domingo, 15 de agosto de 2010

Semana de la independencia


La felicidad general de un pueblo descansa
en la independencia individual de sus habitantes
(José Martí)


Semana de la independencia,
que olvida su propia naturaleza,
sus orígenes, sus motivos,
sus raíces y sus sentidos.

Semana de la independencia,
donde el poder en turno,
marca la pauta y marca la agenda,
pareciera que fueran los únicos en el mundo,
que la independencia puedan celebrar,
como si la independencia fuese de ellos.

Semana de la independencia,
que recuerda poco,
el origen y motivos,
que permitieron que aparezca.

Una clase dominante,
que se enriquecía día a día,
una burocracia lenta y enferma,
unos servicios públicos ineficientes,
un poder político preso de ideas de afuera,
un poder legislativo que legisla a dedo,
un poder judicial sin fuerza general
y el dinero de todos,
repartido entre pocos.

Con la inspiración
de la revolución francesa,
la revolución en Latinoamérica,
poco a poco toma fuerza,
en la mente de los idealistas
que buscaban la libertad y la igualdad,
y también, por desgracia,
en la mente de los oportunistas,
que buscaban en la revolución
el mejor pretexto para gobernar,
para hacerse con el poder
y poco a poco cometer
los mismo o peores abusos,
que aquellos a los que la revolución venció.

La independencia llega,
y con ella los viejos vicios del poder,
mandatarios que se entregan,
políticos que se perpetúan,
clases poderosas, clases sin poder,
ciudadanos de primera, ciudadanos de a pie.
Pero no todo es negativo,
se consolidan los derechos colectivos,
y las libertades del ser:
la de expresión, la de educación,
la de elección, la de pensamiento,
la de palabra, la de obra,
en fin, las libertades del ser.

Quizá el reto mas grande,
de quienes hacen opulencia
de su propia independencia,
sea el ser responsables
con esos derechos y esos deberes
que la independencia legó.

Es bueno, recordar con pompa,
con música y con gloria,
a quienes buscaron la independencia,
pero es mejor recordarlos,
recordando la razón de sus obras,
las injusticias que los atormentaron,
los ideales que los inspiraron.

Es bueno recordar y celebrar,
pero es mejor,
aprender del pasado,
de los errores de un modelo de Estado,
que mantienen diferencias,
que reproducen concupiscencias,
que pregonan libertades muertas,
que endiosas y ensalzan a falsos profetas,
que al final de cuentas,
nada han cambiado y nada cambiarán,
porque viven del Estado.

Es bueno recordar y celebrar,
pero es mejor poner el hombro y el esfuerzo,
para que los ideales de la independencia,
no solo se pregonen, sino y sobre todo,
se estudien, se practiquen y se aprendan.

Que la libertad no sea una quimera,
no sea un ave pasajera que se posa de rato en rato,
en las débiles ramas de nuestra democracia.

Que la igualdad no sea un cliché,
una frase bonita de campaña,
un “regalo” del poder,
sino un derecho para ejercer
con responsabilidad y humanidad.

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