Llega un momento en el que ya no se sabe qué pensar, en el que ya no se puede más."Teatro completo", Max Aub
Mi casa es ahora mi mundo.El otro que conocí,quedó afuera,me pidió que me fuera.
Llegué a mi casa,a mi nuevo mundo,y descubro, en estas horasque llevamos juntos,una serie de recuerdos,que había puesto en el olvido.
Reinvento horarios,pensamientos y calendarios.De pronto descubro, aterrado,que traje a casa,cosas que en el otro mundo me agobiaban,y que ahora me provocan desesperanza.
He tenido que hacer un esfuerzo,y lo sigo haciendo,para quedarme en casa,pero cerrando la puerta,A la miseria humana,a las noticias falsas,a las peleas por el poder,o por un reconocimiento sin ningún valor.
Pienso que las horas que vienen,junto a los días y sus noches,serán también un ejercicio de cerrarle la puerta a los hijos de la desesperanza.
jueves, 19 de marzo de 2020
miércoles, 18 de marzo de 2020
Después del día uno
No hay caminos para la paz,
la paz es el camino.
Gandhi
Cuesta levantarse,
y diseñar el nuevo día.
Cuesta acostumbrarse
a esta realidad,
que por momentos
no parece pasajera.
El ejercicio,
es buscar la paz,
aquel equilibrio interior,
aquella fuerza, aquella luz,
aquel tamiz,
que filtra el pesimismo,
la mala fe,
el desazón y la mentira.
Llega por momentos,
como luz de luciérnaga,
pero llega e ilumina
y hace que el día valga la pena.
Solo o acompañado,
responsable de ti o de otros,
en la casa o en la calle,
en la tienda o en la trastienda,
en el hospital,
en la zona de urgencias...
La paz es el camino,
el ejercicio diario,
-independiente de las condiciones-,
de buscar la luz,
de tamizar el espíritu,
de llenarse e impregnarse
de lo verdaderamente necesario,
de vacunarse contra los virus,
los virus de la ambición,
de la avaricia, de la corrupción,
y la envidia.
Después del día uno,
vendrán otros días,
seguramente,
volveré a leer estas letras,
por si el camino se me olvida.
lunes, 16 de marzo de 2020
Olor a muerte
Yo,
luego de leer tantos consejos,
en esta época de sentimientos,
de olor a muerte,
de sensación de desgracia,
pienso en quien no puede hacer nada,
quien espera todo,
quien lo vivió todo,
y a quien le debemos todo.
En este tiempo oscuro,
abrazar a un ángel en la tierra,
cuidar de él,
solamente con la esperanza,
de que no sufra,
de que, si la muerte le llega,
le llegue en paz,
de que, si le llega la muerte,
sea porque debió llegar,
y no, porque ese hijueputa virus,
llegó si avisar.
jueves, 12 de marzo de 2020
Sensatez
No puede haber sensatez, en una mente vacía
Cuando se nos puso a prueba,
cuando se esperaba
que prevalezca la sensatez,
cuando teníamos la oportunidad
de demostrar nuestra querida
y respetada dignidad humana,
nos fue imposible
comportarnos como tal:
como seres humanos.
Compleja y difícil de entender
es la naturaleza humana.
Una crisis, una alarma,
una epidemia, una pandemia,
nos convierte en feroces defensores
del yo y del solamente yo.
En pandemia,
no podemos pensar
solamente en clave personal,
debemos pensar en clave social,
en plural, en los otros,
en los más necesitados,
en los vulnerables,
en los débiles…
y por qué no,
también en los imbéciles,
que acaparan todo,
sin pensar en los demás.
Si nos piden respetar
elementales normas de actuar,
que buscan detener y cortar
el ciclo de la epidemia,
la curva creciente de la pandemia,
lo mínimo que poder hacer
es sumarnos a la causa común:
evitar reunirnos sin necesidad,
evitar viajar sin obligatoriedad,
cuidar a los niños, a los mayores
y a los vulnerables.
Lavarse las manos,
evitar contactos innecesarios.
Guardar reposo,
si nos sentimos enfermos.
No acaparar productos,
respetar los espacios públicos,
no aprovecharse del miedo público.
En fin…
pensar en todos.
Si la sensatez
nos acompaña en estos días,
quizá podamos entender
que es un momento complejo,
que es un momento difícil,
que habrá más muertos,
que habrá más enfermos,
que habrá más contagiados…
pero a la vez,
que juntos, que todos colaborando,
podremos hacer frente
a cualquier crisis
a la que nos enfrentemos.
Sensatez y responsabilidad,
deben acompañar al miedo,
que hoy nos invade.
Toda precaución vale,
todo cuidado es válido,
respetándonos
y respetando a los demás.
Luego del susto,
debe despertar en nosotros
la mayor sensatez y responsabilidad
que jamás haya despertado.
Lo que hagamos los ciudadanos,
no por una disposición,
sino por respeto al bien común,
permitirá superar,
no solo esta pandemia,
sino los otros males
que aquejan a la humanidad:
violencia, terrorismo,
narcotráfico, corrupción
y “quemeimportismo” extremo.
jueves, 5 de marzo de 2020
Histeria
“La civilización está permanentemente amenazada por la
desintegración
debido a la hostilidad primaria del hombre”
Sigmund Freud
Fue el olor a enfermedad,
la noticia sobre aquel virus,
las imágenes de la televisión,
las estadísticas,
toda aquella alarma mediática,
que hizo sonar las alarmas.
Fueron el detonante,
de aquella histeria colectiva.
Todos desesperados,
a buscar máscaras,
a comprar jabón,
desinfectantes,
vitaminas de todas las letras,
frutas de todos los colores,
agua por montones,
estábamos ya viviendo:
una histeria colectiva.
Histeria que ciega,
y que te hace pensar solamente en ti,
y en los tuyos,
con que tengan protección unos cuántos,
no importan los otros,
muchos o pocos,
no importan de verdad.
Estás viviendo, la histeria colectiva.
Presos de las estadísticas,
de las noticias de aquel virus,
para unos: natural,
para otros: inventado,
pero al final de cuentas
la factura la pagan todos,
incluso, los más necesitados.
Escasez de medicinas,
de protección y de manos amigas,
la histeria colectiva
te convierte en desconfiado,
el que estornuda es culpable,
hay que aislarlo.
hay que internarlo.
Y, mientras la histeria crece,
algunos siguen contaminando,
como les da la regalada gana.
Otros lucran y lucran mucho,
mientras millones sufren
y creen que es el fin del mundo.
Mientras la histeria colectiva,
es el virus que infecta nuestra razón,
el mundo sigue enfrentando
sus mismas miserias:
refugiados que huyen del terror
de sus realidades
y buscan en Europa
la respuesta a sus males.
Niños que mueren de hambre,
de virus que no son mediáticos,
de diarrea y de infecciones.
Mafias politiqueras,
que siguen robándose
dinero, esperanza y futuro,
a manos llenas.
Dictaduras y gobiernos de facto,
que han colocado
a la entrada de su puerta,
bienvenidos a la democracia,
prohibido criticar y pensar.
Niñas y niños,
que no pueden ir a la escuela,
que no pueden tomar agua potable,
que no tienen un médico
que les cuide,
que no tiene un gobierno
que los proteja…
todo esto pasa,
mientras la histeria
toca nuestra puerta.
“Si
yo tengo todo,
me da
igual los que pase a los otros”,
es doloroso decirlo,
pero eso ha escrito la histeria
en las paredes de nuestros corazones,
y nos lo ha hecho leer
y aprender de memoria,
tanto así que actuamos
como esa frase diabólica.
Ojalá encuentren pronto,
la vacuna del virus,
y que nosotros también elaboremos
con alquimia espiritual
el remedio para nuestro mal,
y no perder el liderazgo moral,
ni el respeto por la dignidad humana.
Si la histeria contagia y mata
la moral y las buenas costumbres,
difícil tarea tiene la ciencia
y la conciencia,
para fabricar una vacuna,
que nos recupere de ese mal.
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