Para que haya paz en el mundo,
debe haber paz en las naciones.
Para quien haya paz en las naciones,
debe haber paz en las ciudades.
Para que haya paz en las ciudades,
debe haber paz entre vecinos.
Para que haya paz entre vecinos,
debe haber paz en el hogar.
Para que haya paz en el hogar,
debe haber paz en el corazón.
(Oración por la paz de Lao-Tse)
Vivimos un frenético presente,
marcado de individualismos,
desentendimientos, distracciones,
violencias, ausencias y contradicciones.
También es un presente,
donde lo bueno también existe,
menos visible, menos perceptible,
pero bueno y necesario siempre.
Pequeñas acciones,
de pequeñas personas u organizaciones,
haciendo la diferencia, frente a la violencia,
construyendo y tejiendo redes
de solidaridad, dignidad y ayuda.
Trabajar por la paz
requiere trabajar en diversos niveles,
contextos, proporciones y sentidos.
El mundo necesita líderes
comprometidos con la paz:
con la justicia, equidad, armonía y diálogo social.
Las naciones necesitan de liderazgos
y de organizaciones comprometidas con la paz:
con la solidaridad, tolerancia, responsabilidad.
Las ciudades necesitan de agendas
comprometidas con la paz:
con sentido de vecindad, seguridad, cuidado, compromiso.
Los vecinos deben comprometerse
también con la paz:
con respeto, compromiso, acción.
Los hogares,
deben proponerse trabajar por la paz:
con armonía, valores, disciplina, amor, propósito.
Y las personas,
debemos comprometernos con esa paz,
que decimos el mundo, las naciones,
las ciudades, los vecinos, los hogares
y nosotros necesitamos:
auto conocimiento, auto estima, respeto,
disciplina, hábitos, cuidado, dignidad.
Trabajar por la paz,
es trabajar en nuestro propio ser,
es dar el primer paso,
es comprometerse y no desanimarse.
Es buscar ayuda, construir cadenas humanas,
que nos permitan hacer frente y cambiar,
una realidad actual que parece todo,
menos un espacio para la humanidad.
Aunque nos parezca absurdo,
nuestras acciones personales,
pueden cambiar al mundo.
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