lunes, 25 de enero de 2016

Este sentimiento

Inundada la boca
de palabras sin parir,
llenos los labios
de besos a punto de morir,
con el corazón que explota,
con la vida que aloca,
con la mente absorta,
con estas ganas absurdas de vivir.

Con este sentimiento,
con este incomprensible momento,
cuando no tengo con quien hablar,
cuando no tengo con quien desfogar,
cuando este muro es el que soporta mis letras
escribo la canción de la inconsciencia,
la melodía de la tristeza,
la clave de sol de la felicidad,
la oda a la tranquilidad.

Porque es así la vida,
la mezcla del todo,
las cosas absurdas,
la vida lógica,
la cara al viento,
el corazón que es un sentimiento.

Tantas y tantas cosas a la vez.

jueves, 21 de enero de 2016

Un futuro incierto

Me preocupa el futuro, es donde voy a pasar el resto de mi vida.
Woody Allen

De aquel abrazo de fin de año,
de aquellos buenos deseos,
de aquel ambiente de alegría,
queda muy poco,
cuando escuchas a los líderes de la política,
cuando miras los números,
las estadísticas y la economía,
y todos marcan una dirección:
la imposibilidad de ponerse de acuerdo,
la imposibilidad de trabajar juntos,
la imposibilidad de prepararnos
para enfrentar la crisis que llega.

Me apena que se hayan sembrado vientos,
y que ahora cosechemos tempestades.
Me apena que se haya creado un imaginario de líder,
ajeno a toda realidad,
ajeno a toda normalidad.

Me apena que haya triunfado
el “divide y vencerás”,
porque dedicamos el tiempo
a construir altares
para los dioses de barro,
porque construimos historias
que destruyen nuestras vidas,
porque encasillamos todo
en bueno o malo,
porque para unos el pasado es brillo
y para otros es malvado,
porque para unos el presente es farsa
y para otros esperanza,
porque somos sociedades divididas
por fundamentalismos extraños,
que nos hacen creer historias de revolucionarios
que miran el horizonte
que sonríen al pobre,
que trabajan por ti,
con el mismo esfuerzo que tu
trabajas por tus hijos,
mientras los bolsillos de los más ricos,
se llenan de más dinero,
mientras los bolsillos de los más pobres
se cierran a cualquier ingreso.

Hay un futuro incierto,
porque cuando hubo época de bonanza,
no guardamos dinero
para tiempos complejos.
Porque cuando pudimos,
no legislamos para que todos
tengan oportunidades de generar empresa
de generar empleo.
Nos dedicamos a hacer leyes y leyes,
a reglamentarlo todo,
a asumir una sola verdad de las cosas,
a dejar de pensar,
a que solamente piense uno,
a que solamente haya un horizonte,
a que solamente haya una palabra,
a que callen las voces que piensan diferente,
a que no haya división de poderes,
a que no podamos dialogar,
a que no nos podamos escuchar.

Nos dedicamos a defender por defender,
una sola verdad de las cosas,
y nos hemos convertido en una sociedad
que defiende una posición,
un color, una idea, una canción,
una parte de la historia.

Por eso hay un futuro incierto,
porque ahora que las cosas se ponen feas,
ahora que hay una crisis externa e interna,
cuando más unidos debemos estar,
cuando más prudentes debemos ser,
cuando más ahorrativos debemos procurar ser,
cuando más humildes deberíamos ser,
hacemos todo lo contrario.

Hay un futuro incierto,
cuando hablar de futuro,
es hablar de miedo,
del regreso de los fantasmas,
del discurso del destierro,
del borra y va de nuevo,
del despertar de los políticos muertos,
del “ya te llevaste todo,
ahora me toca a mí el deshecho ”.

No habría un futuro incierto,
si a pesar de la crisis,
a pesar de las diferencias,
a pesar de las diversas formas de ver la vida,
estuviésemos juntos,
pensáramos juntos por el país,
por la patria, por la sociedad, por la vida.
Por los que generan trabajo, por los que trabajan,
por los que buscarán trabajo,
por los que han trabajado
y buscan el descanso.
Por todos,
de verdad por todos.

Estoy cansado
de las peleas superfluas
de ideologías baratas.
Si no trabajamos todos, por todos,
de nada servirán los gobiernos,
porque mientras estemos peleando,
se llevarán el dinero,
el futuro y la esperanza…
 que aún no ha muerto,

ni se la han robado.

jueves, 14 de enero de 2016

Sobre la (in) seguridad social

La verdadera solidaridad solo es posible entre los solidarios
José Bergamin

Recibo una llamada inesperada,
un querido amigo me cuenta
lo que le ha pasado a su hermana:
un problema de salud grave,
su cerebro está en peligro
y con ello el equilibrio de la vida,
la paz y la tranquilidad familiar.
Me pregunta por médicos que pueden ayudar.
En toda esa locura,
llevan a su hermana
a los servicios de la seguridad social,
los reciben con la noticia
de que en ese hospital
esos casos “no se tratan”,
que deben ir a otra ciudad
donde es posible que reciban ayuda
de la seguridad social.

Se organizan y trasladan a la enferma,
a otra ciudad, a otro hospital de la seguridad social
con la esperanza de recibir atención,
con la esperanza de que todo vuelva a la normalidad,
con la confianza de que si cotizamos a la seguridad social,
recibiremos de ella y de sus empleados
el trato que se debe a todo ser humano.

En este segundo hospital les dicen
que no entienden el por qué la llevan allí
si bien se sabe que tampoco pueden brindar
el tipo de atención que la enferma requiere,
que no pueden hacer nada,
que solamente en la capital
y a través de servicios privados de salud
se pueden tratar esos casos,
que la deben trasladar
pero que por el momento el traslado
tarda aproximadamente una semana.

¡Una semana!,
tiempo valioso que podría perderse,
en un momento tan delicado de la vida.
¿Cómo es posible tanta indolencia?
¿cómo se llama a este trato: seguridad social?.

Desesperados sus familiares,
deciden retirar a su hermana de aquel hospital
y asumir el riesgo y el costo de llevarla
a que sea atendida por una clínica privada
que cobra por sus servicios mucho dinero,
que deberá cubrirse con deudas,
con la venta de algún bien,
que por suerte se tenía.
¿Y los que no pueden hacer eso,
y pagan regularmente sus aportes al Seguro Social?
¿Y los que esperan meses y años
para recibir una atención médica,
no digna, ni humana, sino médica?
Seguramente no es culpa de los médicos
ni del personal de atención de la seguridad social,
porque cumplen órdenes,
y dan lo que pueden dar,
con los medios y limitaciones que tienen.

Entonces me pregunto dónde están
aquellos principios básicos de la seguridad social:
universalidad, solidaridad,
unidad, integridad de beneficios,
mejoras en los beneficios,
eficacia de los servicios,
participación social,
preferencia de recursos,
y autogestión y autofinanciamiento.

La seguridad social
no tiene un patrón,
es un modelo solidario y humano
de apoyo y asistencia a sus asociados.

La seguridad social
no le pertenece
ni al mandatario de turno,
ni a sus subalternos,
no puede ser caja chica del gasto público,
botín político
o plataforma para financiar
aventuras de supuestos líderes sociales o politiqueros.

Duele el corazón,
y duele el alma,
cuando conocemos esto que pasa,
pero más duele
el sabernos apáticos y callados
antes estas injusticias y situaciones inhumanas.
Que no actuemos solamente
cuando el dolor nos afecte directamente,
que la solidaridad sea un valor de los afiliados
y que quienes administran, temporalmente,
la seguridad social que nos pertenece,
lo hagan desde la práctica y la vivencia de los derechos humanos,
cualquier otra cosa,
es solamente un sainete del poder en el poder,
de la política de turno,
de los discursos pomposos y vacíos,
de las promesas lanzadas al viento,

de esa política rancia que apesta.

jueves, 7 de enero de 2016

Silencios impuestos ... silencios dispuestos

Que se levanten todas las banderas
cuando el cantor se plante con su grito
que mil guitarras desangren en la noche
una inmortal canción al infinito.
Si se calla el cantor
calla la vida.
Horacio Guarany

Dice el refrán popular,
que para conocer el corazón de un hombre
debemos entregarle poder,
ahí veremos su verdadera intensión,
allí conoceremos su verdadero valor.

Porque al darle poder,
si es inteligente,
sabrá alejarse de las voces melosas
que buscan convencerlo de supuestas verdades,
que el dicen al oído quienes son los buenos,
que le piden castigue
a todos aquellos a los que llaman malos.

El poder sin valores,
sin buenas costumbres,
tiende a corromper.
El poder absoluto,
corrompe absolutamente todo.
No es un asunto de coimas,
es algo más grave,
es engañar a la gente,
para hacerle creer
que solamente el poder en el poder
es la verdad de las cosas,
que solamente el poder en el poder
es capaz de pensar, de decir la única verdad,
de trabajar por nuestro supuesto bienestar,
de ser víctima del odio de quienes
día a día, buscar hacerse con el poder.

El poder que busca ser absoluto,
buscará imponer la ley del silencio,
dispondrá silenciar las voces disonantes,
intentará acallar las voces críticas,
las que hablan con respeto,
las que hablan con fundamento,
y también las voces irrespetuosas,
aquellas que hacen mal uso de la palabra,
pero que al final voces al fin,
que están allí y no se callarán.

Si el poder que busca ser absoluto,
cree que imponer el silencio,
o disponer silenciar las voces,
será el camino para convertirse en verdad absoluta,
quizá logre su objetivo
si los ciudadanos callamos,
si los ciudadanos nos silenciamos ante los abusos,
si los miedos nos vencen y nos ganan la batalla.

Por el contrario,
si los ciudadanos,
ejercemos de manera responsable,
el derecho de hablar,
de decir, de comentar, de analizar,
de criticar, de pedir cuentas,
de opinar, de dar soluciones o propuestas,
el poder en su búsqueda del absoluto,
por más silencios que imponga,
por más silencios que disponga,
no podrá callar,
no podrá impedir que pensemos,
que analicemos,
que meditemos,
que reflexionemos,
que nos creamos cualquier cuento,
cualquier noticia que busque disfrazar una realidad.

Ante los silencios impuestos,
ante los silencios dispuestos,
solamente queda la defensa irrestricta
de la libertad del pensamiento
de la libertad absoluta de conciencia,
de la educación que libera,
de la ciudadanía responsable y comprometida
que sueña y trabaja por una patria incluyente,
una patria de todos,
una patria para todos,

y un futuro para los que amamos.