que nos damos…
cada vez que nos miramos.
Mi vida…
aquel espacio contigo,
un espacio
en el que solo,
hay tiempo,
para respirar.
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