El mayor amigo de la verdad es el tiempo;
su más encarnizado enemigo, el prejuicio;
y su constante compañera, la humildad
Charles C. Colton
Escuchas una y otra vez,
de una voz, de muchas voces,
se repiten tanto,
que, sin mucho pensarlo,
la repetición transforma,
algo que no sabemos
si es cierto,
en una verdad,
en una verdad absoluta.
La repetición
genera familiaridad,
identificación
e ilusión de verdad,
a pesar de que esa afirmación
sea una falacia,
una mentira,
un mensaje diseñado
para manipular,
mentes y corazones.
Las falacias,
han estado presentes siempre,
y siempre logran
disfrazarse de verdad,
aprovechándose
de emociones y sesgos,
logrando desactivar
el pensamiento crítico,
porque consiguen llegar
a nuestros miedos,
a nuestra ira, a nuestra ignorancia,
y nos invitan a tomar parte,
a favor o en contra,
además de repetirnos
que no hay tiempo,
que el tiempo para pensar
no es el mejor tiempo,
y que debemos actuar.
Las falacias,
suenan cercanas,
amigas, solidarias,
cuentan nuestra historia,
nuestra cercanía,
nuestra pena.
Tienen una respuesta rápida,
y además lógica,
a la complejidad
de todo lo que nos pasa,
y entonces les creemos,
dejamos la duda de lado,
abandonando la búsqueda
de contrastes, de toda lógica.
¿Cómo hacer frente,
a la peligrosa falacia?
Sentido común,
cuidado y preparación.
Separar la emoción
de la información.
Preguntar y cuestionar,
la fuente y la autoridad.
Buscar una tercera vía,
así nos digan,
que solamente hay dos.
No responder a la provocación,
es decir, no ser uno más
de aquel montón sin opinión (propia).
Datos, contrastes, dudas;
que a la falacia le cueste,
hacerse un espacio
en nuestros espacios.
Tiempo y humildad,
para juzgar lo que escuchamos,
vemos y leemos,
sin alimentar los prejuicios.
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