miércoles, 15 de septiembre de 2010

Aniversario

Hoy recuerdo que son años,
los que llevamos juntos de la mano,
juntos en los días buenos,
juntos en los momentos amargos…
pero juntos como el primer día
de aquel año en que nos conocimos.

Hoy recuerdo que son años,
los que llevamos juntos de la mano,
y aunque se que lo sabes
y que repetirlo no es necesario,
necesito siempre que sepas: que te amo.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El dolor del dolor

El dolor es lo único que nos hace saber que aun estamos vivos

En los tiempos de salud,
poco se piensa en el dolor,
o en el sufrimiento
que deja en ti… la enfermedad.

Mientras estás sano,
mientras tu familia,
tus seres queridos,
la gente a la que amas,
tiene salud y está sana,
el dolor de la enfermedad,
el dolor del dolor es ajeno.

Pero cuando la enfermedad llega,
y en muchos casos,
para quedarse por siempre,
la vida cambia,
o quizá cambia
el concepto que tenías de ella,
y lo que hasta el momento hacías.

Cuando la enfermedad te llega,
la reflexión de tu mente se apodera,
¿por qué a mí?,
¿qué he hecho yo para merecer esto?,
y otras preguntas por el estilo.

Cuando la enfermedad llega,
a la persona que amas,
a la que te dio la vida,
a la que la vida diste,
a la que ilumina tus días,
a tu ángel terrenal de la guarda,
al amigo de toda la vida,
al vecino… en fin,
al ser querido,
el dolor del dolor,
te llega directamente al alma,
pues sientes y piensas,
tantas cosas dolorosas,
estás como perdido,
sientes que el aire te falta,
quisieras morir de inmediato,
dejarlo todo de lado,
ocultarte, negar el hecho,
pues el dolor de dolor,
te ahoga el corazón,
y desubica tu razón.

Pero…
entiendes de a poco,
-muy despacio quizá-
que si tu eres el enfermo,
o lo son otros…
no puedes dejarlo todo,
bajar los brazos,
pasar de largo.
Entiendes que hay que vivir
con mayor entrega e intensidad,
que no debes abandonarte ni abandonar,
y con mayor fuerza luchar,
por días mejores,
por un futuro que dure,
más allá de la vida.
Entiendes,
que debes seguir,
apoyarte y servir de apoyo,
porque la vida se vive por días,
y ese reto implica
que no hay tiempo para desperdiciar,
no hay momento para dejar de amar,
no hay razón para dejar de ayudar,
no hay justificación para dejar de luchar.

Lo que no entiendes,
es a unos cuantos,
a quienes confías
la salud y tus días,
esos cuantos que estudiaron
cómo tratar y cómo curar,
pero que olvidaron
que somos humanos,
que somos personas,
que antes que una medicina
necesitamos consideración y estima,
que antes que exámenes y remedios,
necesitamos que entiendan nuestros sufrimientos,
que antes que discursos complejos,
necesitamos que entiendan que estamos perplejos,
que antes que una mercancía,
somos personas que sufren en la vida.

Esos cuantos,
-no son todos por supuesto-
quienes han hecho del dolor
y de la enfermedad humana
una especie de negocio,
hay aún, y espero que sigan habiendo,
aquellos médicos que no sólo son del cuerpo,
sino y sobre todo son del alma.
Que hay personal de la salud,
que no solo te ve como un número
una estadística, un cliente, un consumidor,
ven primero tus ojos y tu dolor
y te animan, en silencio, a seguir caminando.

El dolor del dolor,
sería más llevadero,
si quienes prometieron,
combatirlo en todo momento,
entiendan que quienes sufren,
son tan humanos como los que ellos aman.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Personas queridas

Si no fueran por esas palabras,
que a diario suelo leer,
por ese ánimo que le das a mi vida,
quizá mis días serían más tristes
y mis noches más sombrías.

No hay mejor terapia para corazón,
que el amor de las personas queridas.

Puedo

Puedo ser lo que quieres que sea,
incluso yo mismo…
para estoy en la vida,
para ser lo que mas anhelas,
lo que a veces odias,
lo que siempre deseas.

Puedo ser…
otra cosa es que lo sea,
pero en ese vaivén,
disfruto con intentar ser
lo que tu quieres que sea.

jueves, 2 de septiembre de 2010

El sueño americano...

" El horizonte está en los ojos y no en la realidad."


Nada más atractivo
que el de la vida color rosa,
del trabajo abundante,
del sueldo destellante,
de la vida sin problemas,
de las oportunidades infinitas.

El sueño americano,
ha motivado al ser humano,
desde años, desde hace muchos años,
que busca en la América del Norte,
la respuesta a sus desvelos,
la recompensa a sus esfuerzos.

Es el sueño americano,
una especie de recompensa,
una cosa de pocos,
una suerte de bienaventuranza,
una bendición del cielo,
una oportunidad divina,
una cosa nunca antes vista.

El sueño americano seduce,
es agua fresca en el desierto,
incluso como el maná de cielo,
que recupera el cuerpo,
cuando está a punto de caer muerto.

Así nos lo han contado,
así se ha transmitido de boca de todos,
y entonces se convierte de a poco,
en el ideal de la vida,
en el deseo de quien respira,
la ilusión de quien,
a su alrededor solo mira,
y no encuentra nada.

Y junto al que sueña,
con ese americano sueño,
con ese cliché de éxito,
nace, crece y se reproduce,
el que vende el sueño,
el que explota de él,
el indolente, el mafioso,
el salvaje y el delincuente,
que observa dichoso,
que de esos sueños él y su gente,
pueden vivir permanentemente.

El sueño americano,
no solamente inspira,
al que lo busca,
sino al que allana el camino,
con falsas promesas,
con caras promesas,
de un tiempo mejor,
de una vida mejor,
de una vida de riquezas.

El sueño americano,
es propiedad en gran parte
de las mafias que trafican gente,
de las mafias que cobran con la muerte,
lo que no consiguen con la suerte.

El sueño americano,
es la sinfonía de la desesperación,
de la lucha por un mundo mejor,
que desconoce las bondades del propio,
de la locura por dejarlo todo,
del inconciente colectivo,
que prefiere entregar el dinero a los lobos,
y no sembrarlo en un futuro propio.

Esto no es nuevo…
el sueño americano es añejo,
es que ¿a quien no le gustaría un mundo mejor?.

El sueño americano,
ronda la mente de muchos,
hace feliz a unos pocos,
y muy ricos,
a todos esos mafiosos,
a aquellos que lucran
de nuestra humana miseria,
que nos hace olvidar
de lo buena que es nuestra tierra,
y nos dibuja a aquella lejana,
como si fuese verdaderamente eterna.

Y descubres,
uno de esos días,
que una vez que te cobran la travesía,
no llegas a mejores días,
por el contrario… ya no sirves,
y eres mercancía inservible,
que debe ser destruida.

Eres de pronto: estadística,
sin que ello y el dolor de tu despedida,
cambie vida,
pues el sueño americano,
sigue motivando otras almas… perdidas.