Le costaba aceptar
que había mejorado.
Que era más segura,
que era mas tolerante consigo misma.
En silencio,
mientras se pensaba
y veía su cambio,
una alegría
en forma de sonrisa
se dibujó en su corazón.
Le costaba aceptar
que había mejorado.
Que era más segura,
que era mas tolerante consigo misma.
En silencio,
mientras se pensaba
y veía su cambio,
una alegría
en forma de sonrisa
se dibujó en su corazón.
Silencios viajeros,
silencios internos,
silencios distantes,
silencios sin cielo.
!Qué ruido hacen los silencios!
Fueron,
y siguen siendo
momentos únicos
y especiales.
Lo que vivimos juntos,
fue intenso, hermoso,
único, complejo,
humano y eterno.
Fueron…
y siempre,
seguirán siendo.
“- Cuando uno se muere... ¿se muere o no se muere?
- ¿En su casa qué dicen?
- Mi madre dice que los buenos van al cielo y los malos al infierno.
- ¿Y su padre?
- Mi padre dice que de haber juicio final los ricos irían con sus abogados, pero a mi madre no le hace gracia.
- ¿Y usted que piensa?
- Yo tengo miedo...
- ¿Es usted capaz de guardar un secreto? Pues en secreto. Ese infierno del más allá no existe. El odio, la crueldad, eso es el infierno. A veces el infierno somos nosotros mismos”
Manuel Rivas, La lengua de las mariposas
Las fechas y los recordatorios,
tienen la misión
de evocarnos para qué fueron puestos.
La lectura que damos,
a una fecha
a un recordatorio
es muy personal,
incluso diría: íntima.
En torno a la muerte,
la humanidad ha escrito
infinidad de libros;
ha descrito,
múltiples prácticas
y ha ideado
una serie indeterminada
de pensamientos y creencias.
Muerte: fin o inicio.
Muerte: tristeza o alegría.
Muerte: vida.
Muerte: condena o premio.
Muerte: olvido o recuerdo.
Muerte: perdón o condena.
Muerte: inevitablemente presente.
La muerte
ha estado cerca o lejos
de todos nosotros.
Los que hemos perdido
a seres queridos,
la sentimos y la seguimos sintiendo.
La muerte de los desconocidos,
en situaciones dolorosas y trágicas,
golpean el alma.
Y también golpea
la muerte de las buenas artes,
de las buenas costumbres.
Duele la agonía
de los humanos sin humanidad.
Duele que haya muerto,
el sentido común
y la sensibilidad
en quienes tienen
la responsabilidad de gobernar.
Y entonces pienso,
que sería bueno que muera
aquello que nos impide
ser humanos, más humanos.
Que mueran los fanatismos,
y aquellos sentimientos
que nos llevan a buscar
una vida vacía llena de ambiciones.
Que muera el rumor,
la mala sangre y la envidia.
Que muera la mala fe,
el desamparo y la desidia.
Esas son las muertes,
que darían vida,
a las buenas artes
y a las buenas costumbres.
Las otras muertes,
las de nuestra gente,
la nuestra, la de los otros,
que sea vida,
testimonio, recuerdo que abriga,
luz que ilumina,
palabra que inspira.
Y que a pesar
de ser finita la vida,
vivirla valga la pena.