Cuando se comparte la vida
con personas queridas,
dignas y respetadas,
el tiempo deja en el corazón:
aprendizajes y amistad sincera.
Cuando se comparte la vida
con personas queridas,
dignas y respetadas,
el tiempo deja en el corazón:
aprendizajes y amistad sincera.
Como los dedos de la mano,
juntos pero independientes.
Juntos para apoyarnos,
para apretar,
para soltar,
para acariciar,
para ser todos
y para ser uno.
Aquellos momentos,
donde nuestra mente
no encuentra paz,
requieren de pausa,
de paciencia,
de la mayor tranquilidad posible.
La pausa ayuda,
no a que las cosas se arreglen,
pero sí a mirar las cosas,
de otra manera
y con otro sentimiento.
Una palabra de aliento,
tiene la fuerza
para no dejarnos caer,
para permitirnos avanzar
y cumplir con el reto.