lunes, 12 de enero de 2009

Crees en mí...


No soy lo que esperabas,
quizá un espejismo,
que ha estado lejos,
que nuca ha venido.

Me ganan los prejuicios,
los temores y los vicios,
lo sé,
estoy lejos, siempre lo he estado,
aunque digas lo contrario.

Y lo peor de todo…
es que
a pesar de todo,
crees en mí.

Fotografía

Hoy mire una fotografía,
cuando aún niño,
abrazaba ilusiones
interpretaba papeles
que me llenaban
el corazón y el alma.

Abrazaba a alguien
que hoy lejano
es solo un recuerdo,
pero en aquel entonces
era parte de mi parte
sin pensar siquiera
que el tiempo,
el maldito tiempo,
la vida,
con su subidas y bajadas
me quitara una parte
una parte vital
de aquella: mi vida,
de inocente niño,
de persona feliz.

Hoy miré una fotografía,
y miré una parte de mí,
que pensé se había ido,
pero que despertó
porque siempre estuvo ahí.

viernes, 9 de enero de 2009

A lo lejos


A lo lejos
tu puerto miro,
esperando tranquilo
el momento de volver.

Volver para estar contigo,
para recobrar el sentido
de lo que es vivir
de lo que es tu calor y abrigo

A lo lejos
tu puerto miro
y desespero al pensar
el día en que no pueda
en tu puerto atracar.

jueves, 8 de enero de 2009

Tiempos de revolución...


Cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios los discursos.
Oscar Wilde


Hay palabras que con el tiempo,
se ponen de moda,
se convierten en la sombra,
de las bocas todas,
una de ellas: revolución,
que se acompaña y adorna
con ataques a lo que han sabido llamar
“la vieja partidocracia”, el “pasado desdichado”,
y con adornos a frases como:
“el nuevo país”, “el socialismo del siglo veintiuno”.

Una revolución que proclama
que si estás en contra de ella
si su bandera no levantas,
eres de las “viejas ideas”,
que cuando cuestionas sus propuestas,
no entiendes nada,
porque no eres un ciudadano
en todo el sentido de la palabra.

Se construye entonces un concepto,
que pareciera nuevo,
que es propiedad de pocos,
y que pueden disfrutar algunos,
y por el que se pelean muchos,
la revolución que en palabras
dice acabar con los males,
pero que en acciones,
aún no muestra nada,
a pesar de que cuenta…
o contaba…
con dinero y la voluntad del pueblo.

No me creo las palabras,
cuando abundan,
cuando se repiten todo el día,
cuando están cargadas de ira,
cuando nos dividen y nos enfrentan,
cuando nos incitan al odio,
cuando nos prometen el “oro y el moro”.

Esa para mí no es revolución,
esos para mí,
no son revolucionarios,
porque no dejan la vida
por el futuro,
porque el futuro colectivo
parecería no existir en ellos,
solamente un presente,
mediático y estridente,
que se alimenta día a día,
con especulaciones,
con desgobierno,
con desconocidas ambiciones.
Disculpas pido,
si estas palabras hieren,
si este pensamiento enoja,
si estas ideas se oponen,
a las de otros, a las de otras,
pero callarme no puedo,
pues siento que ese silencio
lo único que logra
es consolidar un espejismo
que nada tiene que ver
con el futuro de todos.

En tiempos de crisis mundial,
en tiempos de crisis nacional,
el estadista,
el gobernante prudente,
busca la unión de todos,
apoya la producción nacional,
exige trabajo colegiado,
ahorra el dinero común,
vela por los desprotegidos,
pide ayuda a los que tienen,
conversa, dialoga, informa,
cuida que no hayan abusos,
transmite tranquilidad,
trabaja para el futuro,
así él no coseche,
así el no reciba reconocimiento alguno,
pues no está para eso,
está para gobernar,
y si un revolucionario se cree,
que recuerde las palabras
de alguien que si lo fue:
“Permitidme que diga, aun a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario se guía por grandes sentimientos de amor”.
Ernesto “Che” Guevara

lunes, 5 de enero de 2009

Cuando Goliat se olvidó de que algún día fue David (sobre los ataques de Israel a Gaza)

¿Quién entiende la mente humana?,
que se ufana de su progreso,
que agradece a Dios de su existencia,
que crea día a día algo nuevo.

¿Quién entiende a aquella mente?,
que se olvida de su raíz,
que olvida lo que reza su oración,
que olvida lo que le pide su Dios.

¿Quién entiende?,
si alguien lo sabe,
que por favor me lo diga,
en época de fundamentalismos,
aquellos de la exterminación de los enemigos,
aquellos que buscar la paz con bombardeos,
nos olvidamos que somos hermanos,
que siempre hablamos y repetimos,
que buscamos la paz,
que nuestro Dios así nos lo pide.

Hoy Goliat, aplasta a un David debilitado,
amordazado por fundamentalismos
que derivan en terrorismo,
que convoca a otra guerra santa,
como si la santidad fuera cosa de locos.
Del otro lado,
con la complicidad que brinda
un primer mundo que nunca jamás,
ha podido, ni puede,
frenar el genocidio,
detener el armamentismo,
distribuir la riqueza entre todos,
alimentar a quienes no han comido.

Atados de manos y amordazados,
asistimos al espectáculo cruel,
de una guerra sin cuartel,
cuya razón se argumenta,
es la paz “a toda costa”.