Que la soledad,
no sea desamparo.
Que la soledad,
no sea desapego.
Que la soledad sea,
un encuentro personal,
donde nos perdemos el miedo,
donde no tenemos final.
Que la soledad,
no sea desamparo.
Que la soledad,
no sea desapego.
Que la soledad sea,
un encuentro personal,
donde nos perdemos el miedo,
donde no tenemos final.
El perdón dice que tienes otra oportunidad de comenzar de nuevo
Desmond Tutu
Lo nuevo empieza,
cuando entiendes
lo necesario y fundamental
que es aprender a mirar
aquello que ha sido,
hasta ahora,
imperceptible a tus ojos.
Lo nuevo empieza,
cuando empiezas por ti,
cada día por ti,
y te regalas tiempo,
perdón, amor, oportunidad,
esfuerzo, hábito y constancia.
Lo nuevo, está en ti.
La vida cambia,
de forma constante.
Tu lectura de la vida,
necesita siempre
un ajuste tan constante,
como la vida misma.
Resistencia,
para no sucumbir ante la adversidad.
Renovación,
para cargar lo necesario,
lo que nos hace bien.
Esperanza,
para no bajar los brazos,
ni en el peor de los momentos.
El regalo de la felicidad
pertenece a quien lo desenvuelve
Anónimo
¿Pediste,
deseaste, quisiste
algún regalo?
¿Llegó en la forma,
en el tono, en el tamaño soñado?
¿Es algo material
o algo espiritual?
¿Es una sorpresa,
un deseo, un compromiso,
una obligación?
Los regalos llegan,
o no.
Cuando llegan,
pueden cumplir,
o no,
lo que de ellos esperábamos.
Pueden hacernos felices,
o hacernos desear otros,
más regalos.
Los regalos,
cuando no llegan,
se transforman
en frustraste sensación,
de vacío y decepción.
Hay algunos regalos,
unos, por decirlo de alguna manera,
ocultos, discretos,
y a la vez
tan profundos y completos,
que pueden llenar la vida,
de tal forma y sentido,
que descubrirás
lo sencillamente complejo
que es su contenido.
Son regalos,
que suelen llegar,
en un formato de rompecabezas,
pues sus piezas y componentes,
deben ser descubiertos
para que puedan encajar
en cada persona,
en cada corazón.
Son regalos
que te hacen,
o te haces,
que no tienen precio,
pues son
de valor incalculable.
Son regalos
con nombres raros
(para ser llamados regalos):
escucha, amor, paciencia,
comprensión, dignidad, paz,
tolerancia, hábito, buena fe,
disciplina, esfuerzo, prudencia,
respeto, amor propio, tiempo,
pudor, inocencia, perseverancia,
perdón, olvido, reconciliación.
Hay muchos más,
Lo que pasa,
es que suelen pasar
un tanto desapercibidos,
porque están envueltos,
en una suerte de envoltura compleja,
llamada vida.
El reto:
aprender a identificarlos,
desenvolverlos y disfrutarlos.
Honraré la Navidad en mi corazón y
procuraré conservarla durante todo el año
Charles Dickens
Nacemos,
una y otra vez,
a los sueños,
a las realidades,
a los anhelos,
a las verdades.
Y nacemos,
con la esperanza,
de la bienaventuranza.
Que esa esperanza,
a pesar de los pesares,
nos acompañe siempre
y también en las navidades.
Quizá la mayor riqueza sea,
disfrutar íntimamente
de lo que te rodeas,
de quien te rodeas
y de lo que tienes,
más allá de las cantidades
y también...
de las (in) comodidades.
El mensaje y el mensajero,
siempre han estado.
Son los ojos y los oídos,
los que deben aprender a verlo
y a escucharlo.
Hoy no te regalo nada.
Hoy te comparto
un eterno espacio en mi corazón,
pues ya moras en él.
Que esta vida te permita el don
de realizarte y realizar,
de entregar y entregarte.
Y, sobre todo, que no dejes
de intentar buscar,
eso que llamamos felicidad.
La mayoría de las veces llegamos a los libros con la mente confusa y dividida, exigiendo a la ficción que sea verdad, a la poesía que sea falsa, a la biografía que sea aduladora, a la historia que refuerce nuestros propios prejuicios. Si pudiéramos desterrar todas esas ideas preconcebidas cuando leemos, sería un comienzo admirable
Virginia Woolf
Están allí,
en los estantes,
en las bibliotecas,
en las librerías,
esperando, como espera,
aquella persona,
para ser invitada a bailar,
mientras la música suena.
En el caso de los libros,
ellos esperan,
aquellas manos que los toman,
los abren y permiten ver
dentro de sus hojas,
lo que los ojos traducen,
lo que los dedos palpan:
palabras, ideas, historias,
protestas, cuentos,
comedias, tristezas,
alegrías, teorías, alegorías,
amenazas… esperanzas,
y tantas, y tantas cosas más.
Los libros encierran,
un mundo propio,
un propio sentido.
Desde que aparecieron
y se convirtieron
en la posibilidad
de poder ampliar
el conocimiento
y el desarrollo de los sentidos,
los libros han pasado
por diversos momentos,
en la historia de la humanidad.
Han sido prohibidos,
censurados, incautados,
quemados, olvidados,
despreciados, amados,
imitados y han llegado
a ser considerados
una especie de deidad.
Fuente y base de religiones,
filosofías, culturas, historias,
legados y testimonios,
sus páginas ofrecen lecturas,
que nos transportan
en el tiempo, en el espacio
en un viaje interior,
cuyo entorno
lo diseña y construye
nuestro propio ser.
Allí están,
y seguirán estando,
esperando, esperándonos,
a ser escritos, a ser editados,
a ser leídos,
a no ser olvidados.
Porque la lectura,
nos seguirá cuidando,
evitando,
el mal de la ignorancia,
el fanatismo y la mediocridad,
en la medida en que
hacer hábito de ella
nos permita formar
una propia manera de pensar,
junto a una adecuada forma de criticar,
cuestionar e interpelar,
el mundo de las ideas,
que los libros guardan,
y que traerán.
No olvidemos,
leer, leer
para comprender (y comprendernos).
Si te escribo,
es porque al escribirte,
te descubro, siento y describo.
Si te escribo,
que sepas que no es
solamente con letras.
Que podamos cultivar,
entender y ejercer,
el derecho a deliberar,
a equivocarnos,
y no ser considerados
elementos de un algoritmo.
El camino enciente
y apaga luces,
habilita o interrumpe vías.
En el camino,
hay sol y lluvia,
viento y calor,
piedras, obstáculos,
y espacios de descanso.
Y, a pesar de ello,
seguirá siendo el camino,
por donde irás más de una vez.
Sigo vivo, sigo atento
y observando con el tiempo
esta extraña enfermedad inclasificada
que te afecta muy deprisa,
que te quita la sonrisa,
Cuyo síntoma es que ya
no importa nada
Fito Páez
No siempre,
las celebraciones,
las fechas especiales,
esta vorágine
por compartir la mesa,
intercambiar regalos
y desear felicidad
por todos lados,
es algo que toque las puertas
de todos juntos, a la vez.
En medio de tantas caras,
incluso en medio
de tantas sonrisas,
y de conversaciones triviales,
se encuentran aquellos
cuyo grado de melancolía
supera los límites
de lo que podríamos llamar
salud mental.
Aquellos,
en cuyo corazón
habita un desesperanzado vacío.
Aquellos,
que decidieron eliminar
de su vocabulario
la palabra futuro.
Aquellos,
que conviven
con un cansancio creciente
y un insomnio presente.
Aquellos,
que perdieron la fuerza,
para ser lo que fueron
y lo que soñaron ser.
Aquellos que sienten,
que ya pasó el tren,
y que se quedaron varados
en una estación
a la espera de la nada,
acompañados de la tristeza
y de una eterna indecisión.
Aquellos que viven
la dolorosa realidad de la depresión.
Aquellos que traspasaron
los límites de la melancolía.
Y, no todos aquellos,
saben lo que en realidad les pasa,
ni ellos, ni los que los acompañan.
Por ello,
quizá debamos estar atentos,
a estos hechos,
pues podrían estar
más cerca de lo que creemos.
Si vives,
más allá de la melancolía,
o sabes de alguien
que habite allí,
busca ayuda,
ofrece ayuda,
pues todos la necesitamos.