Es peligroso todo aquel que no tiene nada que perder. nos dice Goete,
¡Cuidado!,
nos deslumbran las luces,
los amores fugaces,
los discursos atroces,
aquellos que víctimas quieren ser.
El que proponga que cumpla,
no creo que en democracia
otra forma exista.
jueves, 24 de enero de 2008
viernes, 18 de enero de 2008
Cosas que no entiendo (Cartas a Santiago, mi hijo)

Hijo mío, lamento importunarte,
a veces siento que en mis cartas,
te hablo de preocupaciones,
de cosas que a otros no hablara,
pero siento que debo decirte,
siento siempre por ti confianza,
y por ello estos temas difíciles,
te los cuento, te los digo…
Hace poco fueron liberadas,
dos mujeres colombianas,
que fueron vilmente secuestradas,
privadas de su libertad,
atadas a la pata de una cama,
trasladadas a desconocidas moradas,
impedidas de ejercer sus derechos,
limitadas en su caminar,
coartadas en su derecho humano,
de decir y hacer lo que pensaban.
Así pasaron como seis años,
y al igual que ellas,
decenas de personas más,
cuya culpa fue,
pasar ese maldito día,
esa maldita hora,
cerca de sus raptores.
Y secuestradas,
una de ellas,
en madre se convirtió,
de uno de sus captores,
pero sin quererlo,
de su pequeño hijo
separa fue de inmediato…
el dolor del secuestro
no era nada,
comparado con aquel recuerdo,
de esas manitas pequeñas,
de aquel llanto
que el silencio de la selva rompía,
aquellos ojos…
aquel olor a niño, a hijo,
que se fue,
porque ellos así lo querían.
Captores, secuestradores,
que te quitan la vida,
que te quitan tu vida,
la razón de vivirla,
la esperanza nuevamente a la deriva.
Y les cuentan y les dicen,
al igual que al mundo,
esos secuestradores,
que lo hacen por la libertad,
es decir te cortan las alas,
para que puedas volar.
Se inventaron una revolución,
la disfrazaron con los colores
de la Patria querida,
la engalanaron con filosofías baratas,
la adornaron con armas,
la empedraron con muertos,
la perfumaron con el olor de la muerte,
del temor, del miedo, del terror…
Justificando la violencia,
institucionalizando
el ojo por ojo,
el vale todo,
el fin justifica los medios,
y la muerte vino,
y el terror creció,
y la desesperanza
pintó de negro,
el presente y el futuro
de muchos que caminan por ahí,
desplazados, desesperados,
despechados…
Y ahora que lo miro,
y ahora que lo pienso,
la desgracia vivida,
no me alcanza la razón
para entender tamaña
inhumanidad.
¡Cuánta esperanza truncada!,
cuánta armonía desentonada,
cuanta desesperanza…
Pero en medio de ello,
lejos de los políticos de turno
y de los terroristas de siempre,
un grupo de gente,
trabaja sin descanso,
con la esperanza perenne
que ese ideal de Patria,
es posible,
que la paz,
que la libertad,
que la igualdad,
que la fraternidad,
se pueden vivir,
sin el temor y el miedo
a ser secuestrado,
o asesinado,
por quienes han sido terroristas
desde el fatídico día aquel,
que una bala segó una vida,
que una cuerda quitó una libertad,
que una mentira engañó a un niño,
y lo convirtió en asesino,
que una amenaza,
permitió el servilismo.
Como podrás observar,
hijo mío,
hablar de este tema,
me pone a temblar.
Pero siento rabiar,
cuando miro que la libertad
a la que volvieron las secuestradas,
fue usada por muchos
como plataforma politiquera,
cuyo fin era,
que al terrorista reconozcamos,
los derechos que ha pisoteado,
la oportunidad que ha truncado,
la vida que han segado,
el futuro que han hipotecado,
y les reconozcamos su calidad,
de objetor de conciencia,
de contradictor político,
de un simple actor social,
como requisito único de la paz.
Que gran payasada,
lo digo con respeto de los secuestrados,
con dolor de los caídos,
pero con indignación y rechazo
de concederles así como así,
una calidad mentirosa
como su promesa fallida.
Que regresen los secuestrados,
y que los narcoterroristas
sean juzgados,
sus derechos respetados,
a pesar de que ellos,
por encima de todos han pasado,
pero no somos ellos,
somos nosotros,
ciudadanos,
seres humanos…
Hijo mío,
nadie tiene el derecho,
de robarnos la libertad,
menos aún la vida.
Quien así obra,
no es más que inhumano,
por más seda que vista,
por más armas que le asistan…
nadie hijo mío,
nadie.
jueves, 10 de enero de 2008
Libertad

Ya está, ya están liberadas,
dos de los cuarenta rehenes
secuestrados por las FARC,
han sido liberadas.
Las cámaras, la luces,
los micrófonos, las lágrimas,
las palabras, las emociones,
circulan a borbotones.
Los que quedan…
con la esperanza en los labios,
con el corazón en la boca.
No es un triunfo,
es un acto de justicia,
que no libera al secuestrador
de su responsabilidad histórica,
que no cura las heridas,
que no devuelve el tiempo perdido,
que no otorga presea alguna.
Como este acto,
deben haber muchos,
debe haber uno
que les devuelva la libertad a todos.
Que la incoherencia del
desgastado discurso narcoguerrillero
acabe por siempre,
y junto con ello,
acabe el descaro de una guerra,
que enriqueció a muchos,
que mató a tantos,
que marcó a todos,
y que ha demostrado,
que la mente humana
aún es capaz de todo,
por el beneficio de unos cuantos.
Dudas y temores (Cartas a Santiago, mi hijo)

Esta es una especie de diario,
que leerás en oportunos momentos,
las cartas que te dirijo,
son primero para mí,
y luego tuyas,
por ello pensando,
meditando las horas,
los días que pasan,
quiero comentarte mis dudas,
quiero compartirte mis temores,
perdona que no hable de cosas personales,
quisiera hablarte de la Patria.
Hemos elegido una Asamblea,
y hemos designado unos asambleístas,
que tienen la misión primera
hacer de constitucionalistas,
redactar un texto constitucional
y transformar el marco institucional.
Los enardecidos electores
dieron una ganancia sin par,
al Presidente constitucional
y a los que le hicieron los honores.
El triunfo no amerita cuestionamientos,
la gente cansada de burlas,
dijo basta, “me han prometido un futuro,
tienen ustedes la confianza”.
Contribuyó a ello,
el desgaste político
de quienes año a año,
gobierno a gobierno,
hicieron de su ejercicio un vicio.
La patria cansada dijo ¡basta!,
necesitamos un cambio,
necesitamos mejorar,
el voto consignamos
para la Asamblea instalar.
Han pasado los días,
han pasado las horas,
la Asamblea instalada,
ha comenzado su obra,
y lo hecho con una figura singular:
la de la aplanadora,
aquella que tanto criticaron
aquella que dicen, odiaron,
pero los mayorías así son,
son como aplanadoras,
cuyo ejercicio consiste,
en aprobar unas ideas,
sin que medie entre ellas,
debate o discusión alguna.
Entonces las minorías,
que algunos califican
de pelucones,
se quedan a la deriva,
lamentado su debilidad
y su sinrazón indebida.
Y a esta Asamblea elegida,
que la Carta Magna debía,
redactar con diligencia debida,
se presentan todos y todas,
a pedir, a rendir cuentas,
a exigir enmiendas,
inmediatas y extremas.
Y entonces no entiendo….
la discusión constitucional se aleja,
se prefieren los mandatos,
las reformas legales,
y se dice que nadie,
podrá por ello juzgarles.
Entonces… dudas y temores aparecen,
y no sé si decirlas hijo mío,
pues si te manifiestas pensativo,
te dicen de todo,
te califican de todo,
menos de ciudadano,
menos de patriota,
parecería que a esta hora,
hay que aceptar la palabra,
hay que acatar el mandato,
de la mayoría asambleísta,
sin que quepa siquiera la duda,
pues no se ajusta a la figura
del ecuatoriano que la Patria apura.
Dudas y temores que en la mente asoman,
porque no entiendo la lógica del absoluto,
porque no comparto el comportamiento impuesto,
porque no concibo una diálogo de sordos,
porque no se puede decir que nuestros actos,
no podrán ser juzgados, no podrán ser criticados.
Dudas y temores, que creo sanas,
pues no me mueven intereses o ganas
de beneficios o ganancias
de favores o intereses.
Me mueven las ganas
de construir tu futuro,
de saber que tendrás siempre,
una educación liberadora,
una salud preventiva,
una familia unida,
una nación atrevida,
un país con futuro,
unos sueños posibles,
unas oportunidades iguales,
una justicia serena,
una mano amiga
y un corazón que te guía.
jueves, 3 de enero de 2008
Morir y nacer

El año inicia tras la muerte del anterior,
¿a cuántas cosas fallidas dijimos adiós?,
a todas quizá o a la mayoría,
esperando que el futuro… sea mejor.
Para nacer de nuevo,
se tiene que morir antes,
es la ley del camino,
del camino por el que surcan los días.
Aquellos días que presurosos caminan,
a veces blancos,
otras negros…
como los nubarrones,
como las penas del alma,
como su de un ajedrez se tratara.
Son esos días,
los que dentro de su marco
a todos atrapan,
a los que empiezan tarde,
a los que amanecen temprano,
de su mano los cogen
y de un lado a otro los llevan,
presurosos, agitados,
tranquilos o adormitados,
pero todos, todos sin distinción,
vivimos esos días del año,
esperando que acaben unos,
los otros… intentando alargarlo,
pero el día termina y muere,
pues otro distinto nace,
quedando atrás la pena,
pensando el la alegría pasada,
intentando no se repitan nunca,
soñando en la felicidad perpetua.
Y como los días los años,
mueren unos,
y nacen otros.
Los que mueren se llevan,
un jirón de la vida,
una estatua perdida,
que representa el pasado,
que bueno o malo,
en el desván lo hemos dejado,
esperanzados siempre,
que el nuevo año
nos conceda lo anhelado.
En el pasar de los días,
en el trajinar de los años,
vemos, oímos, sentimos,
olemos, tocamos,
la vida, la gente,
los corazones… las almas,
que con sus colores matizan,
los días los años,
los blancos, los negros;
que con sus palabras graban,
las frases, los dichos,
la voces habladas,
y aquellas calladas,
que alegran o entristecen,
que seducen o rechazan,
que glorifican o degradan,
los momentos, las horas,
los días… los años;
que con sus hechos
la historia trazan,
la tuya, la mía,
de quienes caminan,
los días, los años,
los que mueren
y los que nacen.
Nacer para morir,
pocos lo pueden admitir,
morir para nacer,
suele parecer mejor,
de una o otra forma,
ambas funciones
interpretar pretenden,
los ciclos de vida,
de las palabras, los hechos,
de las cosas vividas
en los días y los años,
que pasaron y no vuelven,
y nos dejaron sabores,
que ocultamos o comentamos,
dependiendo si han sido amargos
o si han sabido endulzarnos,
el minuto, la hora o el día,
que atrás han quedado.
De la mano nos llevan
los años que han muerto,
entregando el cargamento,
a naciente y fresco,
aquel año que nos parece,
un renacer de nuevo,
que nos ofrece aliento,
para caminar sin miedo,
olvidando el pasado,
anhelando el futuro,
y sobreviviendo el presente.
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