Lo que las leyes no prohíben,
puede prohibirlo la honestidad
Lucio Anneo Séneca
El lenguaje es
un puente o un abismo,
una invitación al diálogo,
o una invitación a la confrontación.
El lenguaje,
puede ayudarnos a comprender,
o manipular nuestros miedos,
y convertir una mentira
en una verdad y un dogma.
Y por eso, el lenguaje,
tiene usos en todos los sentidos:
buenos o malos.
Tal parece que,
el uso mal intencionado del lenguaje,
gana espacio y tiempo,
cosecha adeptos
y cultiva fanáticos,
que han visto en el lenguaje,
la oportunidad siniestra
para sembrar miedo,
generar violencia
y manipular el actuar,
el pensar y el sentir,
de seres humanos
que confiaron
en el mensaje que les llega,
a través del lenguaje.
Construir cultura de paz,
es rescatar,
la dignidad de la verdad,
el poder decir,
las cosas por su nombre.
Es generar contrapesos,
a un lenguaje que está cambiando,
el verdadero sentido de las situaciones.
Construir cultura de paz,
es usar el lenguaje
para identificar los antivalores
de la violencia,
para dejar de hacerlos parecer
una guía de vida
entregada a la corrupción,
al quemeimportismo y a la resignación.
Construir cultura de paz,
es usar el lenguaje para
dignificar la verdad,
como un derecho,
como un compromiso,
como una sanación,
como una transformación,
como una reparación.
Una forma de volver a decir,
las cosas por su nombre,
y dignificar el acto de hablar
con transparencia, respeto,
fuerza y dignidad.
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