viernes, 18 de septiembre de 2026

Falacia ad populum

El mayor amigo de la verdad es el tiempo; 

su más encarnizado enemigo, el prejuicio; 

y su constante compañera, la humildad

Charles C. Colton

Escuchas una y otra vez,

de una voz, de muchas voces,

se repiten tanto,

que, sin mucho pensarlo,

la repetición transforma,

algo que no sabemos 

si es cierto,

en una verdad,

en una verdad absoluta.

La repetición

genera familiaridad,

identificación

e ilusión de verdad,

a pesar de que esa afirmación

sea una falacia,

una mentira,

un mensaje diseñado

para manipular,

mentes y corazones. 


Las falacias,

han estado presentes siempre,

y siempre logran

disfrazarse de verdad,

aprovechándose 

de emociones y sesgos,

logrando desactivar

el pensamiento crítico,

porque consiguen llegar

a nuestros miedos,

a nuestra ira, a nuestra ignorancia,

y nos invitan a tomar parte,

a favor o en contra,

además de repetirnos

que no hay tiempo,

que el tiempo para pensar

no es el mejor tiempo,

y que debemos actuar.


Las falacias,

suenan cercanas,

amigas, solidarias,

cuentan nuestra historia,

nuestra cercanía,

nuestra pena.

Tienen una respuesta rápida,

y además lógica,

a la complejidad

de todo lo que nos pasa,

y entonces les creemos,

dejamos la duda de lado,

abandonando la búsqueda

de contrastes, de toda lógica.


¿Cómo hacer frente,

a la peligrosa falacia?

Sentido común,

cuidado y preparación.

Separar la emoción

de la información.

Preguntar y cuestionar,

la fuente y la autoridad.

Buscar una tercera vía,

así nos digan,

que solamente hay dos.

No responder a la provocación,

es decir, no ser uno más

de aquel montón sin opinión (propia).

Datos, contrastes, dudas;

que a la falacia le cueste,

hacerse un espacio

en nuestros espacios.


Tiempo y humildad,

para juzgar lo que escuchamos,

vemos y leemos,

sin alimentar los prejuicios.


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