viernes, 6 de febrero de 2026

Dos más dos…

 

 Lo que las leyes no prohíben,

puede prohibirlo la honestidad 

Lucio Anneo Séneca


El lenguaje es

un puente o un abismo,

una invitación al diálogo,

o una invitación a la confrontación.

El lenguaje,

puede ayudarnos a comprender,

o manipular nuestros miedos,

y convertir una mentira

en una verdad y un dogma. 

Y por eso, el lenguaje,

tiene usos en todos los sentidos:

buenos o malos.

Tal parece que,

el uso mal intencionado del lenguaje,

gana espacio y tiempo,

cosecha adeptos

y cultiva fanáticos,

que han visto en el lenguaje,

la oportunidad siniestra

para sembrar miedo,

generar violencia 

y manipular el actuar,

el pensar y el sentir,

de seres humanos

que confiaron 

en el mensaje que les llega,

a través del lenguaje.


Construir cultura de paz,

es rescatar,

la dignidad de la verdad,

el poder decir,

las cosas por su nombre.

Es generar contrapesos,

a un lenguaje que está cambiando,

el verdadero sentido de las situaciones.


Construir cultura de paz,

es usar el lenguaje

para identificar los antivalores

de la violencia,

para dejar de hacerlos parecer 

una guía de vida 

entregada a la corrupción,

al quemeimportismo y a la resignación.


Construir cultura de paz,

es usar el lenguaje para 

dignificar la verdad,

como un derecho,

como un compromiso,

como una sanación,

como una transformación,

como una reparación.

Una forma de volver a decir,

las cosas por su nombre,

y dignificar el acto de hablar

con transparencia, respeto,

fuerza y dignidad.


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